de Monconys - Journal des Voyages - 1666






Especialista en literatura de viajes e impresos raros anteriores a 1600, con 28 años de experiencia.
2 € | ||
|---|---|---|
1 € |
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 143139 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Journal des Voyages de Monconys, en dos volúmenes (1666) publicado por Horace Boissat y George Remeus, encuadernación media piel, francés como idioma original, 994 páginas, 1ª edición, excelente estado.
Descripción del vendedor
El Journal des voyages de Balthasar de Monconys
Un viaje a través del saber, las maravillas y la civilización del siglo XVII
Lyon, Horace Boissat y George Remeus, 1666
Existen libros que guardan una historia, y libros que guardan toda una época. El Journal des voyages de Monsieur de Monconys pertenece a esta segunda, rara categoría: una obra en la que el viaje se convierte en instrumento de conocimiento, la observación se transforma en saber y la curiosidad intelectual se hace testimonio de un mundo en profunda evolución.
Publicado en Lyon en 1665-1666, en varias partes, este volumen representa un testimonio precioso de la cultura europea del siglo XVII. Sus páginas nos ofrecen una época en la que las fronteras geográficas, científicas y culturales se volvieron cada vez más permeables, mientras hombres de estudio, diplomáticos, coleccionistas y filósofos recorrieron Europa en busca de nuevos conocimientos.
El volumen aquí presentado es la segunda parte de la obra, impresa en 1666, dedicada a los viajes a través de Inglaterra, los Países Bajos, Alemania e Italia. Su importancia no reside solamente en los lugares descritos, sino en la extraordinaria diversidad de intereses que animan la narración: arquitectura, artes figurativas, experimentos físicos, matemáticas, química, costumbres de los pueblos, rarezas naturales e encuentros con personalidades ilustres. Es un libro que invita a observar el mundo en su multiplicidad, sin separar rígidamente la cultura científica de la artística y humanística. [1][2]
El autor: Balthasar de Monconys, caballero y observador del mundo
Balthasar de Monconys (1608-1665) fue un viajero, diplomático y magistrado francés, movido por una curiosidad intelectual que lo llevó mucho más allá de las fronteras de su país. Consejero del rey y titular de cargos judiciales en Lyon, perteneció a esa categoría de hombres cultos del siglo XVII para quienes el viaje constituía una forma privilegiada de educación e investigación.
Su figura se sitúa en un momento crucial de la historia europea. El siglo XVII fue, de hecho, el siglo en el que la tradición heredada de la antigüedad y del Renacimiento se enfrentó cada vez más intensamente con la observación directa, el experimento y la búsqueda de nuevas explicaciones de los fenómenos naturales.
Monconys encarnó este espíritu a través de un enfoque ecléctico y concreto. En sus relatos no encuentran cabida solo los grandes monumentos y las obras de arte, sino también instrumentos, máquinas, curiosidades científicas, preparaciones químicas, plantas, animales y prácticas cotidianas. Su mirada se posó tanto sobre manifestaciones de la cultura como sobre aspectos materiales de la vida.
Murió en Lyon el 28 de abril de 1665, antes de poder ver publicada la colección completa de sus viajes. Su legado intelectual fue, por tanto, confiado al cuidado de su hijo, el señor de Liergues, que promovió su publicación póstuma. El Journal es así también una obra de memoria familiar: el intento de apartar del olvido la experiencia de un hombre y entregarla a las generaciones sucesivas. [1][3]
El impresor y el nacimiento del volumen
El ejemplar lleva la indicación editorial de Lyon, en Horace Boissat y George Remeus, dos nombres asociados a la producción tipográfica que dio forma pública a los relatos de Monconys.
En el siglo XVII, la imprenta constituía una de las principales herramientas de circulación de ideas en Europa. Imprimir una obra de este género significaba hacer accesibles a un público más amplio observaciones que, de lo contrario, habrían quedado confinadas a los apuntes privados de un viajero o a la memoria de unos pocos interlocutores.
La elección de acompañar el texto con numerosas etchings calcográficas revela además una concepción precisa del libro: no solo un contenedor de palabras, sino una herramienta de consulta, comparación y aprendizaje. Las imágenes de edificios, dispositivos y objetos permitían al lector visualizar lo que el texto describía, otorgando a la narración una dimensión documental de particular valor.
