Josep Damián Torres (1921–2008) - La cosecha






Masterabschluss in Kultur- und Kunstinnovation, zehn Jahre Erfahrung mit italienischer Kunst des 20. und 21. Jahrhunderts.
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Ölgemälde von Josep Damián Torres (1921–2008) mit dem Titel La cosecha, Originalausgabe, 27 x 35 cm, handsigniert, in gutem Zustand, Herkunft Spanien, verkauft von Galería.
Vom Verkäufer bereitgestellte Beschreibung
Pictura Galeria präsentiert dieses magnífike Kunstwerk von Damián Torres, das ein weites goldenes Feld unter einem von einer alten Festung gekrönten Hügel darstellt und dabei die Gelassenheit der Natur mit der Erinnerung und der Größe der Geschichte verbindet. Das Gemälde zeichnet sich durch hervorragende Technik und hohe malerische Qualität aus, die es vermittelt.
· Dimensiones de la obra: 27x35x1 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un amplio paisaje rural en el que un campo dorado se extiende hasta los pies de una colina coronada por una imponente formación arquitectónica. La escena combina la calidez de la tierra cultivada con la profundidad de los verdes y la intensidad cambiante del cielo, construyendo una visión solemne y profundamente evocadora. Desde el primer instante, la mirada queda conducida desde las espigas del primer plano hasta la silueta monumental del horizonte, siguiendo un recorrido lleno de contrastes y matices.
El campo ocupa casi toda la mitad inferior de la composición y se convierte en una extensa superficie de tonos dorados, ocres, beige y marrones. La abundancia de pequeñas formas verticales sugiere un cultivo maduro, listo para la cosecha, movido suavemente por el aire. La riqueza cromática de esta zona transmite fertilidad y vincula la escena con los ciclos de la naturaleza, el trabajo agrícola y la plenitud del verano.
En la parte más cercana al espectador, la vegetación presenta una gran variedad de matices. Entre los tonos tostados aparecen pequeños destellos blancos, rosados, verdes y amarillos que rompen la uniformidad del campo y aportan vitalidad. Estas variaciones hacen que la superficie parezca avanzar hacia fuera del cuadro, permitiendo imaginar la textura de las plantas y el movimiento irregular de las espigas bajo el viento.
A medida que la mirada se desplaza hacia el centro, el campo se vuelve más luminoso y despejado. Esta franja clara funciona como una transición entre la vegetación del primer plano y la masa oscura de los árboles situados al pie de las colinas. El contraste entre ambos espacios crea profundidad y establece una separación natural entre la tierra cultivada y las elevaciones que dominan el fondo.
La línea de árboles y arbustos aparece construida con verdes profundos, azules oscuros y casi negros, formando una barrera vegetal densa y misteriosa. Algunas copas se individualizan mediante acentos verdes y amarillos, mientras otras se funden en una masa continua. Esta franja oscura intensifica la luminosidad del campo y proporciona una base firme sobre la que se elevan las montañas.
En el plano medio, las colinas muestran una extraordinaria variedad de verdes. Los tonos esmeralda, oliva, azulados y grisáceos se distribuyen siguiendo las ondulaciones del terreno y sugieren laderas cubiertas de vegetación, senderos y zonas rocosas. La luz parece recorrer las pendientes de manera irregular, dejando algunos espacios iluminados y otros sumidos en sombra, lo que aporta volumen y dramatismo al paisaje.
La composición alcanza su mayor intensidad en la parte superior de las colinas, donde se recorta una gran estructura de aspecto antiguo y fortificado. Sus volúmenes oscuros parecen integrarse con la roca, como si la arquitectura hubiera nacido de la propia montaña. Torres, muros y perfiles irregulares se suceden a lo largo de la cima, creando una silueta monumental que transmite historia, resistencia y misterio.
La construcción puede evocar una antigua fortaleza, un castillo o los restos de una población elevada sobre el territorio. Su posición dominante sugiere un lugar concebido para observar y proteger los campos circundantes. Aunque los detalles aparecen envueltos por la distancia, la fuerza de su perfil despierta la imaginación e invita a pensar en las generaciones que habitaron aquel enclave y contemplaron el mismo paisaje desde lo alto.
