Euclide & Tartaglia - Scientie Mathematice - 1585

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Volker Riepenhausen
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Scientie Mathematice de Euclide y Tartaglia, 1ª edición italiana de 1585, encuadernación de pergamina, 315 páginas, italiano, en buen estado.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Euclídes Megarense, 1585

La geometría como fundamento de la razón, del conocimiento y de la civilización

Presentación histórico-científica de una edición veneciana de los Elementos de Euclides, curada por Niccolò Tartaglia y publicada por los herederos de Troiano Navò.

1. Introducción: un libro que cruza los siglos

la obra que hoy tenemos el privilegio de admirar no es simplemente un antiguo volumen impreso. Es un testimonio tangible de uno de los recorridos más extraordinarios de la historia intelectual europea: la transmisión del saber matemático desde la antigüedad clásica hasta el Renacimiento, a través del trabajo de los estudiosos, la cultura humanística y la revolución de la imprenta.

La portada ostenta un título elocuente: Euclídes Megarense, acutissimus philosopho, solo introducitore delle scientie mathematice. Siguen las indicaciones relativas al trabajo de Niccolò Tartaglia, a la revisión del texto y a la exposición destinada a facilitar su comprensión.

El ejemplar aquí presentado pertenece a la edición veneciana de 1585, impresa por los herederos de Troiano Navò, en la librería llamada «del León».

Su importancia reside tanto en el contenido como en la historia material que alberga: el papel, los tipos de imprenta, los grabados geométricos y las señales del tiempo nos devuelven el mundo de una cultura que consideraba el conocimiento una conquista para preservar y transmitir.

Cada página representa así un punto de encuentro entre la antigua Grecia, la inventiva renacentista y la incipiente modernidad científica.

2. Euclídes: el maestro de la geometría racional

Para comprender el valor de esta obra, debemos remontarnos a Euclídes de Alejandría, matemático activo alrededor del 300 a. C., durante la era helenística.

Conviene precisar que el título de la edición utiliza la denominación «Euclídes Megarense», una atribución histórica hoy reconocida como errónea: el matemático de los Elementos se distingue del filósofo Euclídes de Megara.

La tradición atribuye a Euclídes la organización de los Elementos, uno de los tratados matemáticos más influyentes jamás compuestos. Su mérito fundamental consiste en haber organizado una vasta herencia de conocimientos en un sistema ordenado, en el que definiciones, postulados, proposiciones y demostraciones concurren a la construcción de un saber riguroso.

La geometría euclídea no se limita a describir formas y medidas. Ella enseña a avanzar desde lo conocido hacia lo desconocido, a distinguir lo que puede ser probado de lo que simplemente se afirma y a fundamentar las conclusiones sobre pasos lógicamente verificables.

Este es su legado más profundo: la idea de que la razón humana puede alcanzar resultados sólidos mediante un método disciplinado, universal y compartible.

Desde las propiedades del triángulo hasta la teoría de las proporciones, desde las figuras planas hasta la geometría de los sólidos, los Elementos constituyeron durante siglos una estructura apoyada de la enseñanza matemática.

3. Niccolò Tartaglia: el matemático que hizo accesible el saber

Al lado de Euclídes surge la figura de Niccolò Tartaglia, nacido en Brescia hacia 1499 y fallecido en Venecia en 1557.

Matemático de extraordinaria iniciativa, Tartaglia vivió en un periodo en el que la recuperación de los conocimientos antiguos se acompañaba de la necesidad de hacerlos útiles a la sociedad contemporánea.

Su trabajo sobre los Elementos no fue una simple operación de transcripción. En 1543 publicó la primera versión impresa en lengua italiana moderna de la obra euclídea, acompañándola con un amplio comentario. Para realizarla se enfrentó a tradiciones textuales latinas anteriores, contribuyendo a hacer el texto más accesible a lectores que no poseían una formación especializada en latín o griego.

La edición de 1585 forma parte de la historia editorial de esta empresa: su misma titulización evoca el trabajo de revisión, la restitución de la integridad del texto y la adición de explicaciones destinadas a facilitar su aprendizaje.

