E. García - EL OBSERVADOR Y LA FLOR XL






Tiene una licenciatura en historia del arte y dirigió el arte moderno y contemporáneo de posguerra en Bonhams.
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E. García presenta la pintura acrílica original EL OBSERVADOR Y LA FLOR XL, 100 x 70 cm, 2026, firmada a mano, en excelente estado, procedente de España, peso 0,6 kg, periodo posterior a 2020, representa un paisaje en palette Fauvismo multicolor.
Descripción del vendedor
EL OBSERVADOR Y LA FLOR es una pintura de 70x100 cm del artista contemporáneo Ernest García. Esta pintura construye un diálogo silencioso entre lo eterno y lo efímero, entre la materia petrificada y la vida orgánica que emerge con obstinación. La escena, de clara resonancia metafísica, sitúa una rosa roja creciendo directamente desde el suelo de una plaza desierta, mientras una cabeza clásica —suspendida en el muro amarillo— parece contemplarla en una quietud absoluta.
La arquitectura es esencial: muros planos, un edificio geométrico al fondo, un cielo nocturno profundo que contrasta con la vibración cálida del amarillo dominante. El espacio recuerda a las plazas suspendidas de la tradición metafísica, donde el tiempo parece detenido y la narrativa queda abierta a la interpretación. La sombra proyectada de la flor se dibuja con nitidez sobre el muro, duplicando su presencia y reforzando la idea de observación, de conciencia y de reflejo.
La cabeza escultórica, de inspiración clásica, aparece separada del cuerpo, como si flotara o emergiera del propio muro. No mira directamente a la flor, pero su orientación sugiere contemplación. Representa la razón, la memoria, la tradición, la mirada histórica. Frente a ella, la rosa encarna lo vivo, lo vulnerable, lo transitorio. Entre ambos elementos se genera una tensión poética: la permanencia frente a la fragilidad.
En el suelo, una rama de espinas atraviesa horizontalmente la composición, introduciendo una línea de resistencia, advertencia o límite. La belleza de la rosa no está exenta de dolor. La espina, extendida como una frontera, actúa como recordatorio de que todo crecimiento implica riesgo.
La paleta, intensa y contrastada, bebe del fauvismo en su audacia cromática: el amarillo vibrante del muro, el azul profundo del cielo, el rojo saturado de la rosa. El color no describe; afirma. Construye emoción y estructura simbólica al mismo tiempo.
La obra sugiere múltiples lecturas: ¿es la cultura la que observa la naturaleza o es la vida la que interpela a la historia? ¿Quién es verdaderamente el observador? La cabeza clásica, desprovista de cuerpo, puede representar la conciencia humana aislada, mientras la flor, enraizada en el suelo, simboliza la persistencia del deseo y la belleza en un entorno desierto.
“El Observador y la Flor” es una pieza de fuerte carga simbólica, donde el silencio arquitectónico y la intensidad cromática construyen una escena de contemplación suspendida. Una obra que articula con precisión técnica y profundidad conceptual el encuentro entre lo clásico y lo vital, entre la memoria y la naturaleza.
Autenticidad y Envío:
La obra es ofrecida directamente por E. García, se vende (SIN MARCO) garantizando su autenticidad mediante un certificado firmado por el propio artista. La pintura será cuidadosamente enrollada y protegida dentro de un tubo de cartón resistente para su envío. Tras la confirmación del pago, se requiere un plazo de tres días para preparar la pieza y enviarla. El tiempo de entrega dependerá del destino, con un plazo máximo de hasta diez días hábiles.
EL OBSERVADOR Y LA FLOR es una pintura de 70x100 cm del artista contemporáneo Ernest García. Esta pintura construye un diálogo silencioso entre lo eterno y lo efímero, entre la materia petrificada y la vida orgánica que emerge con obstinación. La escena, de clara resonancia metafísica, sitúa una rosa roja creciendo directamente desde el suelo de una plaza desierta, mientras una cabeza clásica —suspendida en el muro amarillo— parece contemplarla en una quietud absoluta.
La arquitectura es esencial: muros planos, un edificio geométrico al fondo, un cielo nocturno profundo que contrasta con la vibración cálida del amarillo dominante. El espacio recuerda a las plazas suspendidas de la tradición metafísica, donde el tiempo parece detenido y la narrativa queda abierta a la interpretación. La sombra proyectada de la flor se dibuja con nitidez sobre el muro, duplicando su presencia y reforzando la idea de observación, de conciencia y de reflejo.
La cabeza escultórica, de inspiración clásica, aparece separada del cuerpo, como si flotara o emergiera del propio muro. No mira directamente a la flor, pero su orientación sugiere contemplación. Representa la razón, la memoria, la tradición, la mirada histórica. Frente a ella, la rosa encarna lo vivo, lo vulnerable, lo transitorio. Entre ambos elementos se genera una tensión poética: la permanencia frente a la fragilidad.
En el suelo, una rama de espinas atraviesa horizontalmente la composición, introduciendo una línea de resistencia, advertencia o límite. La belleza de la rosa no está exenta de dolor. La espina, extendida como una frontera, actúa como recordatorio de que todo crecimiento implica riesgo.
La paleta, intensa y contrastada, bebe del fauvismo en su audacia cromática: el amarillo vibrante del muro, el azul profundo del cielo, el rojo saturado de la rosa. El color no describe; afirma. Construye emoción y estructura simbólica al mismo tiempo.
La obra sugiere múltiples lecturas: ¿es la cultura la que observa la naturaleza o es la vida la que interpela a la historia? ¿Quién es verdaderamente el observador? La cabeza clásica, desprovista de cuerpo, puede representar la conciencia humana aislada, mientras la flor, enraizada en el suelo, simboliza la persistencia del deseo y la belleza en un entorno desierto.
“El Observador y la Flor” es una pieza de fuerte carga simbólica, donde el silencio arquitectónico y la intensidad cromática construyen una escena de contemplación suspendida. Una obra que articula con precisión técnica y profundidad conceptual el encuentro entre lo clásico y lo vital, entre la memoria y la naturaleza.
Autenticidad y Envío:
La obra es ofrecida directamente por E. García, se vende (SIN MARCO) garantizando su autenticidad mediante un certificado firmado por el propio artista. La pintura será cuidadosamente enrollada y protegida dentro de un tubo de cartón resistente para su envío. Tras la confirmación del pago, se requiere un plazo de tres días para preparar la pieza y enviarla. El tiempo de entrega dependerá del destino, con un plazo máximo de hasta diez días hábiles.
