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Joan Torres de Torres (1953) - Mujer en reposo
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Joan Torres de Torres (1953) - Mujer en reposo

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Torres de Torres, que representa a una mujer desnuda descansando serenamente en un sillón, con los ojos cerrados y el cuerpo relajado, evocando intimidad, introspección y una profunda sensación de calma. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite. · Dimensiones de la obra: 53x38x1 cm. · Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte posterior de la obra, Torres de Torres. · La pieza se encuentra en buen estado de conservación. La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona. Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles. La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte. El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional. ------------------------------------------------------------------ Este cuadro presenta una figura femenina desnuda sentada en un sillón, capturada en un instante de profunda quietud e introspección. La mujer inclina la cabeza hacia atrás y mantiene los ojos cerrados, como si se hubiera abandonado por completo al descanso, a un recuerdo lejano o a una emoción íntima. Su postura relajada, la suavidad de los colores y la ausencia de elementos narrativos secundarios crean una escena silenciosa, serena y profundamente humana. La figura ocupa la zona derecha y central de la composición, convirtiéndose en el indiscutible centro de atención. Su cuerpo aparece dispuesto en diagonal: la cabeza se eleva hacia la parte superior derecha, el torso desciende suavemente y las piernas se extienden hacia el ángulo inferior izquierdo. Esta dirección oblicua aporta dinamismo a una escena que, por su actitud y atmósfera, transmite una gran sensación de reposo. El rostro se encuentra ligeramente elevado y vuelto hacia un lado. Sus facciones están delicadamente sugeridas, sin una definición rígida, lo que permite que la expresión se perciba de una manera más emocional que descriptiva. Los ojos cerrados, la boca apenas insinuada y la inclinación del cuello transmiten abandono, tranquilidad y una vulnerabilidad contenida. La falta de una expresión precisa concede al rostro un carácter universal. La mujer podría estar descansando después de una larga jornada, escuchando una música apenas perceptible o dejándose llevar por sus propios pensamientos. El espectador no recibe una explicación cerrada, sino que queda invitado a imaginar el estado emocional de la protagonista y el motivo de su ensimismamiento. El cabello oscuro rodea la cabeza formando una masa abundante de tonos castaños, rojizos y marrones profundos. Su volumen enmarca el rostro y contrasta intensamente con la claridad de la piel. Algunos mechones parecen descansar sobre los hombros, mientras otros se confunden con el respaldo del sillón, creando una transición suave entre la figura y el mobiliario. El cuello, largo y delicadamente inclinado, desempeña un papel fundamental en la expresividad de la postura. Su recorrido dirige la mirada desde el rostro hasta los hombros y el pecho, acentuando la sensación de entrega y relajación. Los matices rosados, violetas y azulados presentes en esta zona sugieren una luz tenue y envolvente que acaricia la piel sin producir contrastes bruscos. El torso se presenta frontalmente, aunque con una ligera torsión que evita cualquier rigidez. Las formas del cuerpo están representadas con naturalidad y sensibilidad, alejándose de una visión idealizada para mostrar una presencia cercana, cálida y auténtica. La claridad predominante se enriquece con sombras malvas, grises, verdes pálidos y rosados que aportan volumen y profundidad. Uno de los brazos se apoya sobre la pierna flexionada, creando una línea curva que atraviesa el centro de la composición. La mano descansa con suavidad sobre la rodilla, en un gesto espontáneo y desprovisto de tensión. Esta posición refuerza la sensación de intimidad, como si la mujer hubiera adoptado una postura cómoda sin ser consciente de estar siendo observada. La otra mano reposa sobre el muslo y aparece adornada por varias pulseras oscuras. Estos pequeños detalles introducen un acento personal dentro de la desnudez de la figura. Los brazaletes aportan ritmo, color y carácter, además de atraer la mirada hacia la delicada disposición de la mano y los dedos. Las manos poseen una presencia especialmente expresiva. No realizan ninguna acción concreta, pero su actitud relajada ayuda a comprender el estado emocional de la protagonista. Una parece sostener ligeramente la pierna, mientras la otra descansa sin esfuerzo, como si todo el cuerpo hubiera encontrado una posición de equilibrio y permaneciera suspendido en un momento de absoluta calma. La pierna izquierda aparece flexionada y elevada, formando una poderosa curva que ocupa buena parte de la zona central. Su rodilla crea un punto de apoyo visual desde el que la extremidad desciende hacia la parte inferior. Esta forma redondeada dialoga con el contorno del sillón y con la inclinación del torso, contribuyendo a la armonía general de la composición. La otra pierna se extiende ampliamente hacia el extremo inferior izquierdo, alargando visualmente la figura y aportando elegancia al conjunto. Su recorrido conduce la mirada fuera del núcleo central para devolverla después hacia el cuerpo. La suave transición entre los tonos rosados, violetas, grises y azulados permite percibir su volumen sin interrumpir la delicadeza atmosférica de la escena. La posición de las piernas genera un interesante juego entre apertura y recogimiento. Aunque