Nº 105728694

École française (XVIII) - Allégorie de l'abondance
Nº 105728694

École française (XVIII) - Allégorie de l'abondance
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela francesa del siglo XVIII, que representa a varios seres alados reunidos entre gavillas de trigo, en una alegre alegoría de la cosecha, la fertilidad y la abundancia de la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 65,5x98,5x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 60x92 cm.
· Óleo sobre tela, reentelado.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena alegórica protagonizada por varios pequeños seres alados que juegan y trabajan entre grandes haces de trigo en medio de un paisaje campestre. Las figuras infantiles se distribuyen por toda la zona inferior, mientras las espigas se elevan detrás de ellas formando una especie de refugio dorado. Sobre el campo se extiende un amplio cielo azul grisáceo cubierto por nubes claras. La obra combina ternura, fantasía y simbolismo, evocando la abundancia de la cosecha y la alegría asociada a los frutos de la tierra.
La composición se organiza alrededor de dos figuras centrales que aparecen de pie frente a una gran gavilla. Ambas se encuentran muy próximas y parecen colaborar en una acción relacionada con el trigo. Una de ellas sostiene o recoge varias espigas, mientras la otra extiende los brazos hacia su compañero. Sus cuerpos forman el principal núcleo narrativo y concentran la atención del espectador.
La figura situada en el centro derecho adopta una postura dinámica. Se apoya sobre una pierna mientras adelanta la otra, generando la sensación de estar avanzando o intentando alcanzar las espigas. Sus brazos se elevan y las manos parecen sujetar cuidadosamente los tallos dorados. La inclinación del cuerpo aporta movimiento y transmite entusiasmo.
El pequeño personaje situado detrás aparece parcialmente oculto por las espigas y por su compañero. Su rostro se inclina hacia abajo, como si estuviera concentrado en recoger o acomodar el trigo. Uno de sus brazos se extiende hacia un lado, mientras el otro queda integrado entre los tallos. Esta disposición refuerza la idea de una tarea compartida.
Las grandes gavillas ocupan buena parte del fondo y crean una estructura envolvente alrededor de las figuras. Los tallos se curvan formando amplios arcos que aportan ritmo a la composición. Sus tonalidades varían entre amarillos dorados, ocres, marrones y verdes apagados. La abundancia de trigo convierte el campo en un símbolo de fertilidad, prosperidad y recompensa.
En el lado izquierdo aparece otra figura infantil sentada sobre una tela clara. Su cuerpo se inclina hacia delante y su mirada parece concentrada en un objeto que sostiene o manipula entre las manos. La postura es tranquila y contrasta con el movimiento de los personajes centrales. A su alrededor se acumulan pliegues blancos y verdes que aportan luminosidad.
Cerca de esta figura se observan varios objetos relacionados con la cosecha o con un juego campestre. Entre ellos destaca una especie de recipiente, cesta o pequeño instrumento situado junto a las espigas del primer plano. Sus formas oscuras y rojizas contrastan con la tela clara. Estos elementos añaden detalles narrativos y sugieren que los pequeños personajes llevan tiempo ocupados en sus tareas.
En el extremo derecho aparece un ser alado arrodillado junto a otra gavilla. Su cuerpo se inclina hacia las espigas y mantiene las manos reunidas cerca del rostro. El gesto puede interpretarse como concentración, asombro, descanso o incluso una actitud de agradecimiento. Sus alas blancas se elevan sobre la espalda y destacan frente al fondo oscuro.
Las alas constituyen uno de los elementos que identifican a los personajes como criaturas mitológicas o celestiales. Son pequeñas, delicadas y de tonalidades claras, con sombras grises y beige que aportan volumen. Algunas quedan parcialmente ocultas por los cuerpos o por el trigo. Su presencia transforma una escena rural en una visión alegórica y fantástica.
La figura del lado derecho se sitúa en una zona de sombra, lo que refuerza su apariencia introspectiva. A diferencia de los personajes centrales, no participa abiertamente en el movimiento del grupo. Parece observar o realizar una acción más silenciosa. Esta variedad de actitudes aporta riqueza a la narración y evita que las figuras repitan un mismo gesto.
