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Lluís Domingo Abelló (1917) - La torre entre los olivos
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Lluís Domingo Abelló (1917) - La torre entre los olivos

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Abelló, que representa un pequeño pueblo blanco con una iglesia, rodeado de campos dorados y árboles verdes bajo un cielo azul lleno de movimiento. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite. · Dimensiones de la obra: 46x55x1 cm. · Óleo sobre papel firmado a mano por el artista en la parte derecha de la obra, Domingo Abelló. · La pieza se encuentra en buen estado de conservación. La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona. Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles. El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte. El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional. ------------------------------------------------------------------ Este cuadro presenta un amplio paisaje rural en el que un pequeño pueblo blanco se extiende sobre una elevación, rodeado por campos luminosos y árboles de copas verdes. La torre de una iglesia se alza en el centro de la población y constituye el principal punto de referencia de la escena. Sobre el horizonte se despliega un cielo intenso y lleno de movimiento, cuya fuerza contrasta con la tranquilidad de las construcciones y los terrenos cultivados. En el primer plano aparecen dos árboles que enmarcan el paisaje y conducen la mirada hacia el pueblo. Sus troncos oscuros y sus copas formadas por numerosos tonos verdes aportan profundidad a la composición. El árbol de la izquierda se eleva con una forma ligeramente inclinada, mientras que el de la derecha abre sus ramas de manera más amplia. Ambos transmiten la sensación de encontrarse muy cerca del espectador, como si este contemplara el paisaje desde el borde de un camino o de un campo. La vegetación del primer plano se presenta abundante y llena de variaciones cromáticas. Los verdes claros y oscuros se mezclan con azules, marrones, ocres, amarillos y pequeños acentos rojizos. Esta combinación sugiere la presencia de hierbas, arbustos, cultivos y flores silvestres distribuidos de manera irregular. La riqueza de estos colores aporta vitalidad y convierte la zona inferior en una entrada envolvente al paisaje. Detrás de los árboles se extiende una gran franja amarilla que atraviesa horizontalmente la composición. Puede interpretarse como un campo iluminado por el sol, una zona de cultivo madura o una llanura cubierta por vegetación dorada. Su luminosidad contrasta con los verdes del primer plano y crea una separación clara entre las zonas cercanas y las colinas situadas a mayor distancia. A medida que la mirada avanza hacia el fondo, aparecen nuevas franjas de terreno en tonos verdes, amarillos, ocres y anaranjados. Estas líneas horizontales sugieren parcelas agrícolas y caminos que recorren la llanura. La distribución escalonada de los campos aporta una sensación de profundidad y permite imaginar la extensión del territorio hasta alcanzar la población. El pueblo está formado por varias casas blancas de tejados rojizos, agrupadas en torno a la iglesia. Las construcciones se integran armoniosamente con el paisaje y no interrumpen la serenidad del entorno. Sus fachadas claras destacan frente a los verdes de los árboles y los tonos cálidos de la tierra, creando un núcleo luminoso que atrae la mirada desde cualquier punto de la composición. La torre de la iglesia se eleva en el centro con una silueta esbelta y un tejado rojizo. Su verticalidad rompe suavemente la sucesión horizontal de los campos y establece un vínculo entre la tierra y el cielo. Además de organizar visualmente el paisaje, la torre actúa como símbolo de comunidad, tradición y permanencia, sugiriendo la existencia de una vida tranquila alrededor de la pequeña población. Los árboles que rodean las casas presentan copas redondeadas y compactas. Sus verdes varían desde los tonos más claros y luminosos hasta matices oscuros y azulados. Esta vegetación protege visualmente al pueblo y refuerza la idea de un lugar recogido, fértil y conectado con la naturaleza. Las formas suaves de las copas equilibran la geometría sencilla de los edificios. El cielo ocupa aproximadamente la mitad superior de la obra y posee una presencia extraordinaria. Está formado por grandes franjas ondulantes de azul oscuro, turquesa, verde agua y tonos blanquecinos. Estas corrientes parecen desplazarse con fuerza sobre el paisaje, como si anunciaran viento o un cambio repentino en el tiempo. Su movimiento aporta energía a una escena que, en la tierra, permanece serena y estable. La gama cromática establece un poderoso diálogo entre los colores fríos del cielo y los tonos cálidos de los campos. Los azules profundos transmiten intensidad y amplitud, mientras que los amarillos y verdes aportan luz, fertilidad y vitalidad. Las casas blancas funcionan como un punto de equilibrio entre ambos mundos, iluminando el centro de la composición y reforzando la presencia del pueblo. La ausencia de figuras humanas permite que el paisaje conserve una atmósfera silenciosa y contemplativa. Sin embargo, las viviendas, los campos cultivados y la iglesia sugieren una presencia humana constante, aunque invisible. El espectador puede imaginar a los habitantes del pueblo, las labores agrícolas, el sonido de las campanas o los caminos que comunican las casas con los terrenos cercanos. En conjunto, este cuadro representa un luminoso paisaje rural presidido por un pequeño pueblo blanco y su iglesia, rodeados de campos dorados, árboles verdes y un cielo azul intensamente agitado. La combinación entre la serenidad de la tierra y el movimiento del cielo crea una escena equilibrada, llena de vida y carácter. La obra transmite la belleza de la vida rural, la permanencia de las tradiciones y la profunda armonía entre la comunidad, los cultivos y la naturaleza.

