Trevisan Carlo - Marina con bambina






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Carlo Trevisan, Marina con bambina (2024), cuadro original en óleo de surrealismo, paisaje marino, 60 × 80 cm, firmado a mano, en excelentes condiciones, Italia, vendido directamente por el artista.
Descripción del vendedor
Esta obra de Carlo Trevisan, titulada Marina con niña, es un ensayo magistral de minimalismo figurativo y suspensión metafísica. La pintura se sostiene en un contraste cromático casi violento, donde la única nota cálida —el naranja vibrante de la prenda— quiebra una composición de otro modo dominada por una escala de azules cerúleos y grises polvorientos.
La elección de no definir los rasgos somáticos de la figura central no es una sustracción, sino una adición de significado. La "niña" deja de ser un individuo específico para convertirse en un arquetipo, un símbolo de espera o de soledad meditativa.
Trevisan juega con una perspectiva más etérea. El fondo, que insinúa un paisaje marino o una extensión abstracta, está habitado por figuras diminutas —una silueta solitaria a la izquierda, pequeñas velas a la derecha— que acentúan el sentido de inmensidad e aislamiento.
La técnica al óleo se realiza con una suavidad casi aerografiada, pero es pintura al óleo. Las tonalidades que definen los volúmenes de la falda y de las piernas sugieren una luz rasante, típica de un crepúsculo infinito o de una mañana suspendida en el tiempo.
La obra evoca las atmósferas del Realismo Mágico de Trevisan, filtradas sin embargo a través de una sensibilidad contemporánea que predilega la síntesis geométrica. Trevisan logra capturar ese "silencio atronador" típico de los momentos de introspección, donde el sujeto parece situarse simultáneamente en el centro del mundo y totalmente fuera de él.
"En este cuadro, el naranja no es solo un color, sino un latido cardíaco en un universo inmóvil."
Esta obra de Carlo Trevisan, titulada Marina con niña, es un ensayo magistral de minimalismo figurativo y suspensión metafísica. La pintura se sostiene en un contraste cromático casi violento, donde la única nota cálida —el naranja vibrante de la prenda— quiebra una composición de otro modo dominada por una escala de azules cerúleos y grises polvorientos.
La elección de no definir los rasgos somáticos de la figura central no es una sustracción, sino una adición de significado. La "niña" deja de ser un individuo específico para convertirse en un arquetipo, un símbolo de espera o de soledad meditativa.
Trevisan juega con una perspectiva más etérea. El fondo, que insinúa un paisaje marino o una extensión abstracta, está habitado por figuras diminutas —una silueta solitaria a la izquierda, pequeñas velas a la derecha— que acentúan el sentido de inmensidad e aislamiento.
La técnica al óleo se realiza con una suavidad casi aerografiada, pero es pintura al óleo. Las tonalidades que definen los volúmenes de la falda y de las piernas sugieren una luz rasante, típica de un crepúsculo infinito o de una mañana suspendida en el tiempo.
La obra evoca las atmósferas del Realismo Mágico de Trevisan, filtradas sin embargo a través de una sensibilidad contemporánea que predilega la síntesis geométrica. Trevisan logra capturar ese "silencio atronador" típico de los momentos de introspección, donde el sujeto parece situarse simultáneamente en el centro del mundo y totalmente fuera de él.
"En este cuadro, el naranja no es solo un color, sino un latido cardíaco en un universo inmóvil."
