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Suzanne Valadon (1865-1938) - Woman

Suzanne Valadon (Bessines-sur-Gartempe, Haute-Vienne, 23 de septiembre de 1865 - París, 7 de abril de 1938). "Mujer". Sanguina sobre papel. 26 x 29 cm (39,5 x 42,5 cm con el marco). Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho "Suzanne Valadon. 1905". Con etiqueta al dorso de antigua colección. Buen estado de conservación. Procedencia: Colección particular, Luxemburgo. Documentación: Certificado emitido por Gilbert Petrides con número 26.546 el 17 de Mayo de 1999. Publicación: Millon et associés, Art Moderne 26/4/2014, París. Lot 50. Descripción: La maestría para el dibujo de Valadon brilló especialmente en la primera etapa de su carrera, en plena época del Art Nouveau. En contacto con Henri de Toulouse-Lautrec, quien fue su gran amigo además de amante, y quien la representó en algunas de sus obras maestras (“La Buveuse”, 1889, Musée Toulouse-Lautrec), la artista exploró las posibilidades expresivas del dibujo que ya había intuido en sus primeros bocetos, realizados casi compulsivamente desde su infancia. De hecho, se aprecia un notable contraste entre la pieza en estudio y otra sanguina casi una década anterior, datada en 1896 (fig. 1), donde la línea es aún homogénea, rígida. En la obra en estudio, en cambio, es patente la evolución de una artista ya magistral en la soltura de su dibujo, su finísima expresividad, en la propia gracia melancólica de la figura. La línea sigue jugando un papel protagonista, pero se ha convertido en un elemento vivo, mutable, que se torna más intenso o pierde fuerza para reflejar la luz y el volumen, incluso el casi imperceptible movimiento de una figura que, pese a su estatismo, está viva. Esta elegancia de la propia línea, ya sea en la descripción de un zapato o de la delicada musculatura de un cuerpo desnudo (fig. 2) será una característica clave en la obra de Valadon. Esta sanguina, fechada en 1905, data de un periodo especialmente fructífero en la vida de Valadon. Casada en 1896 con Paul Mousis, un hombre rico e influyente, la artista pudo centrarse en su carrera artística propia por primera vez en su vida, y pronto comenzó a exponer y vender su obra, obteniendo un notable éxito de crítica. Valadon siempre representó el mundo que la rodeaba y lo hizo desde su propio punto de vista, alejándose deliberadamente de la idealización de la figura femenina tan anclada en la tradición de la historia del arte. Así, en este dibujo retrata una instantánea de la cómoda vida burguesa que disfrutaba por estos años: una mujer vestida con sencilla elegancia se reclina en un sillón de patas talladas y respaldo tapizado. En silencio, con la mirada perdida, cruza relajadamente las piernas y se nos muestra ante un fondo en el que aparece una cama deshecha. Y es que las figuras de Valadon nunca son simplemente cuerpos, sino personajes inmersos en un contexto preciso; como tal, la artista las sitúa en escenarios profundos, con objetos o distintos elementos que construyen un espacio determinado. Lo mismo ocurre en un retrato muy posterior, pintado en 1922 (fig. 3): la artista retrata a su modelo en primer plano, sentada cómodamente y con su gato en el regazo, pero prolonga el espacio en perspectiva y nos deja ver retazos de intimidad: una vieja cómoda, una muñeca, macetas con plantas. Estos objetos, como la cama en el dibujo en estudio, cobran importancia por sí mismos y sitúan a la figura en un escenario específico; completamente moderna, Valadon retrata la vida, la narra, no la inventa ni la suplanta. En otro retrato también de 1922 volvemos a encontrar el mismo recurso (fig. 4): aunque la pintora sitúa un paño estampado tras la figura, abre el espacio en el lado izquierdo e introduce una mesita en escorzo, un jarrón con flores y un fondo de pared cubierta con papel pintado. La figura siempre habita un espacio, y Valadon nos invita a recorrerlo, a reconstruirlo, a través de los detalles únicos que les dan forma y personalidad. Paralelos: Fig. 1 Suzanne Valadon. Anciana y niña desnuda, 1896. Sanguina, 33,5 x 25,2 cm. Centre Pompidou, París, inv. AM 1354 D. Fig. 2 Suzanne Valadon. Mujer desnuda sentada en la cama. Sanguina, 31 x 23,6 cm. Cleveland Museum of Art, inv. 1953.574. Fig. 3 Suzanne Valadon. Retrato de Lily Walton, 1922. Óleo sobre lienzo, 100 x 81 cm. Musée des Beaux-Arts de Limoges. Fig. 4 Suzanne Valadon. Retrato de Madame Lévy, 1922. Óleo sobre lienzo, 92 x 73 cm. Musée des Beaux-Arts de Cambrai.

