Nr. 106159279

École catalane (XX) - La ville aux cheminées
Nr. 106159279

École catalane (XX) - La ville aux cheminées
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela catalana, que representa una fantástica ciudad mediterránea de torres y chimeneas elevadas, envuelta por nubes luminosas y un profundo cielo azul, como una evocadora unión entre arquitectura, memoria y sueño. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 73x64x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte trasera de la obra
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación, presenta alguna faltas de pintura y en la distensión en la tela.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una fascinante visión urbana de carácter imaginativo, construida a partir de edificios blancos, torres esbeltas, chimeneas monumentales y muros curvos que se elevan bajo un cielo azul profundo. La escena parece representar un rincón mediterráneo transformado por la fantasía, donde la arquitectura abandona las proporciones convencionales y adquiere una presencia casi escultórica. Las construcciones se superponen unas sobre otras y avanzan hacia la parte superior, creando un paisaje vertical lleno de misterio, movimiento y personalidad. La estrechez del espacio, la proximidad de las fachadas y la extraordinaria altura de los elementos arquitectónicos hacen que el espectador se sienta situado en el interior de una calle silenciosa, contemplando desde abajo una ciudad que parece crecer hacia el cielo.
La composición se desarrolla principalmente en sentido ascendente. Desde la zona inferior, dominada por un muro violáceo y una fachada de tonalidades cálidas, la mirada se dirige hacia los tejados, las chimeneas y las construcciones que coronan la escena. Esta organización vertical proporciona una marcada sensación de profundidad y convierte el recorrido visual en una especie de ascensión. Cada edificio ocupa un nivel diferente, de modo que la ciudad parece asentada sobre una pendiente pronunciada o formada por terrazas sucesivas que se elevan unas encima de otras.
En el primer término destaca una gran fachada situada a la derecha, cuya superficie está formada por una rica combinación de amarillos, ocres, cremas, rosados y pequeños acentos azulados. Su aspecto irregular sugiere un muro antiguo, iluminado por una luz cálida que revela numerosas variaciones cromáticas. La pared ocupa buena parte de la zona inferior y derecha, aportando una base sólida a la composición. Su presencia cercana permite imaginar la textura de una construcción envejecida por el tiempo, expuesta durante años al sol, al viento y a la humedad.
Sobre esta fachada aparece una cornisa curva que se proyecta hacia el centro de la imagen. Su perfil redondeado está recorrido por franjas amarillas, anaranjadas, violetas, blancas y oscuras, creando un poderoso contraste con la verticalidad de las torres. La curva introduce dinamismo y suaviza la abundancia de líneas rectas y angulosas. También funciona como un balcón o terraza elevada desde la que brota una abundante vegetación verde, aportando frescura y vida a la arquitectura.
La vegetación se distribuye en torno a la terraza y desciende parcialmente por el muro. Sus hojas se agrupan en masas verdes de diferentes intensidades, desde tonos luminosos hasta zonas casi negras. Algunas ramas parecen extenderse hacia el exterior, mientras otras caen sobre la fachada y se integran con sus colores. Esta presencia natural contrasta con las formas rígidas de los edificios y sugiere que, incluso dentro de esta ciudad dominada por piedra y muros, la naturaleza encuentra espacios para crecer libremente.
En la parte inferior aparece un elegante farol de pared, sostenido por una estructura oscura y ornamentada. Su silueta negra destaca con claridad sobre el fondo amarillo y ocre de la fachada. El brazo que lo sostiene forma una delicada curva decorativa, mientras el farol presenta una estructura geométrica de perfiles finos y cristales claros. Este elemento introduce una referencia reconocible y cotidiana dentro de una arquitectura marcada por la fantasía, además de sugerir la existencia de una calle o pasaje que continúa fuera de la composición.
El farol también aporta una dimensión narrativa a la escena. Aunque se representa bajo un cielo todavía luminoso, permite imaginar el aspecto de este rincón al caer la noche, cuando su luz podría iluminar tenuemente los muros y las plantas. Su presencia despierta la sensación de un espacio habitado, aunque no aparezcan personas ni ventanas abiertas. Parece conservar la memoria de quienes transitan por esta calle, de las conversaciones bajo los balcones y de las sombras que recorren las fachadas después del anochecer.
