Miquel Torner de Semir (1938) - La sombra interior

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Miquel Torner de Semir, La sombra interior, óleo sobre tela, Original, 2000–2010, firmado a mano, en buen estado, España, vendido por Galería, con marco, tamaño de la obra 50 × 40 cm, tamaño del marco 70 × 58 × 5 cm.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Miquel Torner de Semir, que representa a una mujer de perfil acompañada por una silueta interior y un ave integrada en su cabello, simbolizando la identidad, la imaginación, la libertad y la profundidad de sus pensamientos. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones del marco: 70x58x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 50x40 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Miquel Torner de Semir.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).


La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un retrato femenino de perfil lleno de delicadeza, imaginación y fuerza expresiva. La figura aparece orientada hacia la izquierda, con la mirada serena y el rostro suavemente elevado, mientras una gran silueta paralela parece acompañarla desde el fondo. La composición combina la precisión del perfil con un entorno de formas libres, colores intensos y elementos evocadores, creando una imagen situada entre la realidad, el sueño y el mundo interior.

El rostro de la protagonista constituye el principal centro emocional de la obra. Su perfil está definido mediante una línea oscura y elegante que recorre la frente, la nariz, los labios, el mentón y el cuello. Esta continuidad proporciona claridad a la figura y refuerza la delicadeza de sus facciones. El gesto contenido transmite introspección, calma y una suave melancolía, como si la mujer permaneciera concentrada en un pensamiento íntimo.

La mirada, dirigida hacia un punto situado fuera de la composición, aporta misterio a la escena. El ojo, representado con gran sencillez, resulta especialmente expresivo por la inclinación del párpado y la ligera elevación de la ceja. La protagonista no parece observar un objeto concreto, sino contemplar algo lejano o invisible, quizá un recuerdo, un deseo o una imagen nacida de su propia imaginación.

Los tonos empleados en el rostro son suaves y cálidos. Rosas pálidos, beige, grises claros y pequeños matices azulados modelan la piel, mientras una nota rojiza acentúa discretamente los labios. Estos colores proporcionan humanidad y sensibilidad a la figura, contrastando con la intensidad de las formas oscuras y azuladas que se acumulan alrededor de su cabeza.

El cabello aparece construido como una masa dinámica de negros, grises, tierras y tonos azulados. Las formas se superponen y se expanden hacia la derecha, creando una sensación de movimiento semejante a una ráfaga de viento. Lejos de presentarse como un elemento ordenado, el cabello parece transformarse en materia libre, incorporando distintas formas que enriquecen el carácter fantástico del retrato.

Entre el cabello se distingue la cabeza de un ave de gran presencia visual. Su ojo azul destaca sobre los tonos negros, marrones y beige, estableciendo un segundo punto de atención dentro de la obra. El ave parece integrarse completamente en la cabellera, como si formara parte de la identidad o del pensamiento de la protagonista. Su presencia introduce una dimensión simbólica que puede relacionarse con la libertad, la intuición, la vigilancia o el deseo de elevarse.

La mirada del ave se dirige hacia la misma zona que el rostro femenino, reforzando la unión entre ambas figuras. Mujer y animal parecen compartir una misma orientación y un mismo impulso interior. Esta correspondencia visual sugiere una conexión profunda entre la protagonista y la naturaleza, como si el ave representara una cualidad oculta de su personalidad o una parte instintiva de su ser.

En la parte superior se despliega una rica sucesión de formas decorativas que recuerdan hojas, plumas, ramas y estampaciones vegetales. Los azules, violetas, granates y rosas se distribuyen sobre el fondo claro creando una especie de corona imaginaria. Estos elementos envuelven la cabeza de la mujer y amplían visualmente su universo interior, convirtiendo el retrato en una composición exuberante y poética.

Algunas formas aparecen organizadas mediante pequeñas repeticiones y líneas paralelas, mientras otras se extienden de manera más espontánea. Esta combinación entre orden y libertad genera un ritmo muy atractivo. Los motivos recuerdan huellas de plantas, alas o fragmentos de un jardín fantástico, aportando una sensación orgánica y conectando a la protagonista con un entorno simbólico.

Uno de los elementos más sugerentes de la obra es la gran silueta situada detrás del rostro. Su contorno reproduce aproximadamente la forma de otro perfil femenino, mucho más amplio y vacío, que se extiende hacia la parte superior izquierda. Esta presencia puede interpretarse como una sombra, un reflejo, una memoria o una segunda identidad que acompaña silenciosamente a la figura principal.