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Suzanne Valadon (Bessines-sur-Gartempe, Haute-Vienne, 23 de septiembre de 1865 - París, 7 de abril de 1938).

"Mujer".

Sanguina sobre papel.

26 x 29 cm (39,5 x 42,5 cm con el marco).

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho "Suzanne Valadon. 1905". Con etiqueta al dorso de antigua colección.

Buen estado de conservación.

Procedencia: Colección particular, Luxemburgo.

Documentación: Certificado emitido por Gilbert Petrides con número 26.546 el 17 de Mayo de 1999.

Publicación: Millon et associés, Art Moderne 26/4/2014, París. Lot 50.

Descripción:

La maestría para el dibujo de Valadon brilló especialmente en la primera etapa de su carrera, en plena época del Art Nouveau. En contacto con Henri de Toulouse-Lautrec, quien fue su gran amigo además de amante, y quien la representó en algunas de sus obras maestras (“La Buveuse”, 1889, Musée Toulouse-Lautrec), la artista exploró las posibilidades expresivas del dibujo que ya había intuido en sus primeros bocetos, realizados casi compulsivamente desde su infancia. De hecho, se aprecia un notable contraste entre la pieza en estudio y otra sanguina casi una década anterior, datada en 1896 (fig. 1), donde la línea es aún homogénea, rígida. En la obra en estudio, en cambio, es patente la evolución de una artista ya magistral en la soltura de su dibujo, su finísima expresividad, en la propia gracia melancólica de la figura. La línea sigue jugando un papel protagonista, pero se ha convertido en un elemento vivo, mutable, que se torna más intenso o pierde fuerza para reflejar la luz y el volumen, incluso el casi imperceptible movimiento de una figura que, pese a su estatismo, está viva. Esta elegancia de la propia línea, ya sea en la descripción de un zapato o de la delicada musculatura de un cuerpo desnudo (fig. 2) será una característica clave en la obra de Valadon.

Esta sanguina, fechada en 1905, data de un periodo especialmente fructífero en la vida de Valadon. Casada en 1896 con Paul Mousis, un hombre rico e influyente, la artista pudo centrarse en su carrera artística propia por primera vez en su vida, y pronto comenzó a exponer y vender su obra, obteniendo un notable éxito de crítica. Valadon siempre representó el mundo que la rodeaba y lo hizo desde su propio punto de vista, alejándose deliberadamente de la idealización de la figura femenina tan anclada en la tradición de la historia del arte. Así, en este dibujo retrata una instantánea de la cómoda vida burguesa que disfrutaba por estos años: una mujer vestida con sencilla elegancia se reclina en un sillón de patas talladas y respaldo tapizado. En silencio, con la mirada perdida, cruza relajadamente las piernas y se nos muestra ante un fondo en el que aparece una cama deshecha. Y es que las figuras de Valadon nunca son simplemente cuerpos, sino personajes inmersos en un contexto preciso; como tal, la artista las sitúa en escenarios profundos, con objetos o distintos elementos que construyen un espacio determinado. Lo mismo ocurre en un retrato muy posterior, pintado en 1922 (fig. 3): la artista retrata a su modelo en primer plano, sentada cómodamente y con su gato en el regazo, pero prolonga el espacio en perspectiva y nos deja ver retazos de intimidad: una vieja cómoda, una muñeca, macetas con plantas. Estos objetos, como la cama en el dibujo en estudio, cobran importancia por sí mismos y sitúan a la figura en un escenario específico; completamente moderna, Valadon retrata la vida, la narra, no la inventa ni la suplanta. En otro retrato también de 1922 volvemos a encontrar el mismo recurso (fig. 4): aunque la pintora sitúa un paño estampado tras la figura, abre el espacio en el lado izquierdo e introduce una mesita en escorzo, un jarrón con flores y un fondo de pared cubierta con papel pintado. La figura siempre habita un espacio, y Valadon nos invita a recorrerlo, a reconstruirlo, a través de los detalles únicos que les dan forma y personalidad.

Paralelos:

Fig. 1 Suzanne Valadon. Anciana y niña desnuda, 1896. Sanguina, 33,5 x 25,2 cm. Centre Pompidou, París, inv. AM 1354 D.

Fig. 2 Suzanne Valadon. Mujer desnuda sentada en la cama. Sanguina, 31 x 23,6 cm. Cleveland Museum of Art, inv. 1953.574.

Fig. 3 Suzanne Valadon. Retrato de Lily Walton, 1922. Óleo sobre lienzo, 100 x 81 cm. Musée des Beaux-Arts de Limoges.

Fig. 4 Suzanne Valadon. Retrato de Madame Lévy, 1922. Óleo sobre lienzo, 92 x 73 cm. Musée des Beaux-Arts de Cambrai.

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