el cuerpo se muestra con naturalidad, la pierna flexionada y los brazos crean una estructura envolvente que parece proteger el espacio íntimo de la mujer. De este modo, la composición transmite simultáneamente libertad corporal, vulnerabilidad y una profunda sensación de refugio interior. El sillón constituye el segundo gran protagonista de la escena. Su respaldo amplio y cálido sostiene el cuerpo de la mujer y crea detrás de ella una especie de espacio protector. Los tonos ocres, mostaza, marrones y anaranjados contrastan con la palidez de la piel, permitiendo que la silueta destaque con claridad y adquiera una presencia luminosa. Los brazos y laterales del asiento aparecen definidos mediante formas robustas e irregulares. El lado derecho presenta una intensa combinación de marrón oscuro, negro y amarillo dorado, mientras el izquierdo muestra tonalidades más suaves y desgastadas. Esta asimetría aporta carácter al mobiliario y evita que funcione únicamente como un elemento secundario. En la parte inferior del sillón se aprecia una estructura geométrica de tonos oscuros y dorados que proporciona estabilidad a la composición. Sus líneas rectas contrastan con las curvas del cuerpo, del cabello y del respaldo. Esta oposición entre geometría y organicidad enriquece la escena y hace que la figura resulte todavía más delicada. Una tela azul cae desde el asiento hacia la zona inferior. Su color fresco contrasta con los ocres y marrones del sillón y establece una conexión cromática con los matices azulados presentes en la piel y en el fondo. La caída vertical del tejido introduce movimiento y ayuda a separar visualmente las piernas de la estructura oscura del mobiliario. El fondo se construye mediante una amplia combinación de blancos cálidos, grises, azules y violetas. No describe un espacio concreto, sino que crea una atmósfera abierta y silenciosa alrededor de la figura. Las variaciones verticales de color pueden recordar una pared iluminada, una cortina o una superficie atravesada por sombras suaves. La zona izquierda permanece especialmente despejada, ofreciendo un amplio espacio de respiración frente a la concentración de formas situada a la derecha. Este vacío no resulta accidental: acentúa la soledad de la protagonista y refuerza la sensación de estar contemplando un instante privado. También permite que la diagonal formada por las piernas se desarrolle con libertad. Los azules y violetas del fondo aportan una dimensión emocional serena y ligeramente melancólica. Frente a ellos, los ocres del sillón introducen calidez, mientras la claridad de la figura funciona como un puente entre ambas familias cromáticas. La paleta consigue así equilibrar recogimiento, intimidad y una sutil vitalidad. La iluminación parece suave y difusa, sin una procedencia claramente visible. El cuerpo no queda modelado por sombras intensas, sino por delicadas variaciones de color que envuelven las formas. Esta luz contribuye a crear una atmósfera de sueño y convierte la escena en un instante suspendido, alejado del ruido y del paso acelerado del tiempo. La composición transmite una gran intimidad sin recurrir a gestos dramáticos. Toda su fuerza se concentra en la postura, en la inclinación de la cabeza y en la quietud de las manos. La protagonista no parece posar para el espectador, sino permanecer absorta en su propio mundo, ajena a cualquier mirada exterior. La desnudez aparece tratada desde una perspectiva profundamente humana y contemplativa. No se presenta como exhibición, sino como una expresión de naturalidad, fragilidad y libertad. El cuerpo se convierte en el vehículo de un estado interior, revelando cansancio, confianza, serenidad o la necesidad de desconectar momentáneamente del mundo. La obra puede interpretarse como una representación del descanso físico, pero también como una imagen de introspección. Los ojos cerrados sugieren una retirada hacia el interior, mientras la postura abierta expresa entrega y ausencia de defensas. La mujer parece habitar un espacio situado entre la vigilia y el sueño, entre la presencia corporal y el pensamiento. Existe asimismo una delicada tensión entre la soledad y el bienestar. La figura se encuentra completamente sola, pero no transmite desamparo. El sillón la acoge, el fondo la envuelve y la luz suaviza sus formas, creando una sensación de protección. Su aislamiento parece voluntario, como si hubiera encontrado un momento necesario de paz. La escena invita al espectador a detenerse y contemplar con calma. No existe una narración evidente ni una acción que deba resolverse; su interés reside en la emoción silenciosa del momento. Cuanto más se observa, más se perciben la armonía de la postura, la riqueza de los matices y la delicada relación entre el cuerpo y el espacio circundante. Por su sensibilidad y su elegante combinación de colores, la obra posee una notable capacidad para transformar un interior. En un dormitorio, una sala de lectura o un salón contemporáneo aportaría serenidad, personalidad y una sofisticada presencia artística. Su figura monumental atraería la mirada, mientras la atmósfera recogida invitaría a la contemplación. En conjunto, la obra ofrece una visión íntima, serena y profundamente evocadora de una mujer desnuda descansando en un sillón, con la cabeza inclinada hacia atrás y los ojos cerrados. La delicadeza de la postura, la calidez del asiento, la presencia del tejido azul y la envolvente combinación de blancos, violetas, ocres y marrones construyen una escena llena de sensibilidad. El resultado es una celebración de la quietud, la vulnerabilidad y la belleza natural del cuerpo humano, capturado en un instante de absoluta conexión con su mundo interior.