La relación entre ambos perfiles aporta profundidad emocional. El rostro visible representa la identidad exterior, concreta y reconocible, mientras la silueta puede simbolizar aquello que permanece oculto: los pensamientos, el pasado, los sueños o una versión interior de la propia protagonista. La obra establece así un diálogo entre presencia y ausencia, entre lo que se muestra y lo que únicamente puede intuirse.

El fondo se divide visualmente entre una zona azulada y otra dominada por rosas y corales intensos. El azul aporta calma, introspección y una sensación de amplitud, mientras el rosa introduce energía, calidez y emoción. La protagonista se sitúa justo entre ambos universos cromáticos, como si su figura actuara de puente entre serenidad y pasión.

Las manchas rosadas de la parte derecha envuelven el cuello y el cabello mediante una luminosidad vibrante. Su intensidad contrasta con la expresión tranquila de la mujer y añade fuerza al conjunto. Por su parte, los azules y blancos de la izquierda crean un espacio más abierto y silencioso hacia el que se dirige la mirada. Esta oposición cromática refuerza el sentido narrativo de la composición.

La figura aparece representada sin un contexto concreto, lo que permite centrar toda la atención en su dimensión psicológica y simbólica. No conocemos su identidad ni el motivo de su contemplación, pero su actitud despierta una inmediata sensación de empatía. El espectador queda invitado a completar la historia, proyectando sobre el retrato sus propias emociones e interpretaciones.

La obra puede entenderse como una celebración de la sensibilidad y de la complejidad del mundo femenino. La mujer no aparece definida únicamente por su belleza exterior, sino rodeada por símbolos que hablan de imaginación, libertad, memoria y transformación. El ave, la sombra y las formas vegetales convierten su pensamiento en un espacio visible y lleno de vida.

En conjunto, la obra ofrece un retrato femenino de gran fuerza poética, en el que una mujer de perfil aparece acompañada por la silueta de otro rostro, un ave integrada en su cabello y una abundancia de formas orgánicas. La combinación de azules, violetas, negros y rosas crea una atmósfera sensible y misteriosa que habla de identidad, libertad y vida interior. Es una composición original y elegante, capaz de aportar personalidad, color y una profunda dimensión emocional a cualquier espacio.

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Miquel Torner de Semir, que representa a una mujer de perfil acompañada por una silueta interior y un ave integrada en su cabello, simbolizando la identidad, la imaginación, la libertad y la profundidad de sus pensamientos. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones del marco: 70x58x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 50x40 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Miquel Torner de Semir.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).


La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un retrato femenino de perfil lleno de delicadeza, imaginación y fuerza expresiva. La figura aparece orientada hacia la izquierda, con la mirada serena y el rostro suavemente elevado, mientras una gran silueta paralela parece acompañarla desde el fondo. La composición combina la precisión del perfil con un entorno de formas libres, colores intensos y elementos evocadores, creando una imagen situada entre la realidad, el sueño y el mundo interior.

El rostro de la protagonista constituye el principal centro emocional de la obra. Su perfil está definido mediante una línea oscura y elegante que recorre la frente, la nariz, los labios, el mentón y el cuello. Esta continuidad proporciona claridad a la figura y refuerza la delicadeza de sus facciones. El gesto contenido transmite introspección, calma y una suave melancolía, como si la mujer permaneciera concentrada en un pensamiento íntimo.

La mirada, dirigida hacia un punto situado fuera de la composición, aporta misterio a la escena. El ojo, representado con gran sencillez, resulta especialmente expresivo por la inclinación del párpado y la ligera elevación de la ceja. La protagonista no parece observar un objeto concreto, sino contemplar algo lejano o invisible, quizá un recuerdo, un deseo o una imagen nacida de su propia imaginación.

Los tonos empleados en el rostro son suaves y cálidos. Rosas pálidos, beige, grises claros y pequeños matices azulados modelan la piel, mientras una nota rojiza acentúa discretamente los labios. Estos colores proporcionan humanidad y sensibilidad a la figura, contrastando con la intensidad de las formas oscuras y azuladas que se acumulan alrededor de su cabeza.

El cabello aparece construido como una masa dinámica de negros, grises, tierras y tonos azulados. Las formas se superponen y se expanden hacia la derecha, creando una sensación de movimiento semejante a una ráfaga de viento. Lejos de presentarse como un elemento ordenado, el cabello parece transformarse en materia libre, incorporando distintas formas que enriquecen el carácter fantástico del retrato.