A la izquierda se alza otro gran muro de tonalidades blancas, azuladas, verdes y violetas. Su superficie avanza en diagonal desde la parte inferior hasta el centro, estrechando visualmente la calle y reforzando la sensación de encontrarse entre construcciones muy próximas. En su zona baja aparece una puerta verde intensa, enmarcada por sombras oscuras. Esta abertura constituye uno de los pocos accesos visibles y añade una nota de intimidad, como si condujera al interior de una vivienda protegida del bullicio exterior.
Sobre esta fachada izquierda se distinguen varias construcciones escalonadas, algunas con pequeñas terrazas, muros bajos y tejados de tonalidades amarillas y anaranjadas. Los diferentes niveles se superponen y crean una estructura compleja, semejante a un laberinto de viviendas levantadas progresivamente. Las líneas oscuras que delimitan algunos balcones y cornisas permiten percibir la separación entre los edificios, mientras los colores claros mantienen la unidad general de la arquitectura.
Uno de los aspectos más llamativos de la obra es la presencia de numerosas chimeneas y torres terminadas en perfiles puntiagudos. Estas formas aparecen repartidas por toda la composición, aunque se concentran especialmente en la mitad superior. Algunas son estrechas y altas; otras presentan cuerpos más anchos o se agrupan por parejas. Sus remates triangulares y sus aberturas oscuras recuerdan pequeñas capillas, campanarios o casas en miniatura, otorgándoles una identidad ambigua y profundamente sugerente.
En la zona central se eleva una torre clara con una abertura negra de forma triangular. Su cuerpo combina blancos, grises azulados, amarillos suaves y violetas, y queda parcialmente rodeado por una gran curva anaranjada que parece surgir del edificio posterior. Esta torre actúa como una transición entre las construcciones del primer plano y los elementos más altos del fondo. Su forma estilizada guía la mirada hacia arriba y refuerza el carácter fantástico de todo el conjunto.
Más atrás aparece la construcción de mayor altura, una impresionante torre blanca y azulada que se eleva casi hasta el borde superior. Su forma ligeramente irregular y su estrechez exagerada le conceden una presencia monumental. En la parte superior se abre una zona triangular oscura que parece una ventana, respiradero o pequeño campanario. La luz amarillenta que recorre uno de sus lados contrasta con las sombras azuladas del otro, haciendo que la torre destaque con fuerza frente al cielo.
A la derecha de esta gran torre se levanta otra construcción más pequeña, también rematada por un perfil triangular oscuro. Su cuerpo se inclina ligeramente y parece adaptarse a la irregularidad de los tejados. Aunque posee dimensiones más reducidas, repite las formas de las otras torres y contribuye a crear un ritmo visual ascendente. Esta reiteración de elementos puntiagudos dota a la ciudad de una identidad propia, como si todas sus casas compartieran un mismo lenguaje arquitectónico.
En el extremo derecho aparece una torre especialmente cercana y dominante. Su cuerpo alto y estrecho está recorrido por una amplia franja de color crema y amarillo, mientras uno de sus laterales permanece cubierto por azules y violetas. La abertura triangular de la parte superior se hunde en una oscuridad profunda y establece un fuerte contraste con la luminosidad exterior. Su proximidad hace que parezca elevarse directamente desde la terraza curva, actuando como un gran límite vertical que cierra la composición por ese lado.
Las formas arquitectónicas no responden completamente a una lógica realista, sino que parecen transformadas por la memoria, el sueño o la imaginación. Los edificios se inclinan, se alargan y se encajan unos con otros de manera inesperada. Algunos muros parecen continuar dentro de otros, mientras ciertas chimeneas adquieren proporciones monumentales. Esta libertad formal convierte la ciudad en un lugar imposible y, al mismo tiempo, familiar, capaz de recordar pueblos blancos, barrios antiguos y calles mediterráneas contempladas desde una perspectiva emocional.
El cielo ocupa el fondo de la composición y presenta una intensa gama de azules, desde tonos profundos y nocturnos hasta áreas más claras y luminosas. En el lado izquierdo se agrupan grandes formas redondeadas de color blanco, amarillo pálido, verde, rosa y violeta. Estas masas pueden interpretarse como nubes iluminadas, pero su volumen y su disposición casi circular les conceden una apariencia fantástica, semejante a grandes flores, globos o remolinos suspendidos sobre la ciudad.