La publicación póstuma, curada por el hijo de Monconys, testifica también la colaboración entre autor, familia, editores y el mundo de la cultura, imprescindible para transformar una experiencia personal en patrimonio compartido.
El libro antiguo, en este sentido, no es solamente el resultado de una actividad intelectual: es también una manufactura histórica, en la que papel, caracteres tipográficos, grabados y encuadernación guardan la huella concreta de la cultura material de su tiempo.
El contenido: Europa como laboratorio de conocimiento
La segunda parte del Journal des voyages acompaña al lector a través de cuatro grandes áreas de la civilización europea: Inglaterra, Países Bajos, Alemania e Italia. El recorrido no se limita a registrar desplazamientos geográficos, sino que construye una suerte de atlas intelectual del continente.
Inglaterra ofrece la ocasión de observar monedas, prácticas, fenómenos físicos y curiosidades técnicas. Países Bajos y Alemania amplían la mirada hacia realidades comerciales, culturales y científicas diferentes. Italia, por último, aparece como un espacio de extraordinaria densidad histórica, artística y religiosa, donde la herencia clásica y renacentista continúa ejerciendo una influencia decisiva.
Uno de los aspectos más fascinantes de la obra es su capacidad de acercar temas que hoy tendemos a situar en disciplinas separadas. Un dispositivo mecánico puede aparecer junto a una obra de arte; una reflexión sobre la naturaleza puede seguir a la descripción de un edificio; una curiosidad química puede convivir con el relato de un encuentro.
Esta variedad no es casual. Refleja una concepción del saber en la que el conocimiento nace de la disposición a observar, comparar e interrogar la realidad.
Las ilustraciones que acompañan el volumen desempeñan un papel esencial en tal proyecto. Los edificios, las estructuras geométricas, las herramientas y objetos retratados no son simples adornos: constituyen una forma de documentación visual, capaz de fijar detalles y hacerlos accesibles incluso a quien no haya recorrido personalmente el viaje.
Es precisamente en esta unión de palabra e imagen donde la obra revela uno de sus mayores méritos: transformar la experiencia individual en un archivo de conocimientos potencialmente útil para estudiosos, curiosos y viajeros.
El contexto histórico: la revolución científica y el Grand Siècle
Para comprender plenamente el valor del Journal, es necesario situarlo en el gran movimiento de transformación cultural que atravesó Europa en el siglo XVII.
En 1637, René Descartes publicó el Discours de la méthode, destinado a ejercer una influencia profunda sobre el pensamiento moderno. En 1642 murió Galileo Galilei, protagonista de una revolución que había colocado la observación y la matemática en el centro de la investigación sobre la naturaleza. En 1660 nació la Royal Society de Londres, institución que contribuyó a promover la investigación experimental; en 1665 comenzaron a publicarse el Journal des sçavans, entre los primeros periódicos europeos dedicados a la difusión de los conocimientos eruditos. En 1666, año de publicación de esta segunda parte, se fundó en París l’Académie royale des sciences.
Estos acontecimientos no deben entenderse como influencias directas necesariamente documentadas sobre la obra de Monconys, sino como expresiones de un mismo clima histórico: una creciente confianza en la posibilidad de ampliar el saber a través de la experiencia, la discusión y la circulación de la información.
Junto a la ciencia, también la política contribuía a definir el rostro de Europa. La Francia de Luis XIV se encaminaba hacia la plena afirmación de la monarquía absoluta; las cortes, las academias y las redes diplomáticas eran lugares donde el prestigio político, la cultura y la investigación se encontraban. El viaje de un hombre culto podía thus asumir una función que iba más allá del conocimiento de los lugares: permitía comparar instituciones, costumbres, competencias técnicas y formas de organización social.
En este marco, Monconys aparece como un testigo particularmente significativo. Su interés por las máquinas, las experiencias físicas y las curiosidades naturales se ajusta a la sensibilidad de un siglo que estaba redefiniendo la relación entre autoridad tradicional y observación directa.
Italia, Florencia y la gran herencia artística europea
El viaje a Italia asume un significado especial dentro de la cultura europea. Durante siglos la península había sido un destino privilegiado para quien deseaba conocer el arte, la arquitectura, las antigüedades y las instituciones de la cultura clásica.