El cielo ocupa una amplia zona de la obra y participa activamente en su atmósfera. Los azules, grises, blancos y delicados matices violetas forman un espacio cambiante, atravesado por nubes que parecen desplazarse lentamente. La claridad de algunas zonas contrasta con otras más densas, creando la impresión de una jornada variable en la que la luz aparece y disappear sobre los campos.
Esta inestabilidad del cielo introduce una suave tensión en la escena. El paisaje no se encuentra bajo una iluminación uniforme, sino sometido a cambios que afectan a cada plano de manera diferente. El campo permanece cálido y luminoso, mientras las colinas y la arquitectura adquieren tonos más profundos. El contraste refuerza el carácter casi legendario de la fortificación y la convierte en una presencia silenciosa bajo las nubes.
La estructura de la composición se organiza mediante grandes franjas horizontales: el campo dorado, la vegetación oscura, las colinas verdes, la construcción de la cima y el cielo. Esta disposición proporciona equilibrio y permite percibir claramente la profundidad. Al mismo tiempo, las formas verticales de las espigas y los perfiles elevados de la fortaleza introducen un ritmo que anima la escena y evita cualquier sensación de quietud excesiva.
La ausencia de figuras humanas concede al paisaje una atmósfera de soledad y contemplación. Sin embargo, la presencia del cultivo y de la arquitectura revela la huella de quienes han trabajado y habitado el territorio. El campo habla del esfuerzo cotidiano y de la continuidad de la vida, mientras la fortaleza representa la memoria histórica. La obra reúne así dos temporalidades: el ciclo renovable de la naturaleza y la permanencia silenciosa del pasado.
El cuadro transmite una profunda conexión entre la tierra y la historia. La construcción no aparece separada de su entorno, sino integrada en las colinas y vinculada visualmente a los campos que se extienden a sus pies. Esta relación transforma el paisaje en algo más que una vista natural: lo convierte en un territorio cargado de recuerdos, identidad y relatos que parecen conservarse entre las piedras y la vegetación.
En conjunto, la obra ofrece una visión majestuosa y evocadora de un campo dorado que conduce hasta una colina coronada por una antigua fortaleza. La calidez de las espigas, la profundidad de las laderas verdes y el dramatismo del cielo crean una composición rica en contrastes y emoción. Es un paisaje que transmite serenidad, memoria y grandeza, capaz de aportar a cualquier estancia una poderosa sensación de amplitud, arraigo y belleza atemporal.
Pictura Galeria präsentiert dieses magnífike Kunstwerk von Damián Torres, das ein weites goldenes Feld unter einem von einer alten Festung gekrönten Hügel darstellt und dabei die Gelassenheit der Natur mit der Erinnerung und der Größe der Geschichte verbindet. Das Gemälde zeichnet sich durch hervorragende Technik und hohe malerische Qualität aus, die es vermittelt.
· Dimensiones de la obra: 27x35x1 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un amplio paisaje rural en el que un campo dorado se extiende hasta los pies de una colina coronada por una imponente formación arquitectónica. La escena combina la calidez de la tierra cultivada con la profundidad de los verdes y la intensidad cambiante del cielo, construyendo una visión solemne y profundamente evocadora. Desde el primer instante, la mirada queda conducida desde las espigas del primer plano hasta la silueta monumental del horizonte, siguiendo un recorrido lleno de contrastes y matices.
El campo ocupa casi toda la mitad inferior de la composición y se convierte en una extensa superficie de tonos dorados, ocres, beige y marrones. La abundancia de pequeñas formas verticales sugiere un cultivo maduro, listo para la cosecha, movido suavemente por el aire. La riqueza cromática de esta zona transmite fertilidad y vincula la escena con los ciclos de la naturaleza, el trabajo agrícola y la plenitud del verano.
En la parte más cercana al espectador, la vegetación presenta una gran variedad de matices. Entre los tonos tostados aparecen pequeños destellos blancos, rosados, verdes y amarillos que rompen la uniformidad del campo y aportan vitalidad. Estas variaciones hacen que la superficie parezca avanzar hacia fuera del cuadro, permitiendo imaginar la textura de las plantas y el movimiento irregular de las espigas bajo el viento.