Tartaglia comprendió que la difusión de la ciencia exigía no solo mentes capaces de descubrir, sino también eruditos dispuestos a traducir, ordenar, explicar y enseñar.

Su obra se sitúa, por tanto, en una fase decisiva de la cultura europea: aquella en la que el saber matemático empieza a circular con mayor amplitud más allá de los confines de las universidades y de los ambientes eruditos.

4. El impresor y Venecia del siglo XVI

La portada indica Venecia y los herederos de Troiano Navò como referencias editoriales del ejemplar.

En el siglo XVI Venecia era uno de los principales centros europeos de la imprenta y del comercio librero. Su ubicación geográfica, su pujanza económica y la presencia de tipógrafos, libreros y estudiosos favorecían la circulación de obras provenientes de distintas tradiciones culturales.

La imprenta representaba una transformación fundamental: permitía reproducir un texto en numerosos ejemplares, difundirlo en lugares lejanos y favorecer una mayor estabilidad en la transmisión de los conocimientos.

En el caso de un tratado matemático, el desafío era particularmente exigente. No bastaba con componer correctamente las palabras: era necesario conservar la correspondencia entre explicaciones, letras de referencia, figuras geométricas y demostraciones.

Las incisiones presentes en el volumen no cumplen por tanto una función ornamental. Son parte integrante del razonamiento matemático. Una figura permite al lector visualizar relaciones que el texto describe verbalmente, mientras que las letras asociadas a los puntos y a las líneas permiten seguir los distintos pasos de la demostración.

La actividad del impresor y del editor se convierte, en este contexto, en parte de la historia de la ciencia. Gracias a la colaboración entre autor, comentarista, tipógrafo y librero, un saber nacido en la antigüedad podía seguir viviendo en manos de nuevas generaciones.

5. El significado y el contenido de la obra

El corazón de los Elementos es un método: partir de principios explícitamente declarados y construir, a través de demostraciones, una red coherente de resultados.

Los libros que componen la tradición euclidea abordan temas como la geometría plana, los triángulos, los polígonos, las proporciones, las magnitudes inconmensurables, la teoría de números y la geometría sólida.

La edición de Tartaglia transmite esta estructura mediante un lenguaje italiano histórico, un aparato explicativo y numerosas figuras.

El valor de la obra no consiste, por tanto, solo en conservar fórmulas o propiedades geométricas. Ella testimonia una forma de pensar.

Ante una proposición geométrica, el lector está invitado a no confiar en la intuición inmediata, sino a seguir un recorrido: identificar las hipótesis, observar las relaciones, aplicar principios generales y verificar la conclusión.

En este sentido, la geometría se convierte en una disciplina de la mente. Enseña precisión, coherencia, paciencia y capacidad de reconocer errores.

Es significativo que una impostación semejante haya mantenido su influencia durante más de dos mil años. La historia de las ciencias está llena de teorías superadas y de modelos sustituidos; los Elementos, en cambio, han conservado un papel fundamental en la historia de la demostración matemática y de la educación científica.

6. Renacimiento, arte y arquitectura: la medida del mundo

El significado histórico de la obra emerge con claridad si la situamos en el contexto del Renacimiento italiano.

Entre el Quattrocento y el Cinquecento, artistas, arquitectos y estudiosos buscaron herramientas racionales para comprender el espacio, representar la realidad y diseñar construcciones armónicas.

La perspectiva lineal, desarrollada en la cultura artística italiana y asociada eminentemente a Filippo Brunelleschi y Leon Battista Alberti, transformó profundamente la manera de representar el espacio. Los principios geométricos contribuyeron a la comprensión de las proporciones, de las líneas que confluyen y de las relaciones entre los objetos.

Alberti, en su tratado De pictura, compuesto en el Quattrocento, abordó cuestiones fundamentales para la construcción perspectívica. Su reflexión demuestra cuán estrechamente estaban conectadas la cultura artística y la matemática.