Florencia, en particular, representaba uno de los lugares símbolos de esa herencia. La ciudad de los Médici había contribuido de forma determinante al florecimiento del Renacimiento, asociando su nombre a figuras como Filippo Brunelleschi, Leon Battista Alberti, Miguel Ángel y Galileo Galilei, este último nacido en Pisa pero estrechamente ligado a la corte de los Medici y a la cultura toscana.
En el siglo XVII, Florencia siguió siendo un centro de gran relieve artístico y científico. La memoria del Renacimiento convivía con nuevas formas de coleccionismo, con la cultura de las cortes y con el interés por los instrumentos y las demostraciones científicas. La tradiciónMedicea de apoyo a las artes y a las ciencias constituye un contexto histórico significativo para entender la importancia que la cultura italiana tenía a ojos de los viajeros europeos.
No sería correcto atribuir a Monconys, sin una verificación puntual de las páginas, observaciones específicas sobre cada monumento o personaje florentino. Sin embargo, es legítimo situar su viaje en la tradición europea más amplia del Grand Tour pre-litteram: esa práctica, ya viva mucho antes de convertirse en un fenómeno codificado en el siglo XVIII, que impulsaba a los hombres cultos a buscar en Italia una fuente de conocimiento, comparación y formación.
El Journal testimonia, por tanto, una Europa en la que el patrimonio artístico no se percibía solamente como herencia del pasado, sino también como objeto de estudio y oportunidad de diálogo entre culturas distintas.
El significado de la obra: conocer a través del viaje
El valor más profundo del Journal des voyages reside en su idea de conocimiento. Viajar significa salir de las fronteras de lo familiar, enfrentarse a lo que es diferente y someter las propias convicciones a la prueba de la experiencia.
Monconys no construye un relato exclusivamente celebratorio de las ciudades visitadas. Su interés se extiende a realidades las más diversas, desde monumentos hasta prácticas cotidianas, desde obras de los pintores hasta experimentos, desde maravillas naturales hasta secretos de la técnica. Esta apertura convierte la obra en un testimonio valioso de la curiosidad enciclopédica del Siglo XVII.
Al mismo tiempo, el libro nos recuerda que el saber nunca nace en el vacío. Cada observación depende de los conocimientos, de las expectativas y de las herramientas intelectuales de su tiempo. Por ello el Journal puede leerse a dos niveles: como fuente de información sobre los lugares y objetos descritos, pero también como documento de la mentalidad de una época que buscaba nuevos caminos para interpretar el mundo.
Sus páginas conservan el encanto de una Europa observada antes de la plena afirmación de las instituciones científicas modernas, cuando la investigación se llevaba a cabo a través de una combinación de erudición, experiencia personal, intercambio epistolar y curiosidad individual.
Conclusión: un testimonio material de la memoria europea
El Journal des voyages de Monsieur de Monconys es mucho más que un relato de viaje. Es el testimonio de un momento histórico en el que Europa aprendía a mirarse a través del contraste entre pueblos, tradiciones, obras de arte y nuevos conocimientos científicos.
La figura de Balthasar de Monconys nos devuelve la imagen de un hombre para quien la curiosidad era una forma de disciplina intelectual. El trabajo editorial del hijo y la impresión lyonesa de Horace Boissat y George Remeus transformaron sus observaciones en una obra destinada a sobrevivir a su autor, atravesando los siglos y llegando hasta nosotros.
Hojear hoy estas páginas significa entrar en contacto con una civilización que buscaba ampliar sus horizontes mediante el viaje, la lectura, el experimento y la contemplación. Las ilustraciones, la tipografía antigua y las huellas del tiempo confieren al volumen una presencia que ninguna reproducción moderna puede devolver por completo: la de un objeto que ha atravesado la historia conservando su materialidad.
Es precisamente esta doble naturaleza, intelectual y física, lo que lo hace tan precioso. Por un lado está el contenido, testimonio de la curiosidad y la ambición cognitiva del siglo XVII; por el otro, está el ejemplar antiguo, documento tangible de la historia del libro y de la transmisión del saber.
En él se encuentran el viaje de un hombre, la cultura de un siglo y la larga memoria de la civilización europea. Y quizá sea este su significado más solemne: recordarnos que todo libro auténtico es una puerta por la que el pasado continúa hablando al presente.
Colación y estado de preservación:
tom I 4pp, (491pp) 11 tablas
tom II 2pp, (503pp) 11 tablas
Estado de preservación excelente, señalar ligeras florituras y manchas pero en conjunto es un libro excelente y rarísimo.