A medida que la mirada se desplaza hacia el centro, el campo se vuelve más luminoso y despejado. Esta franja clara funciona como una transición entre la vegetación del primer plano y la masa oscura de los árboles situados al pie de las colinas. El contraste entre ambos espacios crea profundidad y establece una separación natural entre la tierra cultivada y las elevaciones que dominan el fondo.
La línea de árboles y arbustos aparece construida con verdes profundos, azules oscuros y casi negros, formando una barrera vegetal densa y misteriosa. Algunas copas se individualizan mediante acentos verdes y amarillos, mientras otras se funden en una masa continua. Esta franja oscura intensifica la luminosidad del campo y proporciona una base firme sobre la que se elevan las montañas.
En el plano medio, las colinas muestran una extraordinaria variedad de verdes. Los tonos esmeralda, oliva, azulados y grisáceos se distribuyen siguiendo las ondulaciones del terreno y sugieren laderas cubiertas de vegetación, senderos y zonas rocosas. La luz parece recorrer las pendientes de manera irregular, dejando algunos espacios iluminados y otros sumidos en sombra, lo que aporta volumen y dramatismo al paisaje.
La composición alcanza su mayor intensidad en la parte superior de las colinas, donde se recorta una gran estructura de aspecto antiguo y fortificado. Sus volúmenes oscuros parecen integrarse con la roca, como si la arquitectura hubiera nacido de la propia montaña. Torres, muros y perfiles irregulares se suceden a lo largo de la cima, creando una silueta monumental que transmite historia, resistencia y misterio.
La construcción puede evocar una antigua fortaleza, un castillo o los restos de una población elevada sobre el territorio. Su posición dominante sugiere un lugar concebido para observar y proteger los campos circundantes. Aunque los detalles aparecen envueltos por la distancia, la fuerza de su perfil despierta la imaginación e invita a pensar en las generaciones que habitaron aquel enclave y contemplaron el mismo paisaje desde lo alto.
El cielo ocupa una amplia zona de la obra y participa activamente en su atmósfera. Los azules, grises, blancos y delicados matices violetas forman un espacio cambiante, atravesado por nubes que parecen desplazarse lentamente. La claridad de algunas zonas contrasta con otras más densas, creando la impresión de una jornada variable en la que la luz aparece y disappear sobre los campos.
Esta inestabilidad del cielo introduce una suave tensión en la escena. El paisaje no se encuentra bajo una iluminación uniforme, sino sometido a cambios que afectan a cada plano de manera diferente. El campo permanece cálido y luminoso, mientras las colinas y la arquitectura adquieren tonos más profundos. El contraste refuerza el carácter casi legendario de la fortificación y la convierte en una presencia silenciosa bajo las nubes.
La estructura de la composición se organiza mediante grandes franjas horizontales: el campo dorado, la vegetación oscura, las colinas verdes, la construcción de la cima y el cielo. Esta disposición proporciona equilibrio y permite percibir claramente la profundidad. Al mismo tiempo, las formas verticales de las espigas y los perfiles elevados de la fortaleza introducen un ritmo que anima la escena y evita cualquier sensación de quietud excesiva.
La ausencia de figuras humanas concede al paisaje una atmósfera de soledad y contemplación. Sin embargo, la presencia del cultivo y de la arquitectura revela la huella de quienes han trabajado y habitado el territorio. El campo habla del esfuerzo cotidiano y de la continuidad de la vida, mientras la fortaleza representa la memoria histórica. La obra reúne así dos temporalidades: el ciclo renovable de la naturaleza y la permanencia silenciosa del pasado.
El cuadro transmite una profunda conexión entre la tierra y la historia. La construcción no aparece separada de su entorno, sino integrada en las colinas y vinculada visualmente a los campos que se extienden a sus pies. Esta relación transforma el paisaje en algo más que una vista natural: lo convierte en un territorio cargado de recuerdos, identidad y relatos que parecen conservarse entre las piedras y la vegetación.
En conjunto, la obra ofrece una visión majestuosa y evocadora de un campo dorado que conduce hasta una colina coronada por una antigua fortaleza. La calidez de las espigas, la profundidad de las laderas verdes y el dramatismo del cielo crean una composición rica en contrastes y emoción. Es un paisaje que transmite serenidad, memoria y grandeza, capaz de aportar a cualquier estancia una poderosa sensación de amplitud, arraigo y belleza atemporal.