Entre el cabello se distingue la cabeza de un ave de gran presencia visual. Su ojo azul destaca sobre los tonos negros, marrones y beige, estableciendo un segundo punto de atención dentro de la obra. El ave parece integrarse completamente en la cabellera, como si formara parte de la identidad o del pensamiento de la protagonista. Su presencia introduce una dimensión simbólica que puede relacionarse con la libertad, la intuición, la vigilancia o el deseo de elevarse.

La mirada del ave se dirige hacia la misma zona que el rostro femenino, reforzando la unión entre ambas figuras. Mujer y animal parecen compartir una misma orientación y un mismo impulso interior. Esta correspondencia visual sugiere una conexión profunda entre la protagonista y la naturaleza, como si el ave representara una cualidad oculta de su personalidad o una parte instintiva de su ser.

En la parte superior se despliega una rica sucesión de formas decorativas que recuerdan hojas, plumas, ramas y estampaciones vegetales. Los azules, violetas, granates y rosas se distribuyen sobre el fondo claro creando una especie de corona imaginaria. Estos elementos envuelven la cabeza de la mujer y amplían visualmente su universo interior, convirtiendo el retrato en una composición exuberante y poética.

Algunas formas aparecen organizadas mediante pequeñas repeticiones y líneas paralelas, mientras otras se extienden de manera más espontánea. Esta combinación entre orden y libertad genera un ritmo muy atractivo. Los motivos recuerdan huellas de plantas, alas o fragmentos de un jardín fantástico, aportando una sensación orgánica y conectando a la protagonista con un entorno simbólico.

Uno de los elementos más sugerentes de la obra es la gran silueta situada detrás del rostro. Su contorno reproduce aproximadamente la forma de otro perfil femenino, mucho más amplio y vacío, que se extiende hacia la parte superior izquierda. Esta presencia puede interpretarse como una sombra, un reflejo, una memoria o una segunda identidad que acompaña silenciosamente a la figura principal.

La relación entre ambos perfiles aporta profundidad emocional. El rostro visible representa la identidad exterior, concreta y reconocible, mientras la silueta puede simbolizar aquello que permanece oculto: los pensamientos, el pasado, los sueños o una versión interior de la propia protagonista. La obra establece así un diálogo entre presencia y ausencia, entre lo que se muestra y lo que únicamente puede intuirse.

El fondo se divide visualmente entre una zona azulada y otra dominada por rosas y corales intensos. El azul aporta calma, introspección y una sensación de amplitud, mientras el rosa introduce energía, calidez y emoción. La protagonista se sitúa justo entre ambos universos cromáticos, como si su figura actuara de puente entre serenidad y pasión.

Las manchas rosadas de la parte derecha envuelven el cuello y el cabello mediante una luminosidad vibrante. Su intensidad contrasta con la expresión tranquila de la mujer y añade fuerza al conjunto. Por su parte, los azules y blancos de la izquierda crean un espacio más abierto y silencioso hacia el que se dirige la mirada. Esta oposición cromática refuerza el sentido narrativo de la composición.

La figura aparece representada sin un contexto concreto, lo que permite centrar toda la atención en su dimensión psicológica y simbólica. No conocemos su identidad ni el motivo de su contemplación, pero su actitud despierta una inmediata sensación de empatía. El espectador queda invitado a completar la historia, proyectando sobre el retrato sus propias emociones e interpretaciones.

La obra puede entenderse como una celebración de la sensibilidad y de la complejidad del mundo femenino. La mujer no aparece definida únicamente por su belleza exterior, sino rodeada por símbolos que hablan de imaginación, libertad, memoria y transformación. El ave, la sombra y las formas vegetales convierten su pensamiento en un espacio visible y lleno de vida.

En conjunto, la obra ofrece un retrato femenino de gran fuerza poética, en el que una mujer de perfil aparece acompañada por la silueta de otro rostro, un ave integrada en su cabello y una abundancia de formas orgánicas. La combinación de azules, violetas, negros y rosas crea una atmósfera sensible y misteriosa que habla de identidad, libertad y vida interior. Es una composición original y elegante, capaz de aportar personalidad, color y una profunda dimensión emocional a cualquier espacio.

Datos

Artista
Miquel Torner de Semir (1938)
Se vende con marco
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
La sombra interior
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
70 cm
Ancho
58 cm
Estilo
Barroco
Periodo
2000 - 2010
Vendido por
EspañaVerificado
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