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Lluís Domingo Abelló (1917) - La torre entre los olivos

Lluís Domingo Abelló (1917) - La torre entre los olivos

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Abelló, que representa un pequeño pueblo blanco con una iglesia, rodeado de campos dorados y árboles verdes bajo un cielo azul lleno de movimiento. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 46x55x1 cm.
· Óleo sobre papel firmado a mano por el artista en la parte derecha de la obra, Domingo Abelló.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un amplio paisaje rural en el que un pequeño pueblo blanco se extiende sobre una elevación, rodeado por campos luminosos y árboles de copas verdes. La torre de una iglesia se alza en el centro de la población y constituye el principal punto de referencia de la escena. Sobre el horizonte se despliega un cielo intenso y lleno de movimiento, cuya fuerza contrasta con la tranquilidad de las construcciones y los terrenos cultivados.

En el primer plano aparecen dos árboles que enmarcan el paisaje y conducen la mirada hacia el pueblo. Sus troncos oscuros y sus copas formadas por numerosos tonos verdes aportan profundidad a la composición. El árbol de la izquierda se eleva con una forma ligeramente inclinada, mientras que el de la derecha abre sus ramas de manera más amplia. Ambos transmiten la sensación de encontrarse muy cerca del espectador, como si este contemplara el paisaje desde el borde de un camino o de un campo.

La vegetación del primer plano se presenta abundante y llena de variaciones cromáticas. Los verdes claros y oscuros se mezclan con azules, marrones, ocres, amarillos y pequeños acentos rojizos. Esta combinación sugiere la presencia de hierbas, arbustos, cultivos y flores silvestres distribuidos de manera irregular. La riqueza de estos colores aporta vitalidad y convierte la zona inferior en una entrada envolvente al paisaje.

Detrás de los árboles se extiende una gran franja amarilla que atraviesa horizontalmente la composición. Puede interpretarse como un campo iluminado por el sol, una zona de cultivo madura o una llanura cubierta por vegetación dorada. Su luminosidad contrasta con los verdes del primer plano y crea una separación clara entre las zonas cercanas y las colinas situadas a mayor distancia.

A medida que la mirada avanza hacia el fondo, aparecen nuevas franjas de terreno en tonos verdes, amarillos, ocres y anaranjados. Estas líneas horizontales sugieren parcelas agrícolas y caminos que recorren la llanura. La distribución escalonada de los campos aporta una sensación de profundidad y permite imaginar la extensión del territorio hasta alcanzar la población.

El pueblo está formado por varias casas blancas de tejados rojizos, agrupadas en torno a la iglesia. Las construcciones se integran armoniosamente con el paisaje y no interrumpen la serenidad del entorno. Sus fachadas claras destacan frente a los verdes de los árboles y los tonos cálidos de la tierra, creando un núcleo luminoso que atrae la mirada desde cualquier punto de la composición.

La torre de la iglesia se eleva en el centro con una silueta esbelta y un tejado rojizo. Su verticalidad rompe suavemente la sucesión horizontal de los campos y establece un vínculo entre la tierra y el cielo. Además de organizar visualmente el paisaje, la torre actúa como símbolo de comunidad, tradición y permanencia, sugiriendo la existencia de una vida tranquila alrededor de la pequeña población.

Los árboles que rodean las casas presentan copas redondeadas y compactas. Sus verdes varían desde los tonos más claros y luminosos hasta matices oscuros y azulados. Esta vegetación protege visualmente al pueblo y refuerza la idea de un lugar recogido, fértil y conectado con la naturaleza. Las formas suaves de las copas equilibran la geometría sencilla de los edificios.

El cielo ocupa aproximadamente la mitad superior de la obra y posee una presencia extraordinaria. Está formado por grandes franjas ondulantes de azul oscuro, turquesa, verde agua y tonos blanquecinos. Estas corrientes parecen desplazarse con fuerza sobre el paisaje, como si anunciaran viento o un cambio repentino en el tiempo. Su movimiento aporta energía a una escena que, en la tierra, permanece serena y estable.

La gama cromática establece un poderoso diálogo entre los colores fríos del cielo y los tonos cálidos de los campos. Los azules profundos transmiten intensidad y amplitud, mientras que los amarillos y verdes aportan luz, fertilidad y vitalidad. Las casas blancas funcionan como un punto de equilibrio entre ambos mundos, iluminando el centro de la composición y reforzando la presencia del pueblo.

La ausencia de figuras humanas permite que el paisaje conserve una atmósfera silenciosa y contemplativa. Sin embargo, las viviendas, los campos cultivados y la iglesia sugieren una presencia humana constante, aunque invisible. El espectador puede imaginar a los habitantes del pueblo, las labores agrícolas, el sonido de las campanas o los caminos que comunican las casas con los terrenos cercanos.

En conjunto, este cuadro representa un luminoso paisaje rural presidido por un pequeño pueblo blanco y su iglesia, rodeados de campos dorados, árboles verdes y un cielo azul intensamente agitado. La combinación entre la serenidad de la tierra y el movimiento del cielo crea una escena equilibrada, llena de vida y carácter. La obra transmite la belleza de la vida rural, la permanencia de las tradiciones y la profunda armonía entre la comunidad, los cultivos y la naturaleza.

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