Las nubes se acumulan detrás de los edificios y parecen expandirse desde la zona izquierda hacia el centro. Sus formas suaves y redondeadas contrastan con los perfiles afilados de las torres, creando una atractiva oposición entre cielo y arquitectura. Los reflejos amarillos sugieren una luz intensa que podría corresponder al atardecer, mientras los azules profundos anuncian la llegada de la noche. Esta convivencia de claridad y oscuridad envuelve la escena en una atmósfera de transición y misterio.
En el cielo izquierdo aparecen también varias pequeñas aves blancas representadas mediante siluetas sencillas y abiertas. Su vuelo introduce una sensación de libertad y amplitud en contraste con la estrechez de la calle. Aunque ocupan un espacio reducido, ayudan a establecer la escala de las construcciones y refuerzan la altura de las torres. Las aves parecen alejarse hacia el horizonte, aportando un movimiento ligero y sereno a una composición dominada por grandes masas arquitectónicas.
La gama cromática constituye uno de los elementos más cautivadores de la obra. Los azules intensos del cielo se relacionan con las sombras de los edificios, mientras los amarillos y blancos iluminan las fachadas y las chimeneas. Los violetas, malvas y rosados aparecen en muros, cornisas y nubes, creando una continuidad entre el espacio terrestre y el celeste. Los verdes de la vegetación y de la puerta aportan frescura, mientras los negros de las aberturas y del farol proporcionan estructura y profundidad.
La luz parece recorrer la ciudad de forma irregular, iluminando determinadas caras de las torres y dejando otras sumidas en tonalidades frías. Este reparto fragmentado de la claridad hace que cada construcción posea un volumen propio. Algunas fachadas parecen recibir los últimos rayos del sol, mientras las zonas estrechas entre edificios permanecen en sombra. El contraste produce una atmósfera cambiante, como si el espectador contemplara el instante preciso en que el día comienza a transformarse en noche.
La ausencia de figuras humanas intensifica la sensación de silencio y convierte a la arquitectura en la verdadera protagonista. Sin embargo, la puerta verde, la terraza, las plantas y el farol indican que este lugar no está abandonado. La presencia humana se encuentra sugerida a través de los objetos y de los espacios habitables, como si los residentes permanecieran momentáneamente ocultos detrás de los muros. Esta ausencia permite que el espectador imagine libremente quién vive allí y qué historias podrían desarrollarse en el interior de las casas.
La ciudad representada transmite simultáneamente protección y extrañeza. Los muros altos y las construcciones superpuestas crean una sensación de refugio, de espacio cerrado y apartado del exterior. Al mismo tiempo, la altura exagerada de las chimeneas, las aberturas negras y la intensidad del cielo introducen una dimensión misteriosa. El lugar parece acogedor durante el día, pero también capaz de transformarse en un escenario enigmático bajo la luz de la luna y del farol.
Puede percibirse asimismo un diálogo entre lo cotidiano y lo imaginario. Elementos reconocibles como las fachadas, las puertas, las terrazas, las plantas o el farol conviven con torres imposibles y nubes de formas fantásticas. Gracias a esta combinación, la obra no representa simplemente una calle concreta, sino una visión emocional de la arquitectura mediterránea. El paisaje urbano parece reconstruido a partir de recuerdos, sensaciones y sueños, conservando la esencia de un lugar sin someterse a su apariencia literal.
La perspectiva ascendente también puede interpretarse como una invitación a mirar más allá de lo inmediato. Desde la oscuridad y la estrechez de la parte inferior, la composición conduce hacia la claridad de las torres y la amplitud del cielo. Este recorrido visual sugiere elevación, imaginación y deseo de libertad. Las chimeneas parecen señalar el firmamento, mientras las aves y las nubes amplían el espacio y hacen que la ciudad se abra hacia un universo mucho mayor.
En conjunto, la obra representa una sorprendente ciudad de inspiración mediterránea formada por muros curvos, terrazas, fachadas luminosas y torres puntiagudas que ascienden bajo un intenso cielo azul. La vegetación que cae desde los balcones, la puerta verde y el farol ornamental aportan intimidad y calidez, mientras las chimeneas monumentales y las grandes nubes redondeadas transforman el paisaje en una visión onírica. La riqueza de azules, amarillos, violetas, verdes y ocres crea una atmósfera vibrante en la que arquitectura, naturaleza y cielo parecen fundirse, dando lugar a un rincón misterioso, poético y lleno de imaginación.
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