Sylvain BARBEROT - Skull#1






Estudió Historia del Arte en la École du Louvre y se especializó en arte contemporáneo por más de 25 años.
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Sylvain BARBEROT Skull#1, escultura de cráneo en técnicas mixtas de 2017, procedente de Francia, edición limitada 4/4, 27 × 23 cm, firmada a mano, ojos con lámina de oro 24 quilates.
Descripción del vendedor
Modelado de un cráneo humano realizado en resina epoxi y recubierto con un elastómero blanco suave, cuyos ojos están rellenos con una hoja natural dorada en oro de 24 quilates. El cráneo está montado sobre una pieza metálica que le permite fijarse a la pared.
Aquí y en estas obras, si el tiempo está inmovilizado por el uso del cráneo como soporte intemporal, inmutable y fijado, la piel que lo cubre por su parte parece fluir sin detenerse. Las temporalidades se enfrentan y la oscuridad de la idea que se tiene de la muerte se dobla ante el brillo de esta materia que se asemeja a la cerámica. Este material refleja la luz así como estas hojas doradas en oro fino que transportan el objeto más allá del tiempo.
Una obra de arte es por esencia una vanidad. Refleja el deseo del artista de objectivarse para sobrevivir al tiempo y responde a la vanidad de la idea del artista demiurgo. La memoria no está fijada; permanece por venir sin nunca afianzarse en un infinito. Su desaparición es su único recurso.
Artista internacional cuyo trabajo se apoya en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria es, a mi entender, el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con el buril, me esfuerzo en inhibir, desestructurar, e incluso borrar mi propia memoria. Vasta empresa es el ejercicio del olvido... El cuerpo no es más que el soporte de esta memoria de la que depende, o que necesita. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como el ascenso de la memoria, por mi parte la persigo para poder separarme mejor de ella.
Modelado de un cráneo humano realizado en resina epoxi y recubierto con un elastómero blanco suave, cuyos ojos están rellenos con una hoja natural dorada en oro de 24 quilates. El cráneo está montado sobre una pieza metálica que le permite fijarse a la pared.
Aquí y en estas obras, si el tiempo está inmovilizado por el uso del cráneo como soporte intemporal, inmutable y fijado, la piel que lo cubre por su parte parece fluir sin detenerse. Las temporalidades se enfrentan y la oscuridad de la idea que se tiene de la muerte se dobla ante el brillo de esta materia que se asemeja a la cerámica. Este material refleja la luz así como estas hojas doradas en oro fino que transportan el objeto más allá del tiempo.
Una obra de arte es por esencia una vanidad. Refleja el deseo del artista de objectivarse para sobrevivir al tiempo y responde a la vanidad de la idea del artista demiurgo. La memoria no está fijada; permanece por venir sin nunca afianzarse en un infinito. Su desaparición es su único recurso.
Artista internacional cuyo trabajo se apoya en la dicotomía que existe entre la memoria y el olvido. La memoria es, a mi entender, el elemento indispensable que une nuestro cuerpo al mundo. Sin embargo, y mientras nuestra cultura se esfuerza por grabar la historia con el buril, me esfuerzo en inhibir, desestructurar, e incluso borrar mi propia memoria. Vasta empresa es el ejercicio del olvido... El cuerpo no es más que el soporte de esta memoria de la que depende, o que necesita. Ella lo construye, lo modela y lo transforma. Y si la anamnesis se traduce del griego como el ascenso de la memoria, por mi parte la persigo para poder separarme mejor de ella.