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Joan Torres de Torres (1953) - Mujer en reposo

Joan Torres de Torres (1953) - Mujer en reposo

Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Torres de Torres, que representa a una mujer desnuda descansando serenamente en un sillón, con los ojos cerrados y el cuerpo relajado, evocando intimidad, introspección y una profunda sensación de calma. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 53x38x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte posterior de la obra, Torres de Torres.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una figura femenina desnuda sentada en un sillón, capturada en un instante de profunda quietud e introspección. La mujer inclina la cabeza hacia atrás y mantiene los ojos cerrados, como si se hubiera abandonado por completo al descanso, a un recuerdo lejano o a una emoción íntima. Su postura relajada, la suavidad de los colores y la ausencia de elementos narrativos secundarios crean una escena silenciosa, serena y profundamente humana.

La figura ocupa la zona derecha y central de la composición, convirtiéndose en el indiscutible centro de atención. Su cuerpo aparece dispuesto en diagonal: la cabeza se eleva hacia la parte superior derecha, el torso desciende suavemente y las piernas se extienden hacia el ángulo inferior izquierdo. Esta dirección oblicua aporta dinamismo a una escena que, por su actitud y atmósfera, transmite una gran sensación de reposo.

El rostro se encuentra ligeramente elevado y vuelto hacia un lado. Sus facciones están delicadamente sugeridas, sin una definición rígida, lo que permite que la expresión se perciba de una manera más emocional que descriptiva. Los ojos cerrados, la boca apenas insinuada y la inclinación del cuello transmiten abandono, tranquilidad y una vulnerabilidad contenida.

La falta de una expresión precisa concede al rostro un carácter universal. La mujer podría estar descansando después de una larga jornada, escuchando una música apenas perceptible o dejándose llevar por sus propios pensamientos. El espectador no recibe una explicación cerrada, sino que queda invitado a imaginar el estado emocional de la protagonista y el motivo de su ensimismamiento.