No sería correcto atribuir cada desarrollo de la perspectiva directamente a Euclídes o Tartaglia. Sin embargo, es legítimo reconocer en la tradición geométrica uno de los fundamentos teóricos que hicieron posible una comprensión más rigurosa del espacio.

Lo mismo ocurre con la arquitectura. Medir, trazar, calcular relaciones y verificar proporciones significa transformar una intuición proyectual en una estructura controlable.

En este encuentro entre razón y belleza se manifiesta uno de los ideales más altos del Renacimiento: la convicción de que la comprensión de las leyes de la naturaleza puede contribuir tanto al conocimiento como a la creación artística.

7. De la geometría de Euclides a la revolución científica

El hilo que une a Euclides con la modernidad conduce también a Galileo Galilei, nacido en 1564, unos veinte años después de la primera edición italiana de los Elementos curada por Tartaglia.

Galileo no fue simplemente un continuador de Euclides: introdujo una nueva manera de estudiar la naturaleza, en la que la observación, el experimento y la formulación matemática adquirían un papel decisivo.

Sin embargo, su investigación comparte con la tradición euclidiana un principio esencial: las afirmaciones científicas deben estar sometidas a un control racional, y los fenómenos pueden ser investigados a través de relaciones cuantitativas.

En la mecánica galileana, la matemática no constituye un lenguaje accesorio, sino una herramienta para formular leyes y describir el movimiento.

El contraste con Euclides ilumina así una transformación histórica: la geometría, nacida como disciplina deductiva, se convierte en una de las herramientas fundamentales mediante las cuales la ciencia moderna estudia el mundo físico.

Otro vínculo significativo es la figura de Leonardo da Vinci, que vivió entre el Quattrocento y el Cinquecento. Sus estudios de anatomía, proporción, mecánica y representación del espacio muestran cuán fecundo fue el encuentro entre observación empírica y razonamiento geométrico.

No hace falta sostener que Leonardo o Galileo dependieran de esta edición específica de 1585. El dato histórico es más amplio: la obra de Euclides pertenece a la tradición matemática que contribuyó a formar el lenguaje intelectual del Renacimiento y de la revolución científica.

8. El impacto histórico: el saber como patrimonio compartido

La fortuna de los Elementos no se mide solamente por el número de ediciones, sino por la duración y la amplitud de su influencia.

Durante siglos, la obra se empleó en la enseñanza, en el estudio de las proporciones, en la construcción de demostraciones y en la formación de generaciones de matemáticos.

La versión italiana de Tartaglia tuvo un significado particular porque contribuyó a la circulación del saber geométrico en una lengua accesible a un público más amplio que el de los solo lectores de latín.

Las siguientes reimpresiones testifican la persistencia del interés por el texto y por el proyecto divulgativo del matemático bembríseno.

El volumen de 1585 pertenece, por tanto, a una época en la que la imprenta hacía posible un diálogo entre edades lejanas. Un autor de la antigua Grecia podía ser estudiado por un lector renacentista a través del trabajo de un matemático italiano, gracias a la labor de una tipografía veneciana.

Es una cadena de transmisión cultural de gran significado: ninguna generación empieza de cero; cada una recibe, interpreta y transmite lo heredado.

9. El valor del ejemplar histórico

Observar hoy este volumen significa encontrarse con dos formas de testimonio.

La primera es intelectual: el contenido matemático, las demostraciones y las figuras conservan la memoria de una disciplina que ha contribuido a la formación de la ciencia europea.

La segunda es material: el papel antiguo, la tipografía, las huellas del tiempo y las características del ejemplar documentan la historia concreta de la producción y de la conservación del libro.

Una obra antigua no es solo el contenedor de un texto. Es también un objeto histórico, pasado por manos, bibliotecas y contextos culturales que pueden haber modificado su recorrido.

Por esta razón, su valoración exige atención a la procedencia, a la integridad, al estado de conservación, a la encuadernación y a la identificación precisa de la edición.

En este caso particular, la portada permite reconocer la edición veneciana de 1585. Otras afirmaciones sobre la procedencia del ejemplar, sobre su rareza o sobre su valor económico exigirían, en cambio, una verificación bibliográfica y anticuaria dedicada.

