Nr. 107336212

Lluís Domingo Abelló (1917) - La calma del campo
Nr. 107336212

Lluís Domingo Abelló (1917) - La calma del campo
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Abelló, que representa un extenso paisaje de campos verdes y arbustos iluminados bajo un cielo oscuro y tormentoso, transmitiendo el contraste entre la vitalidad de la tierra y la fuerza cambiante de la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 46x55x1 cm.
· Óleo sobre papel firmado a mano por el artista en la parte izquierda de la obra, Domingo Abelló.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un extenso paisaje campestre dominado por una amplia variedad de verdes, amarillos y tonos terrosos. La composición se organiza mediante grandes franjas horizontales que conducen la mirada desde la vegetación del primer plano hasta una lejana línea de montañas. La escena no se centra en un elemento aislado, sino en la inmensidad del territorio y en la forma en que la luz, el cielo y la vegetación transforman la apariencia del campo.
En primer plano se despliega una abundante superficie vegetal formada por verdes claros, turquesas, amarillos pálidos y matices grisáceos. Esta zona transmite la sensación de un campo cubierto por hierbas altas y plantas silvestres que crecen de manera libre. Entre las áreas más luminosas aparecen pequeñas manchas oscuras, rojizas y marrones que sugieren tierra, piedras o vegetación seca, enriqueciendo visualmente el terreno y evitando una representación uniforme.
La franja inferior posee una gran intensidad cromática y funciona como la base de toda la composición. Los verdes adquieren aquí múltiples variaciones, desde tonos frescos y luminosos hasta matices profundos cercanos al azul. Algunas zonas parecen inclinarse y avanzar en diferentes direcciones, creando la impresión de que la hierba se mueve bajo el efecto del viento. Esta sensación de movimiento aporta vitalidad a una escena que, por su amplitud y ausencia de figuras humanas, conserva al mismo tiempo una profunda calma.
En la zona central aparece una franja de tierra más oscura que atraviesa horizontalmente el paisaje. Sus colores marrones, violetas, rojizos y azulados contrastan con los verdes que la rodean y podrían evocar un camino rural, una separación entre parcelas o una depresión natural del terreno. Esta línea actúa como un elemento estructural que divide la composición y conduce la mirada de un extremo al otro, reforzando la sensación de anchura.
Más allá de esta franja se extiende una segunda zona de campos, representada mediante verdes amarillentos, tonos lima, ocres y pequeños destellos dorados. La luz parece concentrarse especialmente en esta parte del paisaje, iluminando la vegetación y estableciendo un intenso contraste con el cielo oscuro del fondo. Las distintas tonalidades sugieren parcelas, prados y áreas de cultivo que se suceden hasta alcanzar el horizonte.
En el plano intermedio destacan varios arbustos o pequeños grupos de árboles distribuidos de manera irregular. Sus formas redondeadas y compactas se recortan sobre los campos claros, creando una sucesión de volúmenes oscuros que aporta profundidad. Los verdes azulados, marrones y violetas presentes en estas masas vegetales hacen que parezcan alejadas y parcialmente cubiertas por la sombra de las nubes.
La disposición de estos arbustos introduce un ritmo pausado dentro del paisaje. Algunos aparecen aislados, mientras que otros forman pequeños grupos, como si delimitaran los bordes de una parcela o siguieran el curso de un camino invisible. Sus siluetas, apenas definidas, no buscan describir cada rama o cada hoja, sino transmitir la presencia general de la vegetación y su integración natural en el territorio.
En la parte superior se levanta una línea de montañas o colinas representadas mediante azules profundos, verdes oscuros, grises y negros. Estas elevaciones forman un horizonte irregular y contundente que contrasta con la luminosidad de los campos. Su aspecto sombrío añade dramatismo a la escena y sugiere una gran distancia, como si el paisaje se extendiera hasta encontrarse con una sierra envuelta por nubes.
El cielo ocupa una franja importante de la composición y aparece cargado de formas densas y cambiantes. Los tonos azulados, grises, verdosos y oscuros se mezclan con áreas más claras, creando la sensación de una atmósfera inestable. Podría tratarse del momento anterior a una tormenta, cuando las nubes se acumulan sobre el horizonte mientras la luz todavía ilumina intensamente los campos. Este contraste entre claridad y oscuridad concede al paisaje una gran fuerza emocional.
La sucesión de planos horizontales proporciona profundidad sin depender de una perspectiva rígida. El primer término vegetal, la franja terrosa, los campos iluminados, los arbustos y las montañas se superponen como diferentes capas del territorio. Cada una posee su propio ritmo y color, pero todas permanecen conectadas, formando una visión unitaria del entorno natural.
En conjunto, la obra ofrece una interpretación intensa y poética del paisaje rural, en la que la vegetación luminosa se enfrenta a un cielo cargado y a unas montañas oscuras. Los verdes y amarillos transmiten fertilidad, vida y energía, mientras que los azules y grises del horizonte introducen misterio y dramatismo. El cuadro invita a contemplar la inmensidad del campo y ese instante cambiante en el que la luz parece resistirse a la llegada de la tormenta.
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