Arthur Rhodes (1944) - Giallo Cromo n.1889






Máster en Innovación y Organización de las Artes, diez años en arte italiano contemporáneo.
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Arthur Rhodes, Giallo Cromo n.1889, original de 1983 en óleo sobre lienzo en formato retrato, 95 × 76 cm, con marco, peso 3,200 kg, procedente del Reino Unido, firmado y fechado en la esquina inferior derecha, estilo postimpresionista con colores verde, azul, amarillo, beige y multicolor.
Descripción del vendedor
Arthur Rhodes “Giallo Cromo n.1889”
Este extraordinario e imponente lienzo al óleo, de grandes dimensiones: 95 x 76 cm con una profundidad de 2 cm y un peso estructural de 3,200 kg, representa una parodia refinada, irreverente y culta del célebre Autorretrato de Vincent van Gogh de 1889 conservado en el Museo d'Orsay.
La obra lleva la firma original del artista Arthur Rhodes ( ilustrador y viñetista del New York Times) y la datación 1983 en la esquina inferior derecha, configurándose como una pieza única de excepcional impacto visual e inteligencia conceptual.
El pintor reinterpreta magistralmente el lenguaje postimpresionista del maestro holandés, introduciendo un elemento de asombro y ironía en la cotidianeidad, el acto doméstico e íntimo de lavarse los dientes.
Sin embargo, la ironía se hace profunda y trágica en el momento en que se observa el objeto del lavado: Van Gogh no está usando dentífrico común, sino que está exprimiendo un tubo de pintura al óleo, cuya etiqueta lee claramente Jaune, es decir, el color amarillo.
Este detalle no es una simple gag visual, sino una referencia historiográfica poderosísima y culta a los trastornos psíquicos que afligen a Van Gogh durante su estancia en Arles; diversas testimonianzas de la época cuentan que, en los momentos de mayor crisis, el maestro intentaba ingerir sus propios colores, en particular el amarillo cromo, color que amaba loca y en el que identificaba la luz, el sol y una forma de calor vital y salvador.
En la obra de Rhodes, el gesto de lavarse los dientes con la pintura amarilla se convierte en una metáfora de la pintura que penetra literal y fisicamente en el cuerpo del artista, nutriéndolo y al mismo tiempo desgastándolo.
La espuma amarilla que cae visiblemente de la boca y mancha el cuello de la chaqueta azul-verdosa simboliza la obsesión cromática que traspasa los límites del lienzo para hacerse carne.
Desde el punto de vista técnico, el autor replica con una extraordinaria pericia estilística el característico toque dinámico y atormentado de Van Gogh.
El fondo es un vórtigo hipnótico de pinceladas onduladas en tonos blanco, celeste y azul que evocan explícitamente las atmósferas turbulentas de la Noche Estrellada y del cielo del autorretrato original, creando una sensación de movimiento perpetuo y de tensión psicológica.
El rostro del artista, capturado con una mirada penetrante y alucinada por las intensas sombras verdes y anaranjadas, muestra una fuerte tridimensionalidad material, acentuada por un denso y vibrante trazado que modela la musculatura facial y la expresión concentrada.
La mano izquierda sostiene el tubo con un agarre firme y realista, mientras la derecha maneja el cepillo de dientes verde con una gestualidad que une la cotidianidad de la rutina diaria a la solemnidad de un ritual artístico.
La obra, enmarcada por una sobria y elegante moldura de madera oscura que realza su paleta cromática fría, se presenta en excelentes condiciones de conservación, mostrando una textura pictórica rica, densa y vibrante, ideal para coleccionistas exigentes de arte contemporáneo, de vanguardia o para amantes del binomio entre la gran historia del arte y la sátira conceptual.
Arthur Rhodes “Yellow Cromo n.1889”
This extraordinary and commanding oil on canvas painting, measuring an impressive 95 by 76 cm with a depth of 2 cm and a total weight of 3.200 kg, represents a highly sophisticated, irreverent, and intellectually sharp parody of Vincent van Gogh's iconic 1889 Self-Portrait housed in the Musée d'Orsay.