La prudencia, lejos de disminuir el mérito de un documento, es parte integrante del respeto que le debemos.

10. Conclusión: la permanencia de la razón

Señoras y señores,

este volumen nos invita a reflexionar sobre la extraordinaria continuidad del conocimiento humano.

Euclídes representa la búsqueda de un orden racional; Tartaglia encarna el empeño de transmitir ese saber a nuevos lectores; la imprenta veneciana atestigua la fuerza de una tecnología capaz de ampliar la circulación de las ideas.

En la transición de la antigüedad al Renacimiento, de la geometría clásica a la ciencia moderna, los Elementos han atravesado siglos de transformaciones políticas, culturales y científicas sin perder su importancia histórica.

Las páginas que tenemos ante nosotros no son solo un fragmento del pasado. Son la prueba material de que las ideas pueden sobrevivir a sus autores, atravesar idiomas y fronteras, inspirar nuevas preguntas y seguir hablando a quienes estén dispuestos a escuchar.

En una época dominada por la velocidad y la continua producción de información, este antiguo libro recuerda el valor de la precisión, de la demostración y del estudio paciente.

Su enseñanza más alta es quizá precisamente esta: el progreso no nace solo del descubrimiento de lo nuevo, sino también de la capacidad de custodiar, comprender y renovar el patrimonio recibido.

Conservar una obra como esta significa custodiar no solo un libro, sino una parte de la historia de la razón humana.

Y es en esa unión de saber, memoria y belleza donde reside su significado auténtico

Colación y estado de preservación: 3pp; (315pp) óptimo estado de preservación para señalar chorros y aureolas pero en conjunto obra rara y magnifica

Envío: express en solo 24h laborables en Europa, para los países extra UE será necesario 48h laborables

Euclídes Megarense, 1585

La geometría como fundamento de la razón, del conocimiento y de la civilización

Presentación histórico-científica de una edición veneciana de los Elementos de Euclides, curada por Niccolò Tartaglia y publicada por los herederos de Troiano Navò.

1. Introducción: un libro que cruza los siglos

la obra que hoy tenemos el privilegio de admirar no es simplemente un antiguo volumen impreso. Es un testimonio tangible de uno de los recorridos más extraordinarios de la historia intelectual europea: la transmisión del saber matemático desde la antigüedad clásica hasta el Renacimiento, a través del trabajo de los estudiosos, la cultura humanística y la revolución de la imprenta.

La portada ostenta un título elocuente: Euclídes Megarense, acutissimus philosopho, solo introducitore delle scientie mathematice. Siguen las indicaciones relativas al trabajo de Niccolò Tartaglia, a la revisión del texto y a la exposición destinada a facilitar su comprensión.

El ejemplar aquí presentado pertenece a la edición veneciana de 1585, impresa por los herederos de Troiano Navò, en la librería llamada «del León».

Su importancia reside tanto en el contenido como en la historia material que alberga: el papel, los tipos de imprenta, los grabados geométricos y las señales del tiempo nos devuelven el mundo de una cultura que consideraba el conocimiento una conquista para preservar y transmitir.

Cada página representa así un punto de encuentro entre la antigua Grecia, la inventiva renacentista y la incipiente modernidad científica.

2. Euclídes: el maestro de la geometría racional

Para comprender el valor de esta obra, debemos remontarnos a Euclídes de Alejandría, matemático activo alrededor del 300 a. C., durante la era helenística.

Conviene precisar que el título de la edición utiliza la denominación «Euclídes Megarense», una atribución histórica hoy reconocida como errónea: el matemático de los Elementos se distingue del filósofo Euclídes de Megara.

La tradición atribuye a Euclídes la organización de los Elementos, uno de los tratados matemáticos más influyentes jamás compuestos. Su mérito fundamental consiste en haber organizado una vasta herencia de conocimientos en un sistema ordenado, en el que definiciones, postulados, proposiciones y demostraciones concurren a la construcción de un saber riguroso.