Envío exprés en solo 24 horas laborables por toda Europa, mientras que para los países fuera de la UE serán necesarias 48 horas laborables
El Journal des voyages de Balthasar de Monconys
Un viaje a través del saber, las maravillas y la civilización del siglo XVII
Lyon, Horace Boissat y George Remeus, 1666
Existen libros que guardan una historia, y libros que guardan toda una época. El Journal des voyages de Monsieur de Monconys pertenece a esta segunda, rara categoría: una obra en la que el viaje se convierte en instrumento de conocimiento, la observación se transforma en saber y la curiosidad intelectual se hace testimonio de un mundo en profunda evolución.
Publicado en Lyon en 1665-1666, en varias partes, este volumen representa un testimonio precioso de la cultura europea del siglo XVII. Sus páginas nos ofrecen una época en la que las fronteras geográficas, científicas y culturales se volvieron cada vez más permeables, mientras hombres de estudio, diplomáticos, coleccionistas y filósofos recorrieron Europa en busca de nuevos conocimientos.
El volumen aquí presentado es la segunda parte de la obra, impresa en 1666, dedicada a los viajes a través de Inglaterra, los Países Bajos, Alemania e Italia. Su importancia no reside solamente en los lugares descritos, sino en la extraordinaria diversidad de intereses que animan la narración: arquitectura, artes figurativas, experimentos físicos, matemáticas, química, costumbres de los pueblos, rarezas naturales e encuentros con personalidades ilustres. Es un libro que invita a observar el mundo en su multiplicidad, sin separar rígidamente la cultura científica de la artística y humanística. [1][2]
El autor: Balthasar de Monconys, caballero y observador del mundo
Balthasar de Monconys (1608-1665) fue un viajero, diplomático y magistrado francés, movido por una curiosidad intelectual que lo llevó mucho más allá de las fronteras de su país. Consejero del rey y titular de cargos judiciales en Lyon, perteneció a esa categoría de hombres cultos del siglo XVII para quienes el viaje constituía una forma privilegiada de educación e investigación.
Su figura se sitúa en un momento crucial de la historia europea. El siglo XVII fue, de hecho, el siglo en el que la tradición heredada de la antigüedad y del Renacimiento se enfrentó cada vez más intensamente con la observación directa, el experimento y la búsqueda de nuevas explicaciones de los fenómenos naturales.
Monconys encarnó este espíritu a través de un enfoque ecléctico y concreto. En sus relatos no encuentran cabida solo los grandes monumentos y las obras de arte, sino también instrumentos, máquinas, curiosidades científicas, preparaciones químicas, plantas, animales y prácticas cotidianas. Su mirada se posó tanto sobre manifestaciones de la cultura como sobre aspectos materiales de la vida.
Murió en Lyon el 28 de abril de 1665, antes de poder ver publicada la colección completa de sus viajes. Su legado intelectual fue, por tanto, confiado al cuidado de su hijo, el señor de Liergues, que promovió su publicación póstuma. El Journal es así también una obra de memoria familiar: el intento de apartar del olvido la experiencia de un hombre y entregarla a las generaciones sucesivas. [1][3]
El impresor y el nacimiento del volumen
El ejemplar lleva la indicación editorial de Lyon, en Horace Boissat y George Remeus, dos nombres asociados a la producción tipográfica que dio forma pública a los relatos de Monconys.
En el siglo XVII, la imprenta constituía una de las principales herramientas de circulación de ideas en Europa. Imprimir una obra de este género significaba hacer accesibles a un público más amplio observaciones que, de lo contrario, habrían quedado confinadas a los apuntes privados de un viajero o a la memoria de unos pocos interlocutores.
La elección de acompañar el texto con numerosas etchings calcográficas revela además una concepción precisa del libro: no solo un contenedor de palabras, sino una herramienta de consulta, comparación y aprendizaje. Las imágenes de edificios, dispositivos y objetos permitían al lector visualizar lo que el texto describía, otorgando a la narración una dimensión documental de particular valor.
La publicación póstuma, curada por el hijo de Monconys, testifica también la colaboración entre autor, familia, editores y el mundo de la cultura, imprescindible para transformar una experiencia personal en patrimonio compartido.
