Nr. 98822326

Teller - Keramik
Nr. 98822326

Teller - Keramik
Raro Plato de cerámica de Ribesalbes de Pp. Del siglo XIX firmado por el ceramista R C.
Diámetro 32 cms en perfecto estado
Procedente de colección particular
Se adjunta foto de un plato similar en una subasta
La producción de Ribesalbes copia a la de Alcora y es posible que incluso marcando sus piezas con la "A" de Alcora,.Con el tiempo la producción de Ribesalbes se afianzó y produjo piezas que combinaban el estilo de Alcora y la espontaneidad de Manises, como en este ejemplar, de factura más próxima a la producción manisera.
Ribesalbes tiene algunas características propias, como la forma de tratar algunos elementos.Esta pieza debe fecharse en la primera mitad del siglo XIX.
La loza ribesalbense, tal y como señala se define por la espectacularidad de su policromía, que resulta brillante y efectista. Una paleta con colores preparados a partir de óxidos y fundentes extraídos de minerales que en Ribesalbes, igual que sucedía en el caso de las manufacturas de Onda, es de suponer que debían importar de las minas de poblaciones cercanas, como el cobalto de Chóvar.
En la primera época, a finales del siglo XVIII, se puede ver en sus obras una decoración con tonos “amarillentos” y con dibujos de “castillos” (que se denomina estilo Álvaro). También es muy común hacer motivos chinescos. Asimismo, en todas la piezas de la cerámica de Ribesalbes poddemos encontrar sus dibujos característicos, como son el tordo (similar al pardalot de Manises) y los insectos.
Los colores se aplicaban a pincel, con una pincelada rápida, ligera y suelta. Una pincelada libre y espontánea, realizada por una mano hábil, que junto a la genuina reinterpretación de los motivos decorativos que realizaron las manufacturas ribesalbenses, proporciona gran frescura e ingenuidad a la cerámica de Ribesalbes.
Muy característico en estas piezas es también la aplicación del color con la esponjilla; combinándose en muchas decoraciones los
motivos realizados a pincel, con otros esponjados. Normalmente, se reserva esta técnica para las frondas de los árboles de tronco bifurcado, que se decoran en ocre, azul o manganeso, habitualmente. Árboles que, en ocasiones, incluso llegan a presentar copas de dos o tres pisos.
La paleta cromática se centra en el azul, verde, amarillo, ocre y manganeso aplicado sobre el esmalte blanco estannífero; utilizándose también, puntualmente, el rojo en pequeños detalles, como los ojos de los toros. El manganeso, prácticamente omnipresente en las piezas
ribesalbenses se utiliza ampliamente no sólo para dar color a diferentes motivos decorativos, sino también para perfilar los contornos de muchos de ellos; hasta el punto de escasear las piezas en las que no aparece este característico color violáceo. Así se puede encontrar el manganeso dando color a los cuerpos de toros, los cascos de los navíos, los higos de los “plat de figues”, las corolas de las flores, las cestas de mimbre, las frondas esponjadas de los árboles y en listeles concéntricos. Pero también conformando los fondos jaspeados de platos y mancerinas, perfilando muchos elementos decorativos como los rasgos humanos en los rostros de los soles radiantes, las hojas, palmeras, cipreses y flores, los motivos arquitectónicos; y también configurando, con ágiles pinceladas, los horizontes abstractos de tierra y de agua.
Marcas de fabricación e inscripciones de la cerámica de Ribesalbes
Habituales en la época fueron las inscripciones presentes en los anversos de las piezas realizadas por encargo, en manufacturas de loza como la del Conde de Aranda, alusivas a obsequios, agrupaciones religiosas, anagramas religiosos. Ribesalbes era una cerámica popular y asequible, enfocada a un público de menor poder adquisitivo. Circunstancia que explicaría la ausencia de inscripciones de este tipo, en los anversos de estas piezas ribesalbenses.
En los reversos de las piezas, las marcas que solían aparecer eran identificativas de sus artífices o bien de sus centros productores (marcas de fábrica). De hecho, la competencia de “les fabriquetes” movió al Conde de Aranda a proteger su producción con una “A” en el reverso como marca propia; y a presionar a los propietarios de estas pequeñas fábricas para que identificasen sus piezas con una letra, marca o señal propia y característica de origen. Sin embargo, el Conde no obtuvo el éxito deseado, tras muchas luchas y pleitos. Pues sus competidores, que no estaban nada interesados en diferenciar su producción de la del Conde, no sólo no identificaron sus producciones, sino que incluso llegaron a imitar y copiar la propia “A”, marca privativa de la producción de la Real.
En Ribesalbes, en general, no se marcaba la loza, mientras que sí se hacía en Manises, por lo que la presencia de marcas puede ser identificación y diferenciación entre las producciones ribesalbenses y maniseras del siglo XIX.
BIBLIOGRAFÍA:
ESTEVE GÁLVEZ, Francesc: "Ceràmica d´Onda". Diputació de Castelló. 1993.
Tesis Doctoral Victoria L. Marcelo Marco 2015: LA CERÁMICA DE RIBESALBES (CASTELLÓN) DE FINALES DEL SIGLO XVIII A MEDIADOS DEL SIGLO XIX. FÁBRICAS DE LOZA, SAGAS CERÁMICAS Y ANÁLISIS HISTÓRICO-ARTÍSTICO. Universidad Politécnica de Valencia.
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