Sylvain Barberot - Kiss me

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Anthony Chrisp
Experto
Seleccionado por Anthony Chrisp

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Kiss me es una escultura de cráneo de caramelo de Sylvain Barberot, con 19 cm de alto, 11 cm de ancho y 17 cm de profundidad, pesa 4 kg, firmada a mano, creada en 2026, estilo contemporáneo, originaria de Francia, vendida directamente por el artista.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

"Kiss me" es el molde de un cráneo humano realizado en caramelo. Este cráneo está suspendido a 1,7 m del suelo y a 37 cm de la pared de modo que el espectador pueda lamerlo, besarle. Besar a la muerte con la esperanza de hacerla desaparecer. Se trata, por tanto, de una obra no perenne y destinada a no sobrevivir al tiempo.

La obra Kiss se inscribe con una notable lucidez en la tradición de las vanidades, proponiendo al mismo tiempo una reinterpretación profundamente contemporánea y participativa. A primera vista, el objeto impone una presencia inquietante: un cráneo humano, forma universal de la mortalidad, aquí reproduce con una precisión casi anatómica, pero transfigurado por una materia inesperada, el caramelo. Esta sustancia, a la vez seductora y perecedera, introduce una tensión inmediata entre atracción y repulsión.

La elección del caramelo no es inocente. Evoca el universo de la infancia, el placer dulce, el deseo inmediato. Sin embargo, esta dulzura se aplica a la representación de la muerte, creando un contraste asombroso. Donde las vanidades clásicas oponían riqueza y fugacidad, Kiss pone en escena una dialéctica entre consumo y desaparición. El espectador ya no se enfrenta simplemente a la imagen de la muerte: se le invita a participar físicamente.

La dimensión participativa de la obra constituye su gesto más radical. Suspendido a la altura de la boca, el cráneo se vuelve accesible, casi ofrecido. El título, Kiss, introduce una ambigüedad esencial: ¿se trata de un beso, gesto de afecto e intimidad, o de un contacto más primitivo, el de la lengua que prueba, que extrae, que altera? Al lamer la obra, el espectador inicia su propio cuerpo en un proceso de transformación. Se convierte en agente de la erosión, actor de la desaparición progresiva de la forma.

Así, la obra no se limita a representar la vanidad: la performa. Cada interacción reduce el objeto, lo deforma, hasta su eventual aniquilación. El tiempo, habitualmente insinuado en las vanidades tradicionales, aquí se acelera y se vuelve visible. La degradación ya no es abstracta, es tangible, casi íntima. Este acto de consumo remite también a una forma de canibalismo simbólico: absorber el cráneo es incorporar la muerte, hacerla momentáneamente suya.

Por otra parte, Kiss interroga la relación entre la obra y el espectador en el contexto contemporáneo. Donde el arte suele estar protegido, sacralizado, aquí resulta vulnerable, expuesto, dependiente de los gestos del público. La obra acepta su propia fin como condición de su existencia. Solo está completa en su desaparición programada.

En definitiva, Kiss propone una meditación incisiva sobre la finitud humana, transformando un motivo clásico en una experiencia sensorial y colectiva. Entre deseo y destrucción, delicadeza y macabro, recuerda que todo goce es efímero, y que la desaparición no es solo una idea, sino un proceso al que participamos, a veces con una deleitosa inquietud.

"Kiss me" es el molde de un cráneo humano realizado en caramelo. Este cráneo está suspendido a 1,7 m del suelo y a 37 cm de la pared de modo que el espectador pueda lamerlo, besarle. Besar a la muerte con la esperanza de hacerla desaparecer. Se trata, por tanto, de una obra no perenne y destinada a no sobrevivir al tiempo.

La obra Kiss se inscribe con una notable lucidez en la tradición de las vanidades, proponiendo al mismo tiempo una reinterpretación profundamente contemporánea y participativa. A primera vista, el objeto impone una presencia inquietante: un cráneo humano, forma universal de la mortalidad, aquí reproduce con una precisión casi anatómica, pero transfigurado por una materia inesperada, el caramelo. Esta sustancia, a la vez seductora y perecedera, introduce una tensión inmediata entre atracción y repulsión.

La elección del caramelo no es inocente. Evoca el universo de la infancia, el placer dulce, el deseo inmediato. Sin embargo, esta dulzura se aplica a la representación de la muerte, creando un contraste asombroso. Donde las vanidades clásicas oponían riqueza y fugacidad, Kiss pone en escena una dialéctica entre consumo y desaparición. El espectador ya no se enfrenta simplemente a la imagen de la muerte: se le invita a participar físicamente.

La dimensión participativa de la obra constituye su gesto más radical. Suspendido a la altura de la boca, el cráneo se vuelve accesible, casi ofrecido. El título, Kiss, introduce una ambigüedad esencial: ¿se trata de un beso, gesto de afecto e intimidad, o de un contacto más primitivo, el de la lengua que prueba, que extrae, que altera? Al lamer la obra, el espectador inicia su propio cuerpo en un proceso de transformación. Se convierte en agente de la erosión, actor de la desaparición progresiva de la forma.

Así, la obra no se limita a representar la vanidad: la performa. Cada interacción reduce el objeto, lo deforma, hasta su eventual aniquilación. El tiempo, habitualmente insinuado en las vanidades tradicionales, aquí se acelera y se vuelve visible. La degradación ya no es abstracta, es tangible, casi íntima. Este acto de consumo remite también a una forma de canibalismo simbólico: absorber el cráneo es incorporar la muerte, hacerla momentáneamente suya.

Por otra parte, Kiss interroga la relación entre la obra y el espectador en el contexto contemporáneo. Donde el arte suele estar protegido, sacralizado, aquí resulta vulnerable, expuesto, dependiente de los gestos del público. La obra acepta su propia fin como condición de su existencia. Solo está completa en su desaparición programada.

En definitiva, Kiss propone una meditación incisiva sobre la finitud humana, transformando un motivo clásico en una experiencia sensorial y colectiva. Entre deseo y destrucción, delicadeza y macabro, recuerda que todo goce es efímero, y que la desaparición no es solo una idea, sino un proceso al que participamos, a veces con una deleitosa inquietud.

Datos

Era
Posterior a 2000
Vendido por
Directamente del artista
País de origen
Francia
Estilo
Contemporáneo
Material
caramel
Artista
Sylvain Barberot
Título de la obra
Kiss me
Firma
Firmado a mano
Año
2026
Estado
En excelente estado
Alto
19 cm
Ancho
11 cm
Profundidad
17 cm
Peso
4000 g
Vendido por
FranciaVerificado
10
Objetos vendidos
Particular

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