El libro antiguo, en este sentido, no es solamente el resultado de una actividad intelectual: es también una manufactura histórica, en la que papel, caracteres tipográficos, grabados y encuadernación guardan la huella concreta de la cultura material de su tiempo.
El contenido: Europa como laboratorio de conocimiento
La segunda parte del Journal des voyages acompaña al lector a través de cuatro grandes áreas de la civilización europea: Inglaterra, Países Bajos, Alemania e Italia. El recorrido no se limita a registrar desplazamientos geográficos, sino que construye una suerte de atlas intelectual del continente.
Inglaterra ofrece la ocasión de observar monedas, prácticas, fenómenos físicos y curiosidades técnicas. Países Bajos y Alemania amplían la mirada hacia realidades comerciales, culturales y científicas diferentes. Italia, por último, aparece como un espacio de extraordinaria densidad histórica, artística y religiosa, donde la herencia clásica y renacentista continúa ejerciendo una influencia decisiva.
Uno de los aspectos más fascinantes de la obra es su capacidad de acercar temas que hoy tendemos a situar en disciplinas separadas. Un dispositivo mecánico puede aparecer junto a una obra de arte; una reflexión sobre la naturaleza puede seguir a la descripción de un edificio; una curiosidad química puede convivir con el relato de un encuentro.
Esta variedad no es casual. Refleja una concepción del saber en la que el conocimiento nace de la disposición a observar, comparar e interrogar la realidad.
Las ilustraciones que acompañan el volumen desempeñan un papel esencial en tal proyecto. Los edificios, las estructuras geométricas, las herramientas y objetos retratados no son simples adornos: constituyen una forma de documentación visual, capaz de fijar detalles y hacerlos accesibles incluso a quien no haya recorrido personalmente el viaje.
Es precisamente en esta unión de palabra e imagen donde la obra revela uno de sus mayores méritos: transformar la experiencia individual en un archivo de conocimientos potencialmente útil para estudiosos, curiosos y viajeros.
El contexto histórico: la revolución científica y el Grand Siècle
Para comprender plenamente el valor del Journal, es necesario situarlo en el gran movimiento de transformación cultural que atravesó Europa en el siglo XVII.
En 1637, René Descartes publicó el Discours de la méthode, destinado a ejercer una influencia profunda sobre el pensamiento moderno. En 1642 murió Galileo Galilei, protagonista de una revolución que había colocado la observación y la matemática en el centro de la investigación sobre la naturaleza. En 1660 nació la Royal Society de Londres, institución que contribuyó a promover la investigación experimental; en 1665 comenzaron a publicarse el Journal des sçavans, entre los primeros periódicos europeos dedicados a la difusión de los conocimientos eruditos. En 1666, año de publicación de esta segunda parte, se fundó en París l’Académie royale des sciences.
Estos acontecimientos no deben entenderse como influencias directas necesariamente documentadas sobre la obra de Monconys, sino como expresiones de un mismo clima histórico: una creciente confianza en la posibilidad de ampliar el saber a través de la experiencia, la discusión y la circulación de la información.
Junto a la ciencia, también la política contribuía a definir el rostro de Europa. La Francia de Luis XIV se encaminaba hacia la plena afirmación de la monarquía absoluta; las cortes, las academias y las redes diplomáticas eran lugares donde el prestigio político, la cultura y la investigación se encontraban. El viaje de un hombre culto podía thus asumir una función que iba más allá del conocimiento de los lugares: permitía comparar instituciones, costumbres, competencias técnicas y formas de organización social.
En este marco, Monconys aparece como un testigo particularmente significativo. Su interés por las máquinas, las experiencias físicas y las curiosidades naturales se ajusta a la sensibilidad de un siglo que estaba redefiniendo la relación entre autoridad tradicional y observación directa.
Italia, Florencia y la gran herencia artística europea
El viaje a Italia asume un significado especial dentro de la cultura europea. Durante siglos la península había sido un destino privilegiado para quien deseaba conocer el arte, la arquitectura, las antigüedades y las instituciones de la cultura clásica.
Florencia, en particular, representaba uno de los lugares símbolos de esa herencia. La ciudad de los Médici había contribuido de forma determinante al florecimiento del Renacimiento, asociando su nombre a figuras como Filippo Brunelleschi, Leon Battista Alberti, Miguel Ángel y Galileo Galilei, este último nacido en Pisa pero estrechamente ligado a la corte de los Medici y a la cultura toscana.