El cabello oscuro rodea la cabeza formando una masa abundante de tonos castaños, rojizos y marrones profundos. Su volumen enmarca el rostro y contrasta intensamente con la claridad de la piel. Algunos mechones parecen descansar sobre los hombros, mientras otros se confunden con el respaldo del sillón, creando una transición suave entre la figura y el mobiliario.

El cuello, largo y delicadamente inclinado, desempeña un papel fundamental en la expresividad de la postura. Su recorrido dirige la mirada desde el rostro hasta los hombros y el pecho, acentuando la sensación de entrega y relajación. Los matices rosados, violetas y azulados presentes en esta zona sugieren una luz tenue y envolvente que acaricia la piel sin producir contrastes bruscos.

El torso se presenta frontalmente, aunque con una ligera torsión que evita cualquier rigidez. Las formas del cuerpo están representadas con naturalidad y sensibilidad, alejándose de una visión idealizada para mostrar una presencia cercana, cálida y auténtica. La claridad predominante se enriquece con sombras malvas, grises, verdes pálidos y rosados que aportan volumen y profundidad.

Uno de los brazos se apoya sobre la pierna flexionada, creando una línea curva que atraviesa el centro de la composición. La mano descansa con suavidad sobre la rodilla, en un gesto espontáneo y desprovisto de tensión. Esta posición refuerza la sensación de intimidad, como si la mujer hubiera adoptado una postura cómoda sin ser consciente de estar siendo observada.

La otra mano reposa sobre el muslo y aparece adornada por varias pulseras oscuras. Estos pequeños detalles introducen un acento personal dentro de la desnudez de la figura. Los brazaletes aportan ritmo, color y carácter, además de atraer la mirada hacia la delicada disposición de la mano y los dedos.

Las manos poseen una presencia especialmente expresiva. No realizan ninguna acción concreta, pero su actitud relajada ayuda a comprender el estado emocional de la protagonista. Una parece sostener ligeramente la pierna, mientras la otra descansa sin esfuerzo, como si todo el cuerpo hubiera encontrado una posición de equilibrio y permaneciera suspendido en un momento de absoluta calma.

La pierna izquierda aparece flexionada y elevada, formando una poderosa curva que ocupa buena parte de la zona central. Su rodilla crea un punto de apoyo visual desde el que la extremidad desciende hacia la parte inferior. Esta forma redondeada dialoga con el contorno del sillón y con la inclinación del torso, contribuyendo a la armonía general de la composición.

La otra pierna se extiende ampliamente hacia el extremo inferior izquierdo, alargando visualmente la figura y aportando elegancia al conjunto. Su recorrido conduce la mirada fuera del núcleo central para devolverla después hacia el cuerpo. La suave transición entre los tonos rosados, violetas, grises y azulados permite percibir su volumen sin interrumpir la delicadeza atmosférica de la escena.

La posición de las piernas genera un interesante juego entre apertura y recogimiento. Aunque el cuerpo se muestra con naturalidad, la pierna flexionada y los brazos crean una estructura envolvente que parece proteger el espacio íntimo de la mujer. De este modo, la composición transmite simultáneamente libertad corporal, vulnerabilidad y una profunda sensación de refugio interior.

El sillón constituye el segundo gran protagonista de la escena. Su respaldo amplio y cálido sostiene el cuerpo de la mujer y crea detrás de ella una especie de espacio protector. Los tonos ocres, mostaza, marrones y anaranjados contrastan con la palidez de la piel, permitiendo que la silueta destaque con claridad y adquiera una presencia luminosa.

Los brazos y laterales del asiento aparecen definidos mediante formas robustas e irregulares. El lado derecho presenta una intensa combinación de marrón oscuro, negro y amarillo dorado, mientras el izquierdo muestra tonalidades más suaves y desgastadas. Esta asimetría aporta carácter al mobiliario y evita que funcione únicamente como un elemento secundario.

En la parte inferior del sillón se aprecia una estructura geométrica de tonos oscuros y dorados que proporciona estabilidad a la composición. Sus líneas rectas contrastan con las curvas del cuerpo, del cabello y del respaldo. Esta oposición entre geometría y organicidad enriquece la escena y hace que la figura resulte todavía más delicada.

