Sylvain Barberot - Echo





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Echo es una escultura de mármol contemporánea de Sylvain Barberot, firmada a mano, obra única de Francia (2025) en blanco y gris, 60 cm de ancho, 64 cm de alto, 10 cm de profundidad, 22 kg de peso, con detalles en oro de 22 quilates.
Descripción del vendedor
"Echo" es una de las obras de una serie titulada "épitaphe". Son una forma poética de abrazar la muerte con poesía, eligiendo una palabra escogida para sublimarla. La grabación está realzada en oro fino de 22 quilates, como para recordar la iconografía funeraria.
Y si la piedra pudiera hacerse eco de la tierra sobre una línea de cresta? Nuestros muertos son ecos de los que somos la voz. Los llevamos y, en la carne, no somos más que prolongaciones de su existencia pasada, como un eco silencioso.
Artista internacional cuyo trabajo se sustenta en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria es, a mi juicio, el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con un buril, me empeño en inhibir, desestructurar, e incluso borrar mi propia memoria. Vasta empresa la del ejercicio del olvido…
El cuerpo no es más que el soporte de esa memoria de la que depende, o incluso necesita. La construye, la modela y la transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como la remontada del recuerdo, por mi parte la persigo para poder separarme mejor de él.
"Echo" es una de las obras de una serie titulada "épitaphe". Son una forma poética de abrazar la muerte con poesía, eligiendo una palabra escogida para sublimarla. La grabación está realzada en oro fino de 22 quilates, como para recordar la iconografía funeraria.
Y si la piedra pudiera hacerse eco de la tierra sobre una línea de cresta? Nuestros muertos son ecos de los que somos la voz. Los llevamos y, en la carne, no somos más que prolongaciones de su existencia pasada, como un eco silencioso.
Artista internacional cuyo trabajo se sustenta en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria es, a mi juicio, el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con un buril, me empeño en inhibir, desestructurar, e incluso borrar mi propia memoria. Vasta empresa la del ejercicio del olvido…
El cuerpo no es más que el soporte de esa memoria de la que depende, o incluso necesita. La construye, la modela y la transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como la remontada del recuerdo, por mi parte la persigo para poder separarme mejor de él.