En el fondo central se distinguen otras figuras diminutas entre las gavillas. Sus pequeñas siluetas parecen transportar espigas, caminar por el campo o participar en la recolección. La diferencia de tamaño crea profundidad y amplía visualmente el paisaje. También transmite la impresión de una actividad colectiva que continúa más allá del primer plano.
La vegetación oscura situada a ambos lados enmarca la escena. Grandes masas de plantas y tallos se elevan verticalmente y contrastan con las curvas de las gavillas centrales. Los marrones, verdes profundos y negros aportan densidad y hacen resaltar los cuerpos claros. El campo parece cerrado y protegido, como un espacio íntimo dentro de la naturaleza.
El suelo aparece cubierto por paja, tierra, telas y espigas sueltas. Sus tonalidades ocres, marrones y verdes crean una base cálida sobre la que descansan las figuras. Algunas zonas claras sugieren la presencia de luz filtrándose entre los haces. La irregularidad del terreno refuerza el carácter campestre y natural de la escena.
En la parte inferior central se extiende una franja dorada que podría corresponder a paja recién cortada. Su color luminoso conduce la mirada desde el primer plano hasta las figuras centrales. Las líneas horizontales de esta zona contrastan con la verticalidad de los tallos. Esta combinación aporta equilibrio y profundidad.
El cielo ocupa la parte superior y aparece cubierto por tonalidades azuladas, grisáceas y verdosas. Una gran nube clara se desarrolla en la zona izquierda, mientras otros fragmentos más pequeños se dispersan hacia el centro. La luz es suave y no genera contrastes extremos. El ambiente parece corresponder a una jornada templada en el campo.
La nube principal introduce una sensación de amplitud y proporciona un fondo luminoso para las espigas más altas. Su forma redondeada contrasta con los tallos finos y oscuros. El cielo aporta serenidad y permite que la escena respire por encima de la abundancia de elementos del primer plano. También sugiere la protección de un entorno celestial.
La obra puede interpretarse como una alegoría de la cosecha y de la abundancia. El trigo ha sido tradicionalmente asociado con el alimento, la vida, la fertilidad y la renovación de las estaciones. La presencia de seres alados transforma la recolección en una celebración. El trabajo del campo aparece presentado como una actividad alegre y casi sagrada.
Los personajes infantiles aportan inocencia y ternura a la escena. Sus gestos no transmiten esfuerzo, sino curiosidad, colaboración y juego. Aunque se encuentran ocupados entre las gavillas, parecen disfrutar de la tarea. Esta combinación convierte la cosecha en una imagen de felicidad compartida.
La disposición de las figuras crea diferentes ritmos. El grupo central aporta movimiento y cooperación; la figura izquierda introduce reposo; y el personaje derecho añade recogimiento. Estas tres actitudes se complementan y construyen una narración equilibrada. El espectador puede recorrer la escena de un extremo al otro descubriendo pequeños gestos y objetos.
La paleta está dominada por tonos terrosos y apagados, entre los que destacan los cuerpos claros y los reflejos dorados del trigo. Los marrones y verdes aportan profundidad, mientras los azules del cielo refrescan la composición. Las pequeñas notas rojizas introducen calidez y animan ciertos detalles. Todo queda unido por una atmósfera suave y armoniosa.
También puede entenderse la escena como una representación del ciclo de la vida. El trigo maduro simboliza el fruto de un largo proceso, mientras los pequeños seres alados encarnan la juventud y el comienzo. La unión de ambos elementos habla de continuidad, renovación y esperanza. La naturaleza aparece generosa y capaz de sostener la vida.
En conjunto, la obra representa a varios pequeños seres alados jugando y colaborando entre grandes haces de trigo durante una cosecha imaginaria. Sus gestos, la abundancia de espigas y la serenidad del paisaje convierten la escena en una alegoría de la fertilidad, la prosperidad y los frutos de la tierra. El cuadro transmite ternura, alegría y gratitud, celebrando la naturaleza como fuente de alimento, renovación y vida.
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