Una tela azul cae desde el asiento hacia la zona inferior. Su color fresco contrasta con los ocres y marrones del sillón y establece una conexión cromática con los matices azulados presentes en la piel y en el fondo. La caída vertical del tejido introduce movimiento y ayuda a separar visualmente las piernas de la estructura oscura del mobiliario.

El fondo se construye mediante una amplia combinación de blancos cálidos, grises, azules y violetas. No describe un espacio concreto, sino que crea una atmósfera abierta y silenciosa alrededor de la figura. Las variaciones verticales de color pueden recordar una pared iluminada, una cortina o una superficie atravesada por sombras suaves.

La zona izquierda permanece especialmente despejada, ofreciendo un amplio espacio de respiración frente a la concentración de formas situada a la derecha. Este vacío no resulta accidental: acentúa la soledad de la protagonista y refuerza la sensación de estar contemplando un instante privado. También permite que la diagonal formada por las piernas se desarrolle con libertad.

Los azules y violetas del fondo aportan una dimensión emocional serena y ligeramente melancólica. Frente a ellos, los ocres del sillón introducen calidez, mientras la claridad de la figura funciona como un puente entre ambas familias cromáticas. La paleta consigue así equilibrar recogimiento, intimidad y una sutil vitalidad.

La iluminación parece suave y difusa, sin una procedencia claramente visible. El cuerpo no queda modelado por sombras intensas, sino por delicadas variaciones de color que envuelven las formas. Esta luz contribuye a crear una atmósfera de sueño y convierte la escena en un instante suspendido, alejado del ruido y del paso acelerado del tiempo.

La composición transmite una gran intimidad sin recurrir a gestos dramáticos. Toda su fuerza se concentra en la postura, en la inclinación de la cabeza y en la quietud de las manos. La protagonista no parece posar para el espectador, sino permanecer absorta en su propio mundo, ajena a cualquier mirada exterior.

La desnudez aparece tratada desde una perspectiva profundamente humana y contemplativa. No se presenta como exhibición, sino como una expresión de naturalidad, fragilidad y libertad. El cuerpo se convierte en el vehículo de un estado interior, revelando cansancio, confianza, serenidad o la necesidad de desconectar momentáneamente del mundo.

La obra puede interpretarse como una representación del descanso físico, pero también como una imagen de introspección. Los ojos cerrados sugieren una retirada hacia el interior, mientras la postura abierta expresa entrega y ausencia de defensas. La mujer parece habitar un espacio situado entre la vigilia y el sueño, entre la presencia corporal y el pensamiento.

Existe asimismo una delicada tensión entre la soledad y el bienestar. La figura se encuentra completamente sola, pero no transmite desamparo. El sillón la acoge, el fondo la envuelve y la luz suaviza sus formas, creando una sensación de protección. Su aislamiento parece voluntario, como si hubiera encontrado un momento necesario de paz.

La escena invita al espectador a detenerse y contemplar con calma. No existe una narración evidente ni una acción que deba resolverse; su interés reside en la emoción silenciosa del momento. Cuanto más se observa, más se perciben la armonía de la postura, la riqueza de los matices y la delicada relación entre el cuerpo y el espacio circundante.

Por su sensibilidad y su elegante combinación de colores, la obra posee una notable capacidad para transformar un interior. En un dormitorio, una sala de lectura o un salón contemporáneo aportaría serenidad, personalidad y una sofisticada presencia artística. Su figura monumental atraería la mirada, mientras la atmósfera recogida invitaría a la contemplación.

En conjunto, la obra ofrece una visión íntima, serena y profundamente evocadora de una mujer desnuda descansando en un sillón, con la cabeza inclinada hacia atrás y los ojos cerrados. La delicadeza de la postura, la calidez del asiento, la presencia del tejido azul y la envolvente combinación de blancos, violetas, ocres y marrones construyen una escena llena de sensibilidad. El resultado es una celebración de la quietud, la vulnerabilidad y la belleza natural del cuerpo humano, capturado en un instante de absoluta conexión con su mundo interior.

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Antonio Yera
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