The artwork is hand-signed and dated in the lower right corner by the artist Arthur Rhodes ( worked For New York Times), 1983, making it a unique and compelling piece of contemporary art history. Rhodes masterfully replicates the post-impressionist visual vocabulary of the Dutch master while injecting a surreal element of mundane domesticity, the intimate act of brushing one's teeth.
The irony, however, runs far deeper than a superficial comic sketch, upon closer inspection, Van Gogh is not using toothpaste but is instead squeezing a tube of artist oil paint, explicitly labeled with the French word Jaune, meaning yellow.
This precise detail is a brilliant historiographical reference to the severe psychological crises that tormented Van Gogh during his time in Arles, historical records and letters note that during his most intense episodes of mental distress, Van Gogh attempted to ingest his own pigments, specifically the chrome yellow he so deeply worshiped, a color he associated with pure sunlight, warmth, and spiritual salvation.
In Rhodes' interpretation, the act of brushing his teeth with yellow paint becomes a poignant metaphor for a painter whose art literally consumes him from the inside out, the bright yellow pigment spilling from his mouth and dripping onto his teal jacket symbolises an artistic obsession so absolute that it transcends the canvas to contaminate the body. Technically, the painting demonstrates an exceptional command of the post-impressionist style, the background is rendered in an impasto Arthur Rhodes “Giallo Cromo n.1889” featuring a hypnotic vortex of swirling brushstrokes in shades of white, turquoise, and pale blue, directly evoking the turbulent sky of The Starry Night and the restless energy of the original self-portrait.
The facial features are defined by short, rhythmic strokes of contrasting green and orange tones, capturing the piercing, hallucinatory gaze that is so characteristic of Van Gogh's late psychological portraits.
The left hand firmly grasps the metal paint tube, showing realistic anatomical detail, while the right hand maneuvers a green toothbrush, transforming a trivial morning routine into a solemn and tragic artistic ritual.
Enclosed in a simple, dark wooden frame that perfectly complements the cool, vibrant palette of the canvas, this artwork is in excellent state of preservation, its thick, rich textual surface offers remarkable visual depth, making it a stellar acquisition for discerning collectors of modern art, post-impressionist homages, and conceptually driven visual satire.
Arthur Rhodes “Giallo Cromo n.1889”
Este extraordinario e imponente lienzo al óleo, de grandes dimensiones: 95 x 76 cm con una profundidad de 2 cm y un peso estructural de 3,200 kg, representa una parodia refinada, irreverente y culta del célebre Autorretrato de Vincent van Gogh de 1889 conservado en el Museo d'Orsay.
La obra lleva la firma original del artista Arthur Rhodes ( ilustrador y viñetista del New York Times) y la datación 1983 en la esquina inferior derecha, configurándose como una pieza única de excepcional impacto visual e inteligencia conceptual.
El pintor reinterpreta magistralmente el lenguaje postimpresionista del maestro holandés, introduciendo un elemento de asombro y ironía en la cotidianeidad, el acto doméstico e íntimo de lavarse los dientes.
Sin embargo, la ironía se hace profunda y trágica en el momento en que se observa el objeto del lavado: Van Gogh no está usando dentífrico común, sino que está exprimiendo un tubo de pintura al óleo, cuya etiqueta lee claramente Jaune, es decir, el color amarillo.
Este detalle no es una simple gag visual, sino una referencia historiográfica poderosísima y culta a los trastornos psíquicos que afligen a Van Gogh durante su estancia en Arles; diversas testimonianzas de la época cuentan que, en los momentos de mayor crisis, el maestro intentaba ingerir sus propios colores, en particular el amarillo cromo, color que amaba loca y en el que identificaba la luz, el sol y una forma de calor vital y salvador.
En la obra de Rhodes, el gesto de lavarse los dientes con la pintura amarilla se convierte en una metáfora de la pintura que penetra literal y fisicamente en el cuerpo del artista, nutriéndolo y al mismo tiempo desgastándolo.