La geometría euclídea no se limita a describir formas y medidas. Ella enseña a avanzar desde lo conocido hacia lo desconocido, a distinguir lo que puede ser probado de lo que simplemente se afirma y a fundamentar las conclusiones sobre pasos lógicamente verificables.

Este es su legado más profundo: la idea de que la razón humana puede alcanzar resultados sólidos mediante un método disciplinado, universal y compartible.

Desde las propiedades del triángulo hasta la teoría de las proporciones, desde las figuras planas hasta la geometría de los sólidos, los Elementos constituyeron durante siglos una estructura apoyada de la enseñanza matemática.

3. Niccolò Tartaglia: el matemático que hizo accesible el saber

Al lado de Euclídes surge la figura de Niccolò Tartaglia, nacido en Brescia hacia 1499 y fallecido en Venecia en 1557.

Matemático de extraordinaria iniciativa, Tartaglia vivió en un periodo en el que la recuperación de los conocimientos antiguos se acompañaba de la necesidad de hacerlos útiles a la sociedad contemporánea.

Su trabajo sobre los Elementos no fue una simple operación de transcripción. En 1543 publicó la primera versión impresa en lengua italiana moderna de la obra euclídea, acompañándola con un amplio comentario. Para realizarla se enfrentó a tradiciones textuales latinas anteriores, contribuyendo a hacer el texto más accesible a lectores que no poseían una formación especializada en latín o griego.

La edición de 1585 forma parte de la historia editorial de esta empresa: su misma titulización evoca el trabajo de revisión, la restitución de la integridad del texto y la adición de explicaciones destinadas a facilitar su aprendizaje.

Tartaglia comprendió que la difusión de la ciencia exigía no solo mentes capaces de descubrir, sino también eruditos dispuestos a traducir, ordenar, explicar y enseñar.

Su obra se sitúa, por tanto, en una fase decisiva de la cultura europea: aquella en la que el saber matemático empieza a circular con mayor amplitud más allá de los confines de las universidades y de los ambientes eruditos.

4. El impresor y Venecia del siglo XVI

La portada indica Venecia y los herederos de Troiano Navò como referencias editoriales del ejemplar.

En el siglo XVI Venecia era uno de los principales centros europeos de la imprenta y del comercio librero. Su ubicación geográfica, su pujanza económica y la presencia de tipógrafos, libreros y estudiosos favorecían la circulación de obras provenientes de distintas tradiciones culturales.

La imprenta representaba una transformación fundamental: permitía reproducir un texto en numerosos ejemplares, difundirlo en lugares lejanos y favorecer una mayor estabilidad en la transmisión de los conocimientos.

En el caso de un tratado matemático, el desafío era particularmente exigente. No bastaba con componer correctamente las palabras: era necesario conservar la correspondencia entre explicaciones, letras de referencia, figuras geométricas y demostraciones.

Las incisiones presentes en el volumen no cumplen por tanto una función ornamental. Son parte integrante del razonamiento matemático. Una figura permite al lector visualizar relaciones que el texto describe verbalmente, mientras que las letras asociadas a los puntos y a las líneas permiten seguir los distintos pasos de la demostración.

La actividad del impresor y del editor se convierte, en este contexto, en parte de la historia de la ciencia. Gracias a la colaboración entre autor, comentarista, tipógrafo y librero, un saber nacido en la antigüedad podía seguir viviendo en manos de nuevas generaciones.

5. El significado y el contenido de la obra

El corazón de los Elementos es un método: partir de principios explícitamente declarados y construir, a través de demostraciones, una red coherente de resultados.

Los libros que componen la tradición euclidea abordan temas como la geometría plana, los triángulos, los polígonos, las proporciones, las magnitudes inconmensurables, la teoría de números y la geometría sólida.

La edición de Tartaglia transmite esta estructura mediante un lenguaje italiano histórico, un aparato explicativo y numerosas figuras.

El valor de la obra no consiste, por tanto, solo en conservar fórmulas o propiedades geométricas. Ella testimonia una forma de pensar.

