N.º 106749980

Francisca Salvat Homs (1946) - Reflejos del puerto
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Francisca Salvat Homs (1946) - Reflejos del puerto
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Salvat Homs, que representa varias barcas tradicionales amarradas en un puerto, rodeadas por aguas profundas y reflejos llenos de color y movimiento. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 37x46x1 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una vibrante escena portuaria protagonizada por varias barcas que descansan amarradas sobre unas aguas llenas de movimiento y reflejos. La composición se concentra en la cercanía de las embarcaciones, mostradas desde un punto de vista elevado que permite contemplar tanto sus formas exteriores como buena parte de sus interiores. La escena transmite la atmósfera de un pequeño puerto tradicional, silencioso y recogido, donde las barcas parecen haber quedado momentáneamente inmóviles después de una jornada en el mar.
En la zona central destaca una embarcación alargada de color verde, situada en posición horizontal y ocupando una parte importante de la composición. Su casco combina verdes intensos, tonos turquesa, azules, blancos, violetas y zonas oscuras que definen su volumen y su estructura. La forma curva de los bordes conduce la mirada de un extremo al otro, mientras la parte interior deja entrever tablones, bancos y diferentes elementos vinculados a la actividad cotidiana de la embarcación.
Dentro de esta barca central aparecen varios objetos de tonos ocres, anaranjados, grises y marrones que sugieren útiles marineros, recipientes, redes o materiales empleados durante la navegación y la pesca. Estos detalles no están presentados de una manera rígida, sino integrados en la abundancia cromática de la escena. Su presencia aporta carácter al conjunto y permite imaginar la vida de quienes utilizan estas embarcaciones, así como las historias y recorridos que pueden esconder.
En la parte superior se encuentra una segunda barca, parcialmente superpuesta y situada algo más lejos. Esta embarcación combina azules, verdes y tonos claros, con un contorno cálido que define su silueta. En su interior destaca poderosamente una mancha amarilla de gran luminosidad, posiblemente relacionada con una lona, una prenda o algún objeto depositado sobre el fondo. Este amarillo actúa como uno de los principales focos visuales del cuadro y crea un contraste especialmente atractivo con los colores fríos que dominan el entorno.
A la derecha se percibe parcialmente otra embarcación de tonos oscuros, marrones, verdes y rojizos. Aunque queda cortada por el límite de la composición, su presencia amplía el espacio y sugiere que las barcas continúan más allá de la escena representada. Esta aparición fragmentaria hace pensar en un puerto concurrido, donde numerosas embarcaciones permanecen juntas y forman un entramado de cascos, bordes, amarres y reflejos.
La disposición de las barcas genera una estructura de líneas horizontales y curvas que aporta equilibrio y dinamismo. Los contornos de las embarcaciones se aproximan, se cruzan visualmente y parecen flotar unos sobre otros debido al movimiento del agua. Esta proximidad crea una sensación de refugio y recogimiento, como si las barcas estuvieran protegidas dentro de una pequeña dársena después de haber regresado del mar abierto.
El agua ocupa una parte fundamental de la obra y posee una extraordinaria riqueza de colores. En ella se mezclan violetas, azules, grises, blancos, verdes, marrones y pequeños destellos amarillos o rosados. Los reflejos aparecen fragmentados y deformados, reproduciendo visualmente el continuo movimiento de la superficie. Las formas de las barcas se prolongan sobre el agua de manera irregular, convirtiéndose en manchas ondulantes que unen la realidad de las embarcaciones con su imagen reflejada.
La zona inferior resulta especialmente intensa y expresiva. Allí, el agua deja de funcionar únicamente como fondo para adquirir una identidad propia, cargada de contrastes, sombras y luces. Los tonos oscuros sugieren la profundidad existente bajo las barcas, mientras los colores claros evocan destellos de luz sobre las pequeñas olas. Esta alternancia crea una sensación de inestabilidad controlada y permite imaginar el suave balanceo de las embarcaciones amarradas.
La paleta cromática combina tonos fríos y cálidos con gran libertad. Los verdes y azules de los cascos dialogan con los violetas y grises del agua, mientras que los amarillos, ocres y anaranjados aportan luz y calidez. Los blancos distribuidos por toda la escena generan pequeños puntos luminosos que ayudan a separar las formas y a sugerir el brillo del ambiente marítimo. Gracias a estos contrastes, cada embarcación mantiene su individualidad sin perder la unidad visual del conjunto.
La ausencia de figuras humanas concede a la escena una atmósfera tranquila y ligeramente misteriosa. Las barcas parecen conservar las huellas invisibles de sus propietarios, presentes a través de los objetos que permanecen en su interior. El espectador puede imaginar que los pescadores han desembarcado hace poco, que se encuentran trabajando cerca del muelle o que las embarcaciones esperan silenciosamente la llegada de una nueva jornada.
La obra posee un marcado carácter cotidiano y, al mismo tiempo, evocador. Las embarcaciones no aparecen idealizadas como elementos decorativos, sino como objetos de trabajo con identidad, desgaste y personalidad. Cada combinación de colores parece hablar de su historia, de su contacto constante con el agua y de los numerosos trayectos realizados. La escena convierte un rincón habitual del puerto en una imagen llena de emoción, ritmo y belleza.
En conjunto, este cuadro ofrece una visión intensa y cautivadora de varias barcas tradicionales amarradas en un puerto, rodeadas por un agua profunda que multiplica sus colores mediante reflejos cambiantes. La cercanía de las embarcaciones, la luminosidad de sus detalles y el dinamismo de la superficie marina crean una composición llena de personalidad, capaz de transmitir simultáneamente la quietud del puerto, el movimiento del agua y la memoria de la vida marinera.
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