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Enric Solanilla (1963) - Empire State Building
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Hace 7 semanas

Enric Solanilla (1963) - Empire State Building

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Enric Solanilla, que representa la majestuosidad y vitalidad de la gran ciudad moderna, donde la arquitectura se eleva como símbolo del ingenio humano y la armonía entre el poder, la luz y la inmensidad. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite. · Dimensiones de la obra: 100x160 cm. · Óleo sobre tela sobre un collage impreso en la técnica giclée firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha de la obra y se adjunta el certificado de autenticidad en la parte posterior. · La pieza se encuentra en perfecto estado de conservación. La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona. Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte. El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional. ------------------------------------------------------------------ Este cuadro nos transporta a la inmensidad de una gran metrópoli, donde la arquitectura se convierte en una sinfonía de formas, colores y alturas. La vista panorámica, majestuosa y abrumadora, nos sitúa frente a un paisaje urbano que parece extenderse hasta el infinito. En el centro domina una estructura imponente, símbolo de poder, modernidad y aspiración humana: un rascacielos que se eleva como una aguja hacia el cielo, coronando la escena con su elegancia vertical. A su alrededor, un mar de edificios se entrelaza en una coreografía de volúmenes, sombras y reflejos, creando una textura visual rica y compleja que captura la esencia del corazón de la ciudad. Cada edificio parece tener su propio carácter, con tonos que varían entre el ocre, el dorado, el gris y el rojizo. La diversidad cromática aporta profundidad y dinamismo al conjunto, evocando la vida vibrante que se esconde tras cada ventana, cada calle y cada esquina. El contraste entre las luces y las sombras sugiere la hora dorada del día, cuando el sol acaricia la ciudad antes de despedirse, bañando las fachadas en una calidez que equilibra la rigidez del cemento y el acero. La sensación de perspectiva es abrumadora: las líneas convergen hacia el horizonte, guiando la mirada a través del entramado urbano hasta perderse en la distancia, donde el agua y el cielo se funden en una franja de serenidad azul. El cielo, pintado con matices de violeta, azul y rosa, introduce un elemento de calma en medio del bullicio visual de la ciudad. Las nubes se esparcen en una composición ligera, casi etérea, suavizando la fuerza geométrica del paisaje urbano. A medida que la vista se eleva, el espectador experimenta una sensación de expansión, como si el aire se aclarara y el ruido de la metrópoli quedara suspendido bajo una atmósfera de contemplación. Esta tensión entre lo terrenal y lo celestial otorga al cuadro un equilibrio entre lo monumental y lo poético, entre el logro humano y la inmensidad natural. En los detalles, se percibe la huella del tiempo y la vitalidad del presente. Las fachadas de los edificios muestran texturas que revelan la historia de la ciudad: algunas relucientes y nuevas, otras gastadas por los años. Hay una sensación de movimiento silencioso, de respiración colectiva, como si el cuadro capturara un instante detenido entre la actividad incesante de la urbe. Las sombras alargadas sobre los tejados y las calles invisibles sugieren el paso de la tarde, mientras el reflejo del agua al fondo aporta una nota de frescura que contrasta con la densidad del núcleo urbano. En conjunto, este cuadro es una oda a la grandeza de la ciudad moderna, un homenaje a la ambición y al ingenio humano que construyen paisajes imposibles. A través de su composición equilibrada y su riqueza cromática, logra transmitir tanto la energía imponente de la vida urbana como la belleza silenciosa que se esconde en su estructura. La escena invita a la contemplación y al asombro, recordando que incluso en la inmensidad del concreto y el vidrio late un alma viva, hecha de luz, tiempo y sueños.

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Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Enric Solanilla, que representa la majestuosidad y vitalidad de la gran ciudad moderna, donde la arquitectura se eleva como símbolo del ingenio humano y la armonía entre el poder, la luz y la inmensidad. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 100x160 cm.
· Óleo sobre tela sobre un collage impreso en la técnica giclée firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha de la obra y se adjunta el certificado de autenticidad en la parte posterior.
· La pieza se encuentra en perfecto estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro nos transporta a la inmensidad de una gran metrópoli, donde la arquitectura se convierte en una sinfonía de formas, colores y alturas. La vista panorámica, majestuosa y abrumadora, nos sitúa frente a un paisaje urbano que parece extenderse hasta el infinito. En el centro domina una estructura imponente, símbolo de poder, modernidad y aspiración humana: un rascacielos que se eleva como una aguja hacia el cielo, coronando la escena con su elegancia vertical. A su alrededor, un mar de edificios se entrelaza en una coreografía de volúmenes, sombras y reflejos, creando una textura visual rica y compleja que captura la esencia del corazón de la ciudad.
Cada edificio parece tener su propio carácter, con tonos que varían entre el ocre, el dorado, el gris y el rojizo. La diversidad cromática aporta profundidad y dinamismo al conjunto, evocando la vida vibrante que se esconde tras cada ventana, cada calle y cada esquina. El contraste entre las luces y las sombras sugiere la hora dorada del día, cuando el sol acaricia la ciudad antes de despedirse, bañando las fachadas en una calidez que equilibra la rigidez del cemento y el acero. La sensación de perspectiva es abrumadora: las líneas convergen hacia el horizonte, guiando la mirada a través del entramado urbano hasta perderse en la distancia, donde el agua y el cielo se funden en una franja de serenidad azul.
El cielo, pintado con matices de violeta, azul y rosa, introduce un elemento de calma en medio del bullicio visual de la ciudad. Las nubes se esparcen en una composición ligera, casi etérea, suavizando la fuerza geométrica del paisaje urbano. A medida que la vista se eleva, el espectador experimenta una sensación de expansión, como si el aire se aclarara y el ruido de la metrópoli quedara suspendido bajo una atmósfera de contemplación. Esta tensión entre lo terrenal y lo celestial otorga al cuadro un equilibrio entre lo monumental y lo poético, entre el logro humano y la inmensidad natural.
En los detalles, se percibe la huella del tiempo y la vitalidad del presente. Las fachadas de los edificios muestran texturas que revelan la historia de la ciudad: algunas relucientes y nuevas, otras gastadas por los años. Hay una sensación de movimiento silencioso, de respiración colectiva, como si el cuadro capturara un instante detenido entre la actividad incesante de la urbe. Las sombras alargadas sobre los tejados y las calles invisibles sugieren el paso de la tarde, mientras el reflejo del agua al fondo aporta una nota de frescura que contrasta con la densidad del núcleo urbano.
En conjunto, este cuadro es una oda a la grandeza de la ciudad moderna, un homenaje a la ambición y al ingenio humano que construyen paisajes imposibles. A través de su composición equilibrada y su riqueza cromática, logra transmitir tanto la energía imponente de la vida urbana como la belleza silenciosa que se esconde en su estructura. La escena invita a la contemplación y al asombro, recordando que incluso en la inmensidad del concreto y el vidrio late un alma viva, hecha de luz, tiempo y sueños.

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Antonio Yera
Experto
Estimación  € 1.800 - € 2.500

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