Ante una proposición geométrica, el lector está invitado a no confiar en la intuición inmediata, sino a seguir un recorrido: identificar las hipótesis, observar las relaciones, aplicar principios generales y verificar la conclusión.

En este sentido, la geometría se convierte en una disciplina de la mente. Enseña precisión, coherencia, paciencia y capacidad de reconocer errores.

Es significativo que una impostación semejante haya mantenido su influencia durante más de dos mil años. La historia de las ciencias está llena de teorías superadas y de modelos sustituidos; los Elementos, en cambio, han conservado un papel fundamental en la historia de la demostración matemática y de la educación científica.

6. Renacimiento, arte y arquitectura: la medida del mundo

El significado histórico de la obra emerge con claridad si la situamos en el contexto del Renacimiento italiano.

Entre el Quattrocento y el Cinquecento, artistas, arquitectos y estudiosos buscaron herramientas racionales para comprender el espacio, representar la realidad y diseñar construcciones armónicas.

La perspectiva lineal, desarrollada en la cultura artística italiana y asociada eminentemente a Filippo Brunelleschi y Leon Battista Alberti, transformó profundamente la manera de representar el espacio. Los principios geométricos contribuyeron a la comprensión de las proporciones, de las líneas que confluyen y de las relaciones entre los objetos.

Alberti, en su tratado De pictura, compuesto en el Quattrocento, abordó cuestiones fundamentales para la construcción perspectívica. Su reflexión demuestra cuán estrechamente estaban conectadas la cultura artística y la matemática.

No sería correcto atribuir cada desarrollo de la perspectiva directamente a Euclídes o Tartaglia. Sin embargo, es legítimo reconocer en la tradición geométrica uno de los fundamentos teóricos que hicieron posible una comprensión más rigurosa del espacio.

Lo mismo ocurre con la arquitectura. Medir, trazar, calcular relaciones y verificar proporciones significa transformar una intuición proyectual en una estructura controlable.

En este encuentro entre razón y belleza se manifiesta uno de los ideales más altos del Renacimiento: la convicción de que la comprensión de las leyes de la naturaleza puede contribuir tanto al conocimiento como a la creación artística.

7. De la geometría de Euclides a la revolución científica

El hilo que une a Euclides con la modernidad conduce también a Galileo Galilei, nacido en 1564, unos veinte años después de la primera edición italiana de los Elementos curada por Tartaglia.

Galileo no fue simplemente un continuador de Euclides: introdujo una nueva manera de estudiar la naturaleza, en la que la observación, el experimento y la formulación matemática adquirían un papel decisivo.

Sin embargo, su investigación comparte con la tradición euclidiana un principio esencial: las afirmaciones científicas deben estar sometidas a un control racional, y los fenómenos pueden ser investigados a través de relaciones cuantitativas.

En la mecánica galileana, la matemática no constituye un lenguaje accesorio, sino una herramienta para formular leyes y describir el movimiento.

El contraste con Euclides ilumina así una transformación histórica: la geometría, nacida como disciplina deductiva, se convierte en una de las herramientas fundamentales mediante las cuales la ciencia moderna estudia el mundo físico.

Otro vínculo significativo es la figura de Leonardo da Vinci, que vivió entre el Quattrocento y el Cinquecento. Sus estudios de anatomía, proporción, mecánica y representación del espacio muestran cuán fecundo fue el encuentro entre observación empírica y razonamiento geométrico.

No hace falta sostener que Leonardo o Galileo dependieran de esta edición específica de 1585. El dato histórico es más amplio: la obra de Euclides pertenece a la tradición matemática que contribuyó a formar el lenguaje intelectual del Renacimiento y de la revolución científica.

8. El impacto histórico: el saber como patrimonio compartido

La fortuna de los Elementos no se mide solamente por el número de ediciones, sino por la duración y la amplitud de su influencia.

Durante siglos, la obra se empleó en la enseñanza, en el estudio de las proporciones, en la construcción de demostraciones y en la formación de generaciones de matemáticos.

