Castagna Maurizio 1961 - XL - Collisione Silenziosa





1 € |
|---|
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 143038 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Maurizio Castagna 1961 - XL presenta Collisione Silenziosa, original de 2026 en técnica mixta, expresionismo abstracto, 80 × 100 cm, firmado a mano, Italia, en excelentes condiciones.
Descripción del vendedor
Colisión Silenciosa
Existe una contradicción solo aparente en el título Colisión silenciosa: la pintura explota, pero no hace ruido. Es un choque contenido, una deflagración que parece consumirse en un espacio interior, dejando en la tela sus propias huellas, sus propias heridas, sus propios residuos. Maurizio Castagna construye aquí una superficie en la que el gesto nunca es simple impulso, sino memoria del gesto; cada signo parece provenir de algo que ocurrió antes y que sigue, obstinadamente, aflorando.
El fondo, dominado por tonalidades acuáticas de verde, turquesa, azul polvoriento, gris y blanco, no constituye un escenario pasivo. Es materia viva, corrosiva, atravesada, borrada y nuevamente reescrita. Sobre esta atmósfera fría irrumpen el negro y el rojo: dos presencias de naturaleza profundamente distinta. El negro construye, tallando, separa; el rojo hiere, acelera, enciende.
Es precisamente en la relación entre estos tres universos cromáticos donde la pintura encuentra uno de sus mayores puntos fuertes. A la quietud casi mineral de los verdes y azules se contrapone la temperatura emocional del rojo, mientras el negro atraviesa la composición con la función de una estructura portante, una suerte de esqueleto visible de la pintura.
Las grandes diagonales impiden a la mirada hallar una posición definitiva. La conducen, la interrumpen, la obligan a cambiar de dirección. Diagramas, goteos, rasguños, superposiciones, huellas y concentraciones materiales imprevistas generan diferentes velocidades de lectura. Lejos, Colisión Silenciosa posee la inmediatez de un evento; de cerca revela, en cambio, una sorprendente geografía de pequeños acontecimientos.
Entre ellos emergen enigmáticas formas circulares, atravesadas por filamentos y haces negros. No sabemos si son células observadas al microscopio, astros, epicentros, organismos primordiales o simplemente la memoria de un signo. Y es precisamente esa indeterminación la que las hace fascinantes. Castagna no entrega al espectador un símbolo por descifrar, sino una presencia sobre la que preguntarse.
La técnica mixta se convierte así en parte misma del significado de la obra. Capas diferentes conviven sin buscar una pulcritud definitiva: pintura, materia, gesto gráfico, goteos y abrasiones conservan la memoria de su ejecución. La superficie no oculta su proceso; lo expone.
Y aquí interviene un elemento particularmente significativo: Colisión silenciosa nace de la transformación de un lienzo previamente pintado. El artista no borra completamente lo que existía, sino que lo absorbe en la nueva composición. La pintura anterior sobrevive bajo la actual como una memoria enterrada. El cuadro se convierte, pues, literalmente, en una colisión entre dos tiempos: lo que era y lo que es.
¿Quizás esta sea la llave más profunda de la obra? No todo lo que queda cubierto desaparece.
Castagna parece comprenderlo a la perfección. Pinta sobre la memoria sin destruirla, dejando que fragmentos, signos y estratificaciones previas participen en la gestación de una nueva identidad. Por eso el título adquiere una fuerza casi inevitable: la colisión no involucra solo formas y colores, sino pasado y presente, orden e impulso, construcción y disolución.
No estamos ante una abstracción decorativa. El cuadro posee inquietud. Y su belleza nace precisamente del hecho de que Castagna no busca apaciguarla. Donde una pintura más comedida habría buscado armonía, él conserva el roce; donde sería posible limpiar, deja la huella; donde el gesto podría volverse elegante, introduce deliberadamente una fractura. La belleza, aquí, no coincide con el orden: nace de la resistencia del caos a convertirse en orden.
Colisión silenciosa se inscribe de manera coherente en la búsqueda de Maurizio Castagna, artista con más de cincuenta y cinco años de actividad, formado en la Accademia Albertina di Belle Arti de Turín. Partiendo de una sólida experiencia figurativa y clásica, Castagna ha ido desplazando progresivamente su investigación hacia un lenguaje más libre, material y gestual, en el que color, signo y estratificación se convierten en herramientas de indagación de la dimensión emocional. A lo largo de su extensa trayectoria ha abordado también obras de gran formato y encargos de carácter monumental, entre ellas La Lapidación de Santo Esteban, de aproximadamente 3,50 × 2,20 metros.
Su recorrido ha contado con presencias editoriales y documentarias ligadas, entre otros, a Bolaffi y Giorgio Mondadori, mientras que la producción más reciente atestigua una liberación adicional de la materia y del gesto. Pigmentos, acrílicos, esmaltes, resinas y procedimientos heredados de la larga experiencia técnica del artista concurren a la construcción de superficies que no quieren simplemente ser observadas, sino recorridas.
En Colisión silenciosa esta búsqueda alcanza una síntesis particularmente eficaz: energía y memoria, materia y grafismo, accidente y control conviven sin anularse recíprocamente.