La espuma amarilla que cae visiblemente de la boca y mancha el cuello de la chaqueta azul-verdosa simboliza la obsesión cromática que traspasa los límites del lienzo para hacerse carne.
Desde el punto de vista técnico, el autor replica con una extraordinaria pericia estilística el característico toque dinámico y atormentado de Van Gogh.
El fondo es un vórtigo hipnótico de pinceladas onduladas en tonos blanco, celeste y azul que evocan explícitamente las atmósferas turbulentas de la Noche Estrellada y del cielo del autorretrato original, creando una sensación de movimiento perpetuo y de tensión psicológica.
El rostro del artista, capturado con una mirada penetrante y alucinada por las intensas sombras verdes y anaranjadas, muestra una fuerte tridimensionalidad material, acentuada por un denso y vibrante trazado que modela la musculatura facial y la expresión concentrada.
La mano izquierda sostiene el tubo con un agarre firme y realista, mientras la derecha maneja el cepillo de dientes verde con una gestualidad que une la cotidianidad de la rutina diaria a la solemnidad de un ritual artístico.
La obra, enmarcada por una sobria y elegante moldura de madera oscura que realza su paleta cromática fría, se presenta en excelentes condiciones de conservación, mostrando una textura pictórica rica, densa y vibrante, ideal para coleccionistas exigentes de arte contemporáneo, de vanguardia o para amantes del binomio entre la gran historia del arte y la sátira conceptual.
Arthur Rhodes “Yellow Cromo n.1889”
This extraordinary and commanding oil on canvas painting, measuring an impressive 95 by 76 cm with a depth of 2 cm and a total weight of 3.200 kg, represents a highly sophisticated, irreverent, and intellectually sharp parody of Vincent van Gogh's iconic 1889 Self-Portrait housed in the Musée d'Orsay.
The artwork is hand-signed and dated in the lower right corner by the artist Arthur Rhodes ( worked For New York Times), 1983, making it a unique and compelling piece of contemporary art history. Rhodes masterfully replicates the post-impressionist visual vocabulary of the Dutch master while injecting a surreal element of mundane domesticity, the intimate act of brushing one's teeth.
The irony, however, runs far deeper than a superficial comic sketch, upon closer inspection, Van Gogh is not using toothpaste but is instead squeezing a tube of artist oil paint, explicitly labeled with the French word Jaune, meaning yellow.
This precise detail is a brilliant historiographical reference to the severe psychological crises that tormented Van Gogh during his time in Arles, historical records and letters note that during his most intense episodes of mental distress, Van Gogh attempted to ingest his own pigments, specifically the chrome yellow he so deeply worshiped, a color he associated with pure sunlight, warmth, and spiritual salvation.
In Rhodes' interpretation, the act of brushing his teeth with yellow paint becomes a poignant metaphor for a painter whose art literally consumes him from the inside out, the bright yellow pigment spilling from his mouth and dripping onto his teal jacket symbolises an artistic obsession so absolute that it transcends the canvas to contaminate the body. Technically, the painting demonstrates an exceptional command of the post-impressionist style, the background is rendered in an impasto Arthur Rhodes “Giallo Cromo n.1889” featuring a hypnotic vortex of swirling brushstrokes in shades of white, turquoise, and pale blue, directly evoking the turbulent sky of The Starry Night and the restless energy of the original self-portrait.
The facial features are defined by short, rhythmic strokes of contrasting green and orange tones, capturing the piercing, hallucinatory gaze that is so characteristic of Van Gogh's late psychological portraits.
The left hand firmly grasps the metal paint tube, showing realistic anatomical detail, while the right hand maneuvers a green toothbrush, transforming a trivial morning routine into a solemn and tragic artistic ritual.
Enclosed in a simple, dark wooden frame that perfectly complements the cool, vibrant palette of the canvas, this artwork is in excellent state of preservation, its thick, rich textual surface offers remarkable visual depth, making it a stellar acquisition for discerning collectors of modern art, post-impressionist homages, and conceptually driven visual satire.