La versión italiana de Tartaglia tuvo un significado particular porque contribuyó a la circulación del saber geométrico en una lengua accesible a un público más amplio que el de los solo lectores de latín.

Las siguientes reimpresiones testifican la persistencia del interés por el texto y por el proyecto divulgativo del matemático bembríseno.

El volumen de 1585 pertenece, por tanto, a una época en la que la imprenta hacía posible un diálogo entre edades lejanas. Un autor de la antigua Grecia podía ser estudiado por un lector renacentista a través del trabajo de un matemático italiano, gracias a la labor de una tipografía veneciana.

Es una cadena de transmisión cultural de gran significado: ninguna generación empieza de cero; cada una recibe, interpreta y transmite lo heredado.

9. El valor del ejemplar histórico

Observar hoy este volumen significa encontrarse con dos formas de testimonio.

La primera es intelectual: el contenido matemático, las demostraciones y las figuras conservan la memoria de una disciplina que ha contribuido a la formación de la ciencia europea.

La segunda es material: el papel antiguo, la tipografía, las huellas del tiempo y las características del ejemplar documentan la historia concreta de la producción y de la conservación del libro.

Una obra antigua no es solo el contenedor de un texto. Es también un objeto histórico, pasado por manos, bibliotecas y contextos culturales que pueden haber modificado su recorrido.

Por esta razón, su valoración exige atención a la procedencia, a la integridad, al estado de conservación, a la encuadernación y a la identificación precisa de la edición.

En este caso particular, la portada permite reconocer la edición veneciana de 1585. Otras afirmaciones sobre la procedencia del ejemplar, sobre su rareza o sobre su valor económico exigirían, en cambio, una verificación bibliográfica y anticuaria dedicada.

La prudencia, lejos de disminuir el mérito de un documento, es parte integrante del respeto que le debemos.

10. Conclusión: la permanencia de la razón

Señoras y señores,

este volumen nos invita a reflexionar sobre la extraordinaria continuidad del conocimiento humano.

Euclídes representa la búsqueda de un orden racional; Tartaglia encarna el empeño de transmitir ese saber a nuevos lectores; la imprenta veneciana atestigua la fuerza de una tecnología capaz de ampliar la circulación de las ideas.

En la transición de la antigüedad al Renacimiento, de la geometría clásica a la ciencia moderna, los Elementos han atravesado siglos de transformaciones políticas, culturales y científicas sin perder su importancia histórica.

Las páginas que tenemos ante nosotros no son solo un fragmento del pasado. Son la prueba material de que las ideas pueden sobrevivir a sus autores, atravesar idiomas y fronteras, inspirar nuevas preguntas y seguir hablando a quienes estén dispuestos a escuchar.

En una época dominada por la velocidad y la continua producción de información, este antiguo libro recuerda el valor de la precisión, de la demostración y del estudio paciente.

Su enseñanza más alta es quizá precisamente esta: el progreso no nace solo del descubrimiento de lo nuevo, sino también de la capacidad de custodiar, comprender y renovar el patrimonio recibido.

Conservar una obra como esta significa custodiar no solo un libro, sino una parte de la historia de la razón humana.

Y es en esa unión de saber, memoria y belleza donde reside su significado auténtico

Colación y estado de preservación: 3pp; (315pp) óptimo estado de preservación para señalar chorros y aureolas pero en conjunto obra rara y magnifica

Envío: express en solo 24h laborables en Europa, para los países extra UE será necesario 48h laborables

Datos

Número de libros
1
Tema
Astrología, Astronomía, Física, Incunables e impresión temprana, Libros ilustrados, Matemáticas, Naturaleza, Química, Tecnología
Título del libro
Scientie Mathematice
Autor/ Ilustrador
Euclide & Tartaglia
Estado
Buen estado
Año de publicación artículo más antiguo
1585
Edición
Primera edición
Idioma
Italiano
Lengua original
Sí
Editorial
Appresso gli Heredi di Trojan Nano, alla libraria dal Leone
Encuadernación
Vitela
Número de páginas
315
ItaliaVerificado
10
Objetos vendidos
100%
Particular

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