En el siglo XVII, Florencia siguió siendo un centro de gran relieve artístico y científico. La memoria del Renacimiento convivía con nuevas formas de coleccionismo, con la cultura de las cortes y con el interés por los instrumentos y las demostraciones científicas. La tradiciónMedicea de apoyo a las artes y a las ciencias constituye un contexto histórico significativo para entender la importancia que la cultura italiana tenía a ojos de los viajeros europeos.
No sería correcto atribuir a Monconys, sin una verificación puntual de las páginas, observaciones específicas sobre cada monumento o personaje florentino. Sin embargo, es legítimo situar su viaje en la tradición europea más amplia del Grand Tour pre-litteram: esa práctica, ya viva mucho antes de convertirse en un fenómeno codificado en el siglo XVIII, que impulsaba a los hombres cultos a buscar en Italia una fuente de conocimiento, comparación y formación.
El Journal testimonia, por tanto, una Europa en la que el patrimonio artístico no se percibía solamente como herencia del pasado, sino también como objeto de estudio y oportunidad de diálogo entre culturas distintas.
El significado de la obra: conocer a través del viaje
El valor más profundo del Journal des voyages reside en su idea de conocimiento. Viajar significa salir de las fronteras de lo familiar, enfrentarse a lo que es diferente y someter las propias convicciones a la prueba de la experiencia.
Monconys no construye un relato exclusivamente celebratorio de las ciudades visitadas. Su interés se extiende a realidades las más diversas, desde monumentos hasta prácticas cotidianas, desde obras de los pintores hasta experimentos, desde maravillas naturales hasta secretos de la técnica. Esta apertura convierte la obra en un testimonio valioso de la curiosidad enciclopédica del Siglo XVII.
Al mismo tiempo, el libro nos recuerda que el saber nunca nace en el vacío. Cada observación depende de los conocimientos, de las expectativas y de las herramientas intelectuales de su tiempo. Por ello el Journal puede leerse a dos niveles: como fuente de información sobre los lugares y objetos descritos, pero también como documento de la mentalidad de una época que buscaba nuevos caminos para interpretar el mundo.
Sus páginas conservan el encanto de una Europa observada antes de la plena afirmación de las instituciones científicas modernas, cuando la investigación se llevaba a cabo a través de una combinación de erudición, experiencia personal, intercambio epistolar y curiosidad individual.
Conclusión: un testimonio material de la memoria europea
El Journal des voyages de Monsieur de Monconys es mucho más que un relato de viaje. Es el testimonio de un momento histórico en el que Europa aprendía a mirarse a través del contraste entre pueblos, tradiciones, obras de arte y nuevos conocimientos científicos.
La figura de Balthasar de Monconys nos devuelve la imagen de un hombre para quien la curiosidad era una forma de disciplina intelectual. El trabajo editorial del hijo y la impresión lyonesa de Horace Boissat y George Remeus transformaron sus observaciones en una obra destinada a sobrevivir a su autor, atravesando los siglos y llegando hasta nosotros.
Hojear hoy estas páginas significa entrar en contacto con una civilización que buscaba ampliar sus horizontes mediante el viaje, la lectura, el experimento y la contemplación. Las ilustraciones, la tipografía antigua y las huellas del tiempo confieren al volumen una presencia que ninguna reproducción moderna puede devolver por completo: la de un objeto que ha atravesado la historia conservando su materialidad.
Es precisamente esta doble naturaleza, intelectual y física, lo que lo hace tan precioso. Por un lado está el contenido, testimonio de la curiosidad y la ambición cognitiva del siglo XVII; por el otro, está el ejemplar antiguo, documento tangible de la historia del libro y de la transmisión del saber.
En él se encuentran el viaje de un hombre, la cultura de un siglo y la larga memoria de la civilización europea. Y quizá sea este su significado más solemne: recordarnos que todo libro auténtico es una puerta por la que el pasado continúa hablando al presente.
Colación y estado de preservación:
tom I 4pp, (491pp) 11 tablas
tom II 2pp, (503pp) 11 tablas
Estado de preservación excelente, señalar ligeras florituras y manchas pero en conjunto es un libro excelente y rarísimo.
Envío exprés en solo 24 horas laborables por toda Europa, mientras que para los países fuera de la UE serán necesarias 48 horas laborables
