Camillo Gannelli - Orizzonti notturni





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Camillo Gannelli, Orizzonti notturni, es un díptico original en técnica mixta con acrílico, dos cuadros de 30×60×5 cm cada uno (60×60 cm en total), en negro, gris, violeta, rosa y multicolor, realizado en 2025, en buenas condiciones, firmado y vendido directamente por el artista.
Descripción del vendedor
Un díptico nocturno.
Un límite.
No es un paisaje para contemplar, es un paisaje para atravesar.
La materia como lenguaje
La obra juega toda sobre la tangibilidad. No es pintura que quiere ser fotográfica, es pintura que quiere ser geológica.
En la parte alta, un negro denso, casi bituminoso, trabajado con espátula, tiznado, que absorbe toda luz. Es una noche sin estrellas, una noche material que pesa.
Luego, de pronto, la cesura: una línea delgada, vertical, filamentosa. Una selva de abedules reducida a puro signo, a rasguño blanco‑plateado sobre fondo oscuro. No son árboles, son huellas, nervaduras, lluvia helada que cae al revés, de abajo hacia arriba.
Abajo, el terreno. Dos registros cromáticos que el díptico hace aún más poderoso en su duplicación: una banda de magenta violáceo, antinatural, casi tóxico, como un crepúsculo alquímico, que se apaga en un gris agrietado, craquelado, árido. Es tierra, es ceniza, es sal.
El díptico como dispositivo
La elección del díptico no es decorativa, es conceptual. La hendidura negra entre los dos cuadros es parte de la obra.
Interrumpe la selva, rompe su continuidad y obliga a la mirada a coser de nuevo. Crea un ritmo, una respiración. Uno y dos, idénticos y nunca iguales. Como dos fotogramas de un mismo sueño, o dos placas de una radiografía del invierno. El formato vertical alargado acentúa la sensación de umbral: son dos puertas estrechas hacia el infinito.
Hay una referencia cultivada, inevitable, a la tradición del informal italiano y al nordico —de Burri para la materia quemada, a Friedrich para lo sublime de la noche— pero depurada de toda retórica. Aquí todo se reduce a lo esencial.
En definitiva, es una obra de gran elegancia oscura. No decora una pared, la talla. No es un paisaje para mirar mientras se pasa, es un lugar para quedarse inmóvil, por unos segundos, al frío.
Cada cuadro acrílico sobre tabla mide 30x60x5 cm
Un díptico nocturno.
Un límite.
No es un paisaje para contemplar, es un paisaje para atravesar.
La materia como lenguaje
La obra juega toda sobre la tangibilidad. No es pintura que quiere ser fotográfica, es pintura que quiere ser geológica.
En la parte alta, un negro denso, casi bituminoso, trabajado con espátula, tiznado, que absorbe toda luz. Es una noche sin estrellas, una noche material que pesa.
Luego, de pronto, la cesura: una línea delgada, vertical, filamentosa. Una selva de abedules reducida a puro signo, a rasguño blanco‑plateado sobre fondo oscuro. No son árboles, son huellas, nervaduras, lluvia helada que cae al revés, de abajo hacia arriba.
Abajo, el terreno. Dos registros cromáticos que el díptico hace aún más poderoso en su duplicación: una banda de magenta violáceo, antinatural, casi tóxico, como un crepúsculo alquímico, que se apaga en un gris agrietado, craquelado, árido. Es tierra, es ceniza, es sal.
El díptico como dispositivo
La elección del díptico no es decorativa, es conceptual. La hendidura negra entre los dos cuadros es parte de la obra.
Interrumpe la selva, rompe su continuidad y obliga a la mirada a coser de nuevo. Crea un ritmo, una respiración. Uno y dos, idénticos y nunca iguales. Como dos fotogramas de un mismo sueño, o dos placas de una radiografía del invierno. El formato vertical alargado acentúa la sensación de umbral: son dos puertas estrechas hacia el infinito.
Hay una referencia cultivada, inevitable, a la tradición del informal italiano y al nordico —de Burri para la materia quemada, a Friedrich para lo sublime de la noche— pero depurada de toda retórica. Aquí todo se reduce a lo esencial.
En definitiva, es una obra de gran elegancia oscura. No decora una pared, la talla. No es un paisaje para mirar mientras se pasa, es un lugar para quedarse inmóvil, por unos segundos, al frío.
Cada cuadro acrílico sobre tabla mide 30x60x5 cm

