José Dalmau Campos (1953) - El rostro oculto





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El rostro oculto es una pintura al óleo original de José Dalmau Campos (1953), fechada en el periodo 2000–2010, firmada a mano, de 92 × 73 cm, en buen estado, producida en España y puesta a la venta por Galería.
Descripción del vendedor
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a José Dalmau, que representa una figura abstracta semejante a una máscara o un rostro simbólico, rodeada de formas y tonos cálidos que evocan misterio y antigüedad. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 92x73x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Dalmau.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una composición abstracta y vertical en la que parece surgir un rostro o una máscara de formas enigmáticas. La figura central se construye mediante una silueta oscura, irregular y alargada, coronada por una gran forma negra que recuerda a un tocado o a una sombra extendida sobre la cabeza. En el centro destaca un círculo amplio, rodeado por un contorno oscuro, que puede evocar un ojo, un rostro frontal o un símbolo. La imagen no busca describir una figura de manera literal: sus rasgos están sugeridos mediante manchas, relieves y formas geométricas, dejando espacio para que cada espectador imagine su propio personaje.
Alrededor de ese círculo aparecen varios elementos redondeados de distintos tamaños, algunos con pequeñas marcas rojizas en su interior. Su disposición recuerda a ojos, medallones o signos colocados sobre el rostro, aunque también pueden entenderse como detalles simbólicos sin una interpretación única. Más abajo, las formas se vuelven fragmentarias y angulosas: líneas oscuras se cruzan con zonas ocres y pequeñas áreas claras, como si la figura se deshiciera gradualmente en el fondo. Esta combinación de elementos reconocibles y abstractos aporta misterio a la escena y hace que la mirada vuelva una y otra vez a descubrir nuevos matices.
El fondo está dominado por un amarillo dorado que envuelve la composición y crea un contraste intenso con los marrones, negros y verdes oscuros de la figura. A ambos lados se aprecian franjas verticales en tonos rosados y rojizos, que parecen enmarcar el motivo central y acentúan la altura de la imagen. Algunas zonas están cubiertas por pequeñas marcas y cambios de color que rompen la uniformidad del espacio y le dan una sensación antigua, casi como la de un muro o un símbolo conservado durante mucho tiempo. La paleta cálida aporta una energía terrosa, mientras que los tonos profundos concentran el peso visual en el centro.
La composición mantiene un equilibrio entre la estabilidad del eje vertical y la libertad de las formas. Las líneas del fondo ascienden y descienden con cierta regularidad, mientras que la figura principal se desplaza de manera más irregular, inclinándose y abriéndose hacia los lados. Las formas circulares introducen pausas dentro de esa estructura, y los pequeños puntos rojizos actúan como acentos que atraen la atención. La superficie visual, densa y marcada, refuerza la impresión de que estamos ante un emblema, un personaje ancestral o una presencia protectora. Sin ofrecer una narración cerrada, el cuadro sugiere un mundo cargado de símbolos y memoria.
En conjunto, la obra transmite una atmósfera intensa, misteriosa y profundamente evocadora. La figura central parece situarse entre el retrato, la máscara y el signo, mientras que los tonos dorados y terrosos la hacen destacar como una presencia antigua dentro de un espacio casi ceremonial. La combinación de círculos, franjas y formas fragmentadas permite distintas lecturas: puede recordar a un rostro imaginario, a un tótem o a una figura simbólica que guarda una historia desconocida. Su fuerza reside precisamente en esa ambigüedad y en la manera en que transforma formas sencillas en una imagen llena de carácter.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a José Dalmau, que representa una figura abstracta semejante a una máscara o un rostro simbólico, rodeada de formas y tonos cálidos que evocan misterio y antigüedad. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 92x73x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Dalmau.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una composición abstracta y vertical en la que parece surgir un rostro o una máscara de formas enigmáticas. La figura central se construye mediante una silueta oscura, irregular y alargada, coronada por una gran forma negra que recuerda a un tocado o a una sombra extendida sobre la cabeza. En el centro destaca un círculo amplio, rodeado por un contorno oscuro, que puede evocar un ojo, un rostro frontal o un símbolo. La imagen no busca describir una figura de manera literal: sus rasgos están sugeridos mediante manchas, relieves y formas geométricas, dejando espacio para que cada espectador imagine su propio personaje.
Alrededor de ese círculo aparecen varios elementos redondeados de distintos tamaños, algunos con pequeñas marcas rojizas en su interior. Su disposición recuerda a ojos, medallones o signos colocados sobre el rostro, aunque también pueden entenderse como detalles simbólicos sin una interpretación única. Más abajo, las formas se vuelven fragmentarias y angulosas: líneas oscuras se cruzan con zonas ocres y pequeñas áreas claras, como si la figura se deshiciera gradualmente en el fondo. Esta combinación de elementos reconocibles y abstractos aporta misterio a la escena y hace que la mirada vuelva una y otra vez a descubrir nuevos matices.
El fondo está dominado por un amarillo dorado que envuelve la composición y crea un contraste intenso con los marrones, negros y verdes oscuros de la figura. A ambos lados se aprecian franjas verticales en tonos rosados y rojizos, que parecen enmarcar el motivo central y acentúan la altura de la imagen. Algunas zonas están cubiertas por pequeñas marcas y cambios de color que rompen la uniformidad del espacio y le dan una sensación antigua, casi como la de un muro o un símbolo conservado durante mucho tiempo. La paleta cálida aporta una energía terrosa, mientras que los tonos profundos concentran el peso visual en el centro.
La composición mantiene un equilibrio entre la estabilidad del eje vertical y la libertad de las formas. Las líneas del fondo ascienden y descienden con cierta regularidad, mientras que la figura principal se desplaza de manera más irregular, inclinándose y abriéndose hacia los lados. Las formas circulares introducen pausas dentro de esa estructura, y los pequeños puntos rojizos actúan como acentos que atraen la atención. La superficie visual, densa y marcada, refuerza la impresión de que estamos ante un emblema, un personaje ancestral o una presencia protectora. Sin ofrecer una narración cerrada, el cuadro sugiere un mundo cargado de símbolos y memoria.
En conjunto, la obra transmite una atmósfera intensa, misteriosa y profundamente evocadora. La figura central parece situarse entre el retrato, la máscara y el signo, mientras que los tonos dorados y terrosos la hacen destacar como una presencia antigua dentro de un espacio casi ceremonial. La combinación de círculos, franjas y formas fragmentadas permite distintas lecturas: puede recordar a un rostro imaginario, a un tótem o a una figura simbólica que guarda una historia desconocida. Su fuerza reside precisamente en esa ambigüedad y en la manera en que transforma formas sencillas en una imagen llena de carácter.