Y quizá esto es lo que permanece tras mirarla: no la imagen de algo, sino la sensación de que algo acaba de ocurrir sobre la tela.
El ruido ha terminado.
La colisión permanece.
Colisión Silenciosa
Existe una contradicción solo aparente en el título Colisión silenciosa: la pintura explota, pero no hace ruido. Es un choque contenido, una deflagración que parece consumirse en un espacio interior, dejando en la tela sus propias huellas, sus propias heridas, sus propios residuos. Maurizio Castagna construye aquí una superficie en la que el gesto nunca es simple impulso, sino memoria del gesto; cada signo parece provenir de algo que ocurrió antes y que sigue, obstinadamente, aflorando.
El fondo, dominado por tonalidades acuáticas de verde, turquesa, azul polvoriento, gris y blanco, no constituye un escenario pasivo. Es materia viva, corrosiva, atravesada, borrada y nuevamente reescrita. Sobre esta atmósfera fría irrumpen el negro y el rojo: dos presencias de naturaleza profundamente distinta. El negro construye, tallando, separa; el rojo hiere, acelera, enciende.
Es precisamente en la relación entre estos tres universos cromáticos donde la pintura encuentra uno de sus mayores puntos fuertes. A la quietud casi mineral de los verdes y azules se contrapone la temperatura emocional del rojo, mientras el negro atraviesa la composición con la función de una estructura portante, una suerte de esqueleto visible de la pintura.
Las grandes diagonales impiden a la mirada hallar una posición definitiva. La conducen, la interrumpen, la obligan a cambiar de dirección. Diagramas, goteos, rasguños, superposiciones, huellas y concentraciones materiales imprevistas generan diferentes velocidades de lectura. Lejos, Colisión Silenciosa posee la inmediatez de un evento; de cerca revela, en cambio, una sorprendente geografía de pequeños acontecimientos.
Entre ellos emergen enigmáticas formas circulares, atravesadas por filamentos y haces negros. No sabemos si son células observadas al microscopio, astros, epicentros, organismos primordiales o simplemente la memoria de un signo. Y es precisamente esa indeterminación la que las hace fascinantes. Castagna no entrega al espectador un símbolo por descifrar, sino una presencia sobre la que preguntarse.
La técnica mixta se convierte así en parte misma del significado de la obra. Capas diferentes conviven sin buscar una pulcritud definitiva: pintura, materia, gesto gráfico, goteos y abrasiones conservan la memoria de su ejecución. La superficie no oculta su proceso; lo expone.
Y aquí interviene un elemento particularmente significativo: Colisión silenciosa nace de la transformación de un lienzo previamente pintado. El artista no borra completamente lo que existía, sino que lo absorbe en la nueva composición. La pintura anterior sobrevive bajo la actual como una memoria enterrada. El cuadro se convierte, pues, literalmente, en una colisión entre dos tiempos: lo que era y lo que es.
¿Quizás esta sea la llave más profunda de la obra? No todo lo que queda cubierto desaparece.
Castagna parece comprenderlo a la perfección. Pinta sobre la memoria sin destruirla, dejando que fragmentos, signos y estratificaciones previas participen en la gestación de una nueva identidad. Por eso el título adquiere una fuerza casi inevitable: la colisión no involucra solo formas y colores, sino pasado y presente, orden e impulso, construcción y disolución.
No estamos ante una abstracción decorativa. El cuadro posee inquietud. Y su belleza nace precisamente del hecho de que Castagna no busca apaciguarla. Donde una pintura más comedida habría buscado armonía, él conserva el roce; donde sería posible limpiar, deja la huella; donde el gesto podría volverse elegante, introduce deliberadamente una fractura. La belleza, aquí, no coincide con el orden: nace de la resistencia del caos a convertirse en orden.
Colisión silenciosa se inscribe de manera coherente en la búsqueda de Maurizio Castagna, artista con más de cincuenta y cinco años de actividad, formado en la Accademia Albertina di Belle Arti de Turín. Partiendo de una sólida experiencia figurativa y clásica, Castagna ha ido desplazando progresivamente su investigación hacia un lenguaje más libre, material y gestual, en el que color, signo y estratificación se convierten en herramientas de indagación de la dimensión emocional. A lo largo de su extensa trayectoria ha abordado también obras de gran formato y encargos de carácter monumental, entre ellas La Lapidación de Santo Esteban, de aproximadamente 3,50 × 2,20 metros.
Su recorrido ha contado con presencias editoriales y documentarias ligadas, entre otros, a Bolaffi y Giorgio Mondadori, mientras que la producción más reciente atestigua una liberación adicional de la materia y del gesto. Pigmentos, acrílicos, esmaltes, resinas y procedimientos heredados de la larga experiencia técnica del artista concurren a la construcción de superficies que no quieren simplemente ser observadas, sino recorridas.
En Colisión silenciosa esta búsqueda alcanza una síntesis particularmente eficaz: energía y memoria, materia y grafismo, accidente y control conviven sin anularse recíprocamente.
Y quizá esto es lo que permanece tras mirarla: no la imagen de algo, sino la sensación de que algo acaba de ocurrir sobre la tela.
El ruido ha terminado.
La